El plan maestro contra los apagones: salir de la chamba por turnos
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Imagine usted la escena. Vecinos del corazón de Monterrey, esos que viven a tiro de piedra de la Macroplaza, llevan más de 48 horas a oscuras. Se les echó a perder el mandado, duermen con abanico de mano y ya le pusieron nombre a las cucarachas que salen a tomar el fresco. La versión oficial: fue el clima del sábado. Como si la red eléctrica de una de las capitales industriales del país fuera una carpa de kermés que se desarma con la primera racha de viento.
Y mientras eso pasa, el gran anuncio estratégico del Estado ante las cámaras empresariales no fue "vamos a comprar transformadores", ni "vamos a darle mantenimiento a la red antes de que se derrita el verano", que es justo lo que los industriales llevan semanas rogando de rodillas. No. El anuncio estelar fueron los horarios escalonados: que salgamos de trabajar en tandas para no saturar las vialidades en la hora pico. Brillante. El problema es que la ciudad se está quedando sin luz, y la solución propuesta es un itinerario para el tráfico.
Es la metáfora perfecta de la administración pública regia: atacar un síntoma cómodo mientras el problema caro se manda a la banca. Porque comprar transformadores cuesta, arreglar la red cuesta, y en cambio pedirle a la gente que ajuste su reloj es gratis y sale en la foto. Al ciudadano lo mandan a reorganizar su vida laboral; al foco fundido lo mandan a rezar.
Y por si faltara poesía, un camión repartidor se llevