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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 11 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 10 de agosto de 2026

Reforestar a pie: el país que planta seis millones de excusas en un domingo

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Reforestar a pie: el país que planta seis millones de excusas en un domingo
Hay domingos que se resuelven con una carne asada y otros que exigen épica ambiental. Este fue de los segundos: la Presidenta encabezó la Jornada Nacional de Reforestación con la meta de sembrar más de seis millones de plantas de manera simultánea en las 31 entidades. Un despliegue digno de spot, con drones dispersando semillas y cientos de miles de manos en la tierra. El problema no es la foto; el problema es la letra chiquita.

Porque mientras se plantaba, el propio gobierno reconocía en sus cifras que en 2025 se sembraron apenas dos millones de árboles, un 99.6% menos que en 2011. O sea que llevamos una década reforestando en modo ahorro de energía y ahora, en un solo día, intentamos compensar con un maratón botánico. Es como no lavar los trastes en un mes y luego invitar visitas para lavarlos todos juntos frente a ellas: aplausos por el esfuerzo, dudas sobre la constancia.

El día también trajo cardio. Un bloqueo de campesinos impidió el paso vehicular rumbo a las faldas del Popocatépetl, así que la mandataria caminó cerca de un kilómetro para llegar al evento. Metáfora de regalo: para reforestar el campo hay que atravesar, literalmente, las inconformidades del campo. Y por si faltara simbolismo, se propuso cambiar el nombre del “Paso de Cortés” por “Paso de los Pueblos Indígenas”. Rebautizar el paraje es un gesto bonito y económico; reforestar de verdad, según la gráfica, cuesta y por eso escasea.

En la Ciudad de México la escena se replicó con 35 mil árboles en la Sierra de Santa Catarina. Nadie está en contra de plantar; al contrario. Solo pedimos que la próxima estadística no sea, otra vez, un tronco hueco. Que el arbolito de la foto de hoy siga vivo cuando ya nadie traiga cámara. Ese, y no el banderazo, sería el verdadero milagro dominical.