La patrulla que no era, en un país donde casi todo puede ser
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En Dolores Hidalgo aseguraron una patrulla con los colores de Irapuato y detuvieron a dos hombres. La Secretaría de Seguridad Ciudadana de Irapuato salió rápido a aclarar lo importante: esa unidad no es suya, no trae ningún elemento que la identifique como oficial y no está en su parque vehicular. Eso sí, deslizó un detalle que vale oro: por el diseño, podría tratarse de una unidad real fuera de servicio desde hace más de una década.
O sea que el problema no fue inventar una patrulla de la nada, sino reciclar un modelo tan viejo que el propio municipio ya ni se acordaba de él. Es casi un cumplido a la durabilidad del rotulado oficial: una década después, todavía convence lo suficiente como para que alguien lo use de disfraz. Hay carros que no aguantan la verificación y este aguantó diez años en el imaginario delictivo.
La aclaración municipal es comprensible y necesaria —nadie quiere cargar con lo que no hizo—, pero deja una postal incómoda. Cuando la autoridad tiene que salir a explicar, con lujo de detalle, que una patrulla no es de ellos porque ya estaría jubilada, uno entiende que la frontera entre lo oficial y lo apócrifo es más delgada de lo que nos gusta admitir. El ciudadano de a pie no trae catálogo de modelos vigentes; ve los colores, ve la torreta y obedece.
La buena noticia es que detuvieron a dos personas y decomisaron la unidad. La mala es la lección de fondo: en estos rumbos, la confianza se rotula y se despinta con la misma facilidad. Convendría que las corporaciones cuiden hasta sus vehículos retirados, no sea que la próxima patrulla falsa sea, otra vez, una verdadera que nadie dio de baja a tiempo.
O sea que el problema no fue inventar una patrulla de la nada, sino reciclar un modelo tan viejo que el propio municipio ya ni se acordaba de él. Es casi un cumplido a la durabilidad del rotulado oficial: una década después, todavía convence lo suficiente como para que alguien lo use de disfraz. Hay carros que no aguantan la verificación y este aguantó diez años en el imaginario delictivo.
La aclaración municipal es comprensible y necesaria —nadie quiere cargar con lo que no hizo—, pero deja una postal incómoda. Cuando la autoridad tiene que salir a explicar, con lujo de detalle, que una patrulla no es de ellos porque ya estaría jubilada, uno entiende que la frontera entre lo oficial y lo apócrifo es más delgada de lo que nos gusta admitir. El ciudadano de a pie no trae catálogo de modelos vigentes; ve los colores, ve la torreta y obedece.
La buena noticia es que detuvieron a dos personas y decomisaron la unidad. La mala es la lección de fondo: en estos rumbos, la confianza se rotula y se despinta con la misma facilidad. Convendría que las corporaciones cuiden hasta sus vehículos retirados, no sea que la próxima patrulla falsa sea, otra vez, una verdadera que nadie dio de baja a tiempo.