Sorprende la lluvia, secuestra el elevador y triunfa el alcalde: agosto en la Sultana del Norte
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En Nuevo León, agosto llegó con su ritual más sagrado: fingir asombro. "Sorprende lluvia en Monterrey", proclamaron los diarios, como si el cielo hubiera cometido un atentado meteorológico y no, digamos, lo que hace puntualmente cada verano desde que existe el verano. La metrópoli que presume aeropuerto, Metro nuevo y hasta puentes en construcción sigue rindiéndose ante tres gotas de agua: cayeron ramas, murieron semáforos y los encharcamientos hicieron su gloriosa aparición estelar en el Primer Cuadro. Reportan ráfagas de hasta 55 kilómetros por hora y un centro histórico convertido en pista de obstáculos. La naturaleza, estimados, no lee los boletines de Protección Civil, que ese mismo día pronosticaba apenas un 30 por ciento de chubascos. El 70 por ciento restante se lo llevó el viento.
El aguacero, además, se cobró rehenes. En una plaza comercial de Guadalupe, una falla eléctrica dejó a una familia de ocho personas atrapada en un elevador. Ocho. En una sola cabina. Uno imagina la escena: el tío que jura que sabe de electricidad, la abuela rezando, el niño preguntando si ya llegaron, y el elevador respondiendo con el mismo silencio que las tapas de registro que faltan por toda la ciudad. Si el clima secuestra familias enteras en centros comerciales, quizá el problema no era el clima.
Mientras tanto, el transporte urbano montó su propio espectáculo de acción. Dos camiones de rutas distintas chocaron en Juárez y dejaron 16 pasajeros golpeados, siete de ellos menores. En otro punto, una ruta y un camión de basura protagonizaron su romance a alta velocidad con seis heridos más. Y para el gran final, un tráiler cargado con 24 toneladas de papel kraft perdió el control, se desbarrancó entre dos puentes del Periférico y aterrizó sobre la carretera a Colombia impactando a tres vehículos. Veinticuatro toneladas de papel volando por los aires: nunca la burocracia regia estuvo tan cerca de convertirse en poesía visual.
Del otro lado del mostrador, el gobierno hacía lo suyo: supervisar. El gobernador recorrió los puentes La Virgen y Nuevo, que presumen un avance del 87 por ciento y "su última etapa", esa fase mítica que en las obras públicas puede durar entre dos meses y una reencarnación. Nada tranquiliza más a un regio atorado en el tráfico que un funcionario de casco posando junto a una obra que casi, casi, está lista. El 87 por ciento es el nuevo "ya mero".
Pero el verdadero acontecimiento internacional ocurrió lejos de aquí: el alcalde de García fue coronado "Alcalde del Año" en una cumbre de networking en Nueva York. Sí, Nueva York, la ciudad, el jazz, los rascacielos, y un edil neolonés recibiendo la "máxima distinción" de un comité que se dedica, entre otras cosas, a repartir distinciones. Uno se pregunta si en García lo sabían, o si se enteraron por el mismo boletín que anunció el premio. Que un municipio que aún pelea con el agua y las plazas descuidadas exporte al Alcalde del Año es el tipo de contradicción que solo Nuevo León produce en serie.
En el plano político local, la diputada Lorena de la Garza anda "fortaleciendo redes ciudadanas" rumbo a la alianza PRI-PAN, ese matrimonio por conveniencia que se jura amor eterno cada seis años y se divorcia puntualmente al siguiente. "Escuchar a la ciudadanía", dijo. La ciudadanía, atrapada en un elevador, no pudo responder.
Y para cerrar el álbum, el lenguaje oficial nos regaló su joya más pulida: los "generadores de violencia". Cayeron dos hombres y una mujer, luego una señora de 42 años con marihuana, cristal y cocaína, más operativos contra el narcomenudeo en bares y colonias enteras. Nótese la elegancia del eufemismo: ya nadie "delinque", ahora uno simplemente "genera violencia", como quien genera energía renovable o contenido para redes. Falta que les den un recibo de CFE.
Así cerró la semana en la tierra del cabrito y el orgullo: llovió como llueve siempre, la ciudad se sorprendió como se sorprende siempre, los camiones chocaron, los puentes siguieron al 87 por ciento y un alcalde regresó de Nueva York con trofeo. Que nadie diga que aquí no pasa nada. Aquí pasa todo, cada agosto, exactamente igual.
El aguacero, además, se cobró rehenes. En una plaza comercial de Guadalupe, una falla eléctrica dejó a una familia de ocho personas atrapada en un elevador. Ocho. En una sola cabina. Uno imagina la escena: el tío que jura que sabe de electricidad, la abuela rezando, el niño preguntando si ya llegaron, y el elevador respondiendo con el mismo silencio que las tapas de registro que faltan por toda la ciudad. Si el clima secuestra familias enteras en centros comerciales, quizá el problema no era el clima.
Mientras tanto, el transporte urbano montó su propio espectáculo de acción. Dos camiones de rutas distintas chocaron en Juárez y dejaron 16 pasajeros golpeados, siete de ellos menores. En otro punto, una ruta y un camión de basura protagonizaron su romance a alta velocidad con seis heridos más. Y para el gran final, un tráiler cargado con 24 toneladas de papel kraft perdió el control, se desbarrancó entre dos puentes del Periférico y aterrizó sobre la carretera a Colombia impactando a tres vehículos. Veinticuatro toneladas de papel volando por los aires: nunca la burocracia regia estuvo tan cerca de convertirse en poesía visual.
Del otro lado del mostrador, el gobierno hacía lo suyo: supervisar. El gobernador recorrió los puentes La Virgen y Nuevo, que presumen un avance del 87 por ciento y "su última etapa", esa fase mítica que en las obras públicas puede durar entre dos meses y una reencarnación. Nada tranquiliza más a un regio atorado en el tráfico que un funcionario de casco posando junto a una obra que casi, casi, está lista. El 87 por ciento es el nuevo "ya mero".
Pero el verdadero acontecimiento internacional ocurrió lejos de aquí: el alcalde de García fue coronado "Alcalde del Año" en una cumbre de networking en Nueva York. Sí, Nueva York, la ciudad, el jazz, los rascacielos, y un edil neolonés recibiendo la "máxima distinción" de un comité que se dedica, entre otras cosas, a repartir distinciones. Uno se pregunta si en García lo sabían, o si se enteraron por el mismo boletín que anunció el premio. Que un municipio que aún pelea con el agua y las plazas descuidadas exporte al Alcalde del Año es el tipo de contradicción que solo Nuevo León produce en serie.
En el plano político local, la diputada Lorena de la Garza anda "fortaleciendo redes ciudadanas" rumbo a la alianza PRI-PAN, ese matrimonio por conveniencia que se jura amor eterno cada seis años y se divorcia puntualmente al siguiente. "Escuchar a la ciudadanía", dijo. La ciudadanía, atrapada en un elevador, no pudo responder.
Y para cerrar el álbum, el lenguaje oficial nos regaló su joya más pulida: los "generadores de violencia". Cayeron dos hombres y una mujer, luego una señora de 42 años con marihuana, cristal y cocaína, más operativos contra el narcomenudeo en bares y colonias enteras. Nótese la elegancia del eufemismo: ya nadie "delinque", ahora uno simplemente "genera violencia", como quien genera energía renovable o contenido para redes. Falta que les den un recibo de CFE.
Así cerró la semana en la tierra del cabrito y el orgullo: llovió como llueve siempre, la ciudad se sorprendió como se sorprende siempre, los camiones chocaron, los puentes siguieron al 87 por ciento y un alcalde regresó de Nueva York con trofeo. Que nadie diga que aquí no pasa nada. Aquí pasa todo, cada agosto, exactamente igual.