La patria se reforesta con boletines y viaja en austeridad
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Domingo de milagro ecológico: medio gabinete se hincó a plantar un arbolito para la foto mientras el otro medio confirmaba, sin despeinarse, que en 2025 el país plantó apenas dos millones de árboles, 99.6% menos que en 2011. Es decir, la Jornada Nacional de Reforestación no es una campaña: es una disculpa. Seis millones de plantas en un solo domingo para tapar una década de gráfica en caída libre. Sembrar por culpa, que le dicen.
El acto tuvo de todo, hasta ejercicio cardiovascular obligatorio. Un bloqueo de campesinos dejó a la Presidenta sin paso vehicular a las faldas del Popocatépetl, así que caminó cerca de un kilómetro rumbo al evento. Nada como reforestar el país a pie mientras los ciudadanos que le cerraron el camino le recuerdan que la vida rural también tiene pendientes. En el trayecto, además, se propuso rebautizar el “Paso de Cortés” como “Paso de los Pueblos Indígenas”. Cambiar el letrero es gratis; la reforestación de verdad, según los propios números, sale carísima y por eso casi no se hace.
Mientras el gobierno abraza árboles, Morena abrazó una palabra que tenía guardada con naftalina: ética. El partido llamó a sus militantes a portarse con más probidad justo en la temporada en que varios de sus políticos redescubrieron Europa: uno en Madrid, otro en Barcelona, todos con la maleta de la austeridad, que pesa poco porque va vacía de coherencia. La consigna quedó clarísima: la austeridad es para el discurso y el verano europeo para quien pueda pagarlo. Predicar el ayuno y desayunar croissant es, técnicamente, un acto de fe.
En el frente de la libertad de expresión, la coreografía fue de antología. Por un lado, la oposición advierte que quieren controlar la conversación pública y anuncia una iniciativa para que la mañanera tenga verificación, rectificación y derecho de réplica. Por el otro, Morena responde que los albiazules “se ven patéticos queriendo censurar”. O sea: unos quieren regular el micrófono oficial y otros los acusan de querer callar; y en medio, la ciudadanía, tratando de averiguar quién exactamente quiere tapar la boca de quién. Spoiler: nadie levanta la mano.
Hablando de tapar cosas, la trilogía Pemex de la semana merece palomitas. Primero: la petrolera cumple quince años en quiebra técnica, con pasivos que superan los cuatro billones de pesos, casi el doble de sus activos. Segundo: el gobierno le retira 164 mil millones en subsidios, justo cuando más los necesitaba. Y tercero, la cereza: la FGR le dio carpetazo al hackeo de 2019 y se negó a dar detalles. Un patrimonio en números rojos, sin salvavidas y con el expediente del ciberataque archivado en la gaveta del “no pregunten”. Transparencia opaca, cortesía de la casa.
En la capital, el gobierno inauguró la séptima Utopía, esta vez con el nombre de Elena Poniatowska, por 242 millones de pesos: centro para personas con Parkinson, sala inmersiva de cambio climático y hasta jardín polinizador en otra alcaldía. Todo hermoso, todo fotografiable. El único detalle es que mientras se recuperan inmuebles abandonados con arquitectura de revista, las rentas subieron 9.6% frente a una inflación de 3.6%, empujadas —dicen los especialistas— por las mejoras del Mundial. Traducción: la ciudad se pone bella y, de pasada, impagable. Utopía adentro, distopía de recibo de renta afuera.
Y porque el amor también cotiza, el Consejo Ciudadano reportó que la estafa romance se volvió posgrado: ya no basta el “buenos días, mi reina”; ahora viene con love bombing, migración a WhatsApp y “inversiones” en criptomonedas. El 66% de las víctimas son mujeres y hubo quien entregó más de 800 mil pesos a su “pareja”. La moraleja capitalina de la semana: si tu match promete rendimientos garantizados en cripto antes que un café presencial, no es cupido, es un pitch. Bloquéalo con el mismo cariño con el que te escribió.
