Oír con esperanza, pagar con certeza
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Hay campañas cuyo nombre es, sin querer, una confesión. “Oír con Esperanza” se llama la iniciativa con la que el gobierno municipal de Celaya entregó 50 auxiliares auditivos, dentro de un paquete de un millón de pesos en equipamiento para rehabilitación que incluyó hasta una nueva zona de terapia física. Bonito acto, fotos sonrientes, listón cortado. El problema es la letra chiquita: el propio director del Includis reconoció que ya van 18 casos de auxiliares auditivos pagados y no entregados, y que el tema fue canalizado a la Contraloría para que investigue.
Deténgase un segundo a saborear la escena. Por un lado, el municipio presume que reparte aparatos para que la gente vuelva a oír. Por el otro, hay 18 personas que pagaron por uno y siguen esperando, con la mano extendida y el oído atento al sonido de una promesa que no termina de materializarse. Es la única campaña en la historia donde el lema funciona literalmente: oyes la esperanza, pero no el aparato.
Uno entiende que la rehabilitación es noble y que entregar 50 auxiliares no es poca cosa. Pero en términos de relaciones públicas, anunciar la inversión y los 18 faltantes casi al mismo tiempo tiene el encanto de quien presume el pastel mientras a otros les cobró la rebanada y nunca se las dio. La esperanza, en el Bajío, sigue siendo gratis. El aparato, no tanto.
Que la Contraloría haga su trabajo y que los 18 casos se resuelvan será la verdadera prueba de oído fino de la administración. Mientras tanto, los afectados ya dominan el arte más guanajuatense de todos: escuchar promesas con una claridad envidiable y esperar, pacientes, a que la realidad les suba el volumen. Ojalá esta vez sí les llegue el sonido. Y el aparato.
Deténgase un segundo a saborear la escena. Por un lado, el municipio presume que reparte aparatos para que la gente vuelva a oír. Por el otro, hay 18 personas que pagaron por uno y siguen esperando, con la mano extendida y el oído atento al sonido de una promesa que no termina de materializarse. Es la única campaña en la historia donde el lema funciona literalmente: oyes la esperanza, pero no el aparato.
Uno entiende que la rehabilitación es noble y que entregar 50 auxiliares no es poca cosa. Pero en términos de relaciones públicas, anunciar la inversión y los 18 faltantes casi al mismo tiempo tiene el encanto de quien presume el pastel mientras a otros les cobró la rebanada y nunca se las dio. La esperanza, en el Bajío, sigue siendo gratis. El aparato, no tanto.
Que la Contraloría haga su trabajo y que los 18 casos se resuelvan será la verdadera prueba de oído fino de la administración. Mientras tanto, los afectados ya dominan el arte más guanajuatense de todos: escuchar promesas con una claridad envidiable y esperar, pacientes, a que la realidad les suba el volumen. Ojalá esta vez sí les llegue el sonido. Y el aparato.