Rutas, camiones de basura y tráileres voladores: el transporte regio en su mejor forma
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Si algo demostró el fin de semana en Nuevo León es que el asfalto local tiene vida propia y ganas de protagonismo. En Juárez, dos camiones urbanos de rutas distintas decidieron encontrarse de frente sobre la Carretera a Reynosa y dejaron a 16 pasajeros golpeados, siete de ellos menores. En Escobedo, para no quedarse atrás, una ruta y un camión recolector de basura protagonizaron su propio idilio a alta velocidad, con seis heridos más, incluidos dos menores. El transporte público, ese al que subimos rezando, cumplió su promesa de emociones fuertes sin costo adicional.
Pero la joya de la corona vial fue el tráiler que, cargado con 24 toneladas de papel kraft, perdió el control sobre un puente del Anillo Periférico, se desbarrancó por el desnivel entre dos puentes y aterrizó sobre la carretera a Colombia, impactando a otro tráiler y a dos automóviles. Siete personas valoradas, ninguna de gravedad —milagro puro— y veinticuatro toneladas de papel repartidas por el paisaje como confeti industrial. Si la física fuera columnista, aquí tendría material para un año.
Lo preocupante no es el accidente aislado, sino la coreografía: choques de rutas, camiones que se estrellan entre sí, tráileres que vuelan de un puente a otro. Cada uno con su cuota de menores lesionados, cada uno con su "perdió el control" en el parte oficial, ese verbo comodín que explica todo sin explicar nada. ¿Perdió el control el conductor, el mantenimiento, la supervisión, o los tres al mismo tiempo?
Mientras tanto, la ciudad presume nuevas líneas del Metro y puentes al 87 por ciento de avance, como si la modernidad se midiera en concreto y no en la cantidad de pasajeros que llegan enteros a su destino. Que ninguno de estos choques haya terminado en tragedia mayor es una noticia excelente y, a la vez, una advertencia que nadie querrá leer hasta el próximo volantazo. En el reino del carril, el peatón reza, el pasajero se aferra y el tráiler, de vez en cuando, aprende a volar.
Pero la joya de la corona vial fue el tráiler que, cargado con 24 toneladas de papel kraft, perdió el control sobre un puente del Anillo Periférico, se desbarrancó por el desnivel entre dos puentes y aterrizó sobre la carretera a Colombia, impactando a otro tráiler y a dos automóviles. Siete personas valoradas, ninguna de gravedad —milagro puro— y veinticuatro toneladas de papel repartidas por el paisaje como confeti industrial. Si la física fuera columnista, aquí tendría material para un año.
Lo preocupante no es el accidente aislado, sino la coreografía: choques de rutas, camiones que se estrellan entre sí, tráileres que vuelan de un puente a otro. Cada uno con su cuota de menores lesionados, cada uno con su "perdió el control" en el parte oficial, ese verbo comodín que explica todo sin explicar nada. ¿Perdió el control el conductor, el mantenimiento, la supervisión, o los tres al mismo tiempo?
Mientras tanto, la ciudad presume nuevas líneas del Metro y puentes al 87 por ciento de avance, como si la modernidad se midiera en concreto y no en la cantidad de pasajeros que llegan enteros a su destino. Que ninguno de estos choques haya terminado en tragedia mayor es una noticia excelente y, a la vez, una advertencia que nadie querrá leer hasta el próximo volantazo. En el reino del carril, el peatón reza, el pasajero se aferra y el tráiler, de vez en cuando, aprende a volar.