Cierre del boletín patrio: plantamos árboles para olvidar que talamos estadísticas, exigimos ética con visa vigente, defendemos la libertad de expresión acusándonos mutuamente de censura, sostenemos una petrolera en quiebra archivando sus misterios y construimos utopías con vista a rentas impagables. La buena noticia es que, si algo falla, siempre podemos cambiarle el nombre al letrero. Sale barato y luce muchísimo.
El acto tuvo de todo, hasta ejercicio cardiovascular obligatorio. Un bloqueo de campesinos dejó a la Presidenta sin paso vehicular a las faldas del Popocatépetl, así que caminó cerca de un kilómetro rumbo al evento. Nada como reforestar el país a pie mientras los ciudadanos que le cerraron el camino le recuerdan que la vida rural también tiene pendientes. En el trayecto, además, se propuso rebautizar el “Paso de Cortés” como “Paso de los Pueblos Indígenas”. Cambiar el letrero es gratis; la reforestación de verdad, según los propios números, sale carísima y por eso casi no se hace.
Mientras el gobierno abraza árboles, Morena abrazó una palabra que tenía guardada con naftalina: ética. El partido llamó a sus militantes a portarse con más probidad justo en la temporada en que varios de sus políticos redescubrieron Europa: uno en Madrid, otro en Barcelona, todos con la maleta de la austeridad, que pesa poco porque va vacía de coherencia. La consigna quedó clarísima: la austeridad es para el discurso y el verano europeo para quien pueda pagarlo. Predicar el ayuno y desayunar croissant es, técnicamente, un acto de fe.
En el frente de la libertad de expresión, la coreografía fue de antología. Por un lado, la oposición advierte que quieren controlar la conversación pública y anuncia una iniciativa para que la mañanera tenga verificación, rectificación y derecho de réplica. Por el otro, Morena responde que los albiazules “se ven patéticos queriendo censurar”. O sea: unos quieren regular el micrófono oficial y otros los acusan de querer callar; y en medio, la ciudadanía, tratando de averiguar quién exactamente quiere tapar la boca de quién. Spoiler: nadie levanta la mano.
Hablando de tapar cosas, la trilogía Pemex de la semana merece palomitas. Primero: la petrolera cumple quince años en quiebra técnica, con pasivos que superan los cuatro billones de pesos, casi el doble de sus activos. Segundo: el gobierno le retira 164 mil millones en subsidios, justo cuando más los necesitaba. Y tercero, la cereza: la FGR le dio carpetazo al hackeo de 2019 y se negó a dar detalles. Un patrimonio en números rojos, sin salvavidas y con el expediente del ciberataque archivado en la gaveta del “no pregunten”. Transparencia opaca, cortesía de la casa.
En la capital, el gobierno inauguró la séptima Utopía, esta vez con el nombre de Elena Poniatowska, por 242 millones de pesos: centro para personas con Parkinson, sala inmersiva de cambio climático y hasta jardín polinizador en otra alcaldía. Todo hermoso, todo fotografiable. El único detalle es que mientras se recuperan inmuebles abandonados con arquitectura de revista, las rentas subieron 9.6% frente a una inflación de 3.6%, empujadas —dicen los especialistas— por las mejoras del Mundial. Traducción: la ciudad se pone bella y, de pasada, impagable. Utopía adentro, distopía de recibo de renta afuera.
Y porque el amor también cotiza, el Consejo Ciudadano reportó que la estafa romance se volvió posgrado: ya no basta el “buenos días, mi reina”; ahora viene con love bombing, migración a WhatsApp y “inversiones” en criptomonedas. El 66% de las víctimas son mujeres y hubo quien entregó más de 800 mil pesos a su “pareja”. La moraleja capitalina de la semana: si tu match promete rendimientos garantizados en cripto antes que un café presencial, no es cupido, es un pitch. Bloquéalo con el mismo cariño con el que te escribió.
Cierre del boletín patrio: plantamos árboles para olvidar que talamos estadísticas, exigimos ética con visa vigente, defendemos la libertad de expresión acusándonos mutuamente de censura, sostenemos una petrolera en quiebra archivando sus misterios y construimos utopías con vista a rentas impagables. La buena noticia es que, si algo falla, siempre podemos cambiarle el nombre al letrero. Sale barato y luce muchísimo.