El Obelisco promete 80 mil coches felices; la lluvia promete lo de siempre
Tamaño de letra
La Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad, que encabeza María Elena Huerta, nos regaló la promesa de la semana: una reconfiguración vial en la zona del Obelisco que, en cuanto concluyan las obras del teleférico y el Morebús, agilizará la circulación de más de 80 mil vehículos al día. Quien venga por Madero poniente rumbo al Centro podrá seguir derecho sin meterse a la glorieta. Suena hermoso. Suena, sobre todo, a folleto.
El problema es el calendario. La promesa depende de que primero terminen el teleférico y el Morebús, dos obras que en Morelia avanzan con el mismo ritmo que una procesión de Semana Santa: se mueven, pero uno no sabe si llegará vivo al final del recorrido. Y mientras el futuro fluido se cocina en maqueta, el presente hace lo suyo. El mismo tipo de semana en que se anuncian estos milagros de ingeniería, cae la lluvia y Morelia vuelve a inundarse de problemas: baches, basura, árboles caídos y calles convertidas en ríos, un guion que la ciudad repite cada temporada con disciplina admirable.
Hay una jerarquía extraña en todo esto. Reconfigurar un crucero para 80 mil coches imaginarios es noticia; destapar las coladeras para que no se ahoguen los coches reales es 'mantenimiento', y el mantenimiento no corta listones ni sale en la foto. Por eso siempre habrá presupuesto para el gran anuncio y nunca para el detalle aburrido que evita que el vecino saque el agua de su sala con cubeta.
Ojalá nos equivoquemos y el Obelisco reconfigurado sea la maravilla prometida. Pero el michoacano promedio ya aprendió a leer estos boletines con traducción simultánea: donde dice 'agilizará la circulación de más de 80 mil vehículos al día', entiéndase 'cuando acaben las otras dos obras, si Dios quiere y no llueve'. Y en Morelia, spoiler, siempre llueve.
El problema es el calendario. La promesa depende de que primero terminen el teleférico y el Morebús, dos obras que en Morelia avanzan con el mismo ritmo que una procesión de Semana Santa: se mueven, pero uno no sabe si llegará vivo al final del recorrido. Y mientras el futuro fluido se cocina en maqueta, el presente hace lo suyo. El mismo tipo de semana en que se anuncian estos milagros de ingeniería, cae la lluvia y Morelia vuelve a inundarse de problemas: baches, basura, árboles caídos y calles convertidas en ríos, un guion que la ciudad repite cada temporada con disciplina admirable.
Hay una jerarquía extraña en todo esto. Reconfigurar un crucero para 80 mil coches imaginarios es noticia; destapar las coladeras para que no se ahoguen los coches reales es 'mantenimiento', y el mantenimiento no corta listones ni sale en la foto. Por eso siempre habrá presupuesto para el gran anuncio y nunca para el detalle aburrido que evita que el vecino saque el agua de su sala con cubeta.
Ojalá nos equivoquemos y el Obelisco reconfigurado sea la maravilla prometida. Pero el michoacano promedio ya aprendió a leer estos boletines con traducción simultánea: donde dice 'agilizará la circulación de más de 80 mil vehículos al día', entiéndase 'cuando acaben las otras dos obras, si Dios quiere y no llueve'. Y en Morelia, spoiler, siempre llueve.