Capital anfibia: mil millones bien guardaditos mientras el agua nos llega al cuello
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Hay ciudades que presumen canales por romanticismo. La nuestra los improvisa cada tarde, gratis y sin góndola, cortesía del cielo y de una administración que descubrió el secreto financiero definitivo: para no gastar mal el dinero, mejor no gastarlo. Al cierre del primer semestre, las dieciséis alcaldías reportaron un avance conmovedor en el Fondo de Repavimentación: cero. Mil millones de pesos etiquetados para tapar baches, intactos, vírgenes, como quien guarda el vestido bueno para una ocasión que nunca llega.
Y la ocasión llegó. Anoche una tromba volvió a azotar Topilejo, bajó por las calles empinadas como tobogán acuático, obligó a cerrar los Viveros de Coyoacán y dejó decenas de árboles caídos y encharcamientos severos que ya merecen nombre propio, acta de nacimiento y credencial de elector. El presupuesto, eso sí, sequito. Impecable. Nadie podrá acusar a nadie de haberlo tocado.
Mientras la capital flota, el resto del país ofrece su propio catálogo de maravillas. Tomemos la megafarmacia, aquella bodega faraónica que en su inauguración prometía acabar con el desabasto de una vez y para siempre. Hoy sus andenes de carga lucen ese vacío existencial de estadio en lunes, con menos flujo de trabajadores que un banco a la hora de la comida. Ya no es ni bodega: es una instalación de arte conceptual sobre la nada, un pabellón de techo altísimo perfecto para escuchar el eco de nuestras recetas sin surtir.
En el terreno de la épica cotidiana, Coacalco nos regaló a la ya inmortal 'Lady Paquete', señora que confundió a un repartidor de aplicación con el mensajero de su encomienda y, ante el malentendido, aplicó la diplomacia del arrebato: le quitó el celular de trabajo y se atrincheró en su casa como si defendiera el Castillo de Chapultepec. Hizo falta despliegue policiaco para devolver un teléfono. La hija explicó después que su mamá 'tuvo un arranque'. Todos tenemos arranques, señora; la diferencia es que el nuestro no suele requerir patrulla municipal ni corona nobiliaria en las redes.
La política tampoco escatimó generosidad humorística. Dos diputadas de Morena fueron suspendidas de sus derechos partidistas por unos comentarios sobre hombres —perdón, adultos— mayores vertidos en un podcast llamado, con exquisita ironía involuntaria, 'Descasadas'. El partido abrió procedimiento sancionador; ellas ofrecieron disculpas. Lección aprendida: el micrófono abierto es el bache moral que ninguna administración ha logrado repavimentar.
En el Metro, una mujer tuvo que perseguir por el andén al hombre que presuntamente la acosó, gritando por ayuda hasta que un policía lo detuvo; el señalado sería, según la prensa, agente de una fiscalía. Que la víctima se convierta en su propia patrulla mientras el presunto responsable pide disculpas 'en repetidas ocasiones' resume, con crueldad de guion, quién trabaja y quién improvisa en esta ciudad.
Y para cerrar el ciclo escolar del absurdo, el eterno culebrón del examen de admisión: amparos desechados, pruebas suspendidas y aspirantes que peregrinan diez días a la capital para acabar reasignados a Tijuana, con una cuenta de hasta trece mil pesos por un trámite que debería costar, cuando mucho, un ataque de nervios. Dicen los especialistas que la ansiedad de regreso a clases ya no es solo de los niños. Con estos precios y estas sedes, tampoco es para menos.
Ah, y si andaba buscando dónde invertir sus ahorros de repavimentación personal, absténgase: la Fiscalía capitalina desmanteló un presunto esquema piramidal que habría dejado más de cuatrocientas víctimas y setecientos millones de pesos en promesas de rendimientos altísimos. Rendimientos que, igual que el Fondo de Repavimentación, jamás llegaron a la calle.
Así las cosas en el Destiempo: la ciudad se inunda con el dinero ahorrado, la megafarmacia cura con vacío y el único trámite que avanza rápido es el de la resignación. Lleve paraguas, efectivo del bueno y, por si acaso, no reciba paquetes que no pidió.
Y la ocasión llegó. Anoche una tromba volvió a azotar Topilejo, bajó por las calles empinadas como tobogán acuático, obligó a cerrar los Viveros de Coyoacán y dejó decenas de árboles caídos y encharcamientos severos que ya merecen nombre propio, acta de nacimiento y credencial de elector. El presupuesto, eso sí, sequito. Impecable. Nadie podrá acusar a nadie de haberlo tocado.
Mientras la capital flota, el resto del país ofrece su propio catálogo de maravillas. Tomemos la megafarmacia, aquella bodega faraónica que en su inauguración prometía acabar con el desabasto de una vez y para siempre. Hoy sus andenes de carga lucen ese vacío existencial de estadio en lunes, con menos flujo de trabajadores que un banco a la hora de la comida. Ya no es ni bodega: es una instalación de arte conceptual sobre la nada, un pabellón de techo altísimo perfecto para escuchar el eco de nuestras recetas sin surtir.
En el terreno de la épica cotidiana, Coacalco nos regaló a la ya inmortal 'Lady Paquete', señora que confundió a un repartidor de aplicación con el mensajero de su encomienda y, ante el malentendido, aplicó la diplomacia del arrebato: le quitó el celular de trabajo y se atrincheró en su casa como si defendiera el Castillo de Chapultepec. Hizo falta despliegue policiaco para devolver un teléfono. La hija explicó después que su mamá 'tuvo un arranque'. Todos tenemos arranques, señora; la diferencia es que el nuestro no suele requerir patrulla municipal ni corona nobiliaria en las redes.
La política tampoco escatimó generosidad humorística. Dos diputadas de Morena fueron suspendidas de sus derechos partidistas por unos comentarios sobre hombres —perdón, adultos— mayores vertidos en un podcast llamado, con exquisita ironía involuntaria, 'Descasadas'. El partido abrió procedimiento sancionador; ellas ofrecieron disculpas. Lección aprendida: el micrófono abierto es el bache moral que ninguna administración ha logrado repavimentar.
En el Metro, una mujer tuvo que perseguir por el andén al hombre que presuntamente la acosó, gritando por ayuda hasta que un policía lo detuvo; el señalado sería, según la prensa, agente de una fiscalía. Que la víctima se convierta en su propia patrulla mientras el presunto responsable pide disculpas 'en repetidas ocasiones' resume, con crueldad de guion, quién trabaja y quién improvisa en esta ciudad.
Y para cerrar el ciclo escolar del absurdo, el eterno culebrón del examen de admisión: amparos desechados, pruebas suspendidas y aspirantes que peregrinan diez días a la capital para acabar reasignados a Tijuana, con una cuenta de hasta trece mil pesos por un trámite que debería costar, cuando mucho, un ataque de nervios. Dicen los especialistas que la ansiedad de regreso a clases ya no es solo de los niños. Con estos precios y estas sedes, tampoco es para menos.
Ah, y si andaba buscando dónde invertir sus ahorros de repavimentación personal, absténgase: la Fiscalía capitalina desmanteló un presunto esquema piramidal que habría dejado más de cuatrocientas víctimas y setecientos millones de pesos en promesas de rendimientos altísimos. Rendimientos que, igual que el Fondo de Repavimentación, jamás llegaron a la calle.
Así las cosas en el Destiempo: la ciudad se inunda con el dinero ahorrado, la megafarmacia cura con vacío y el único trámite que avanza rápido es el de la resignación. Lleve paraguas, efectivo del bueno y, por si acaso, no reciba paquetes que no pidió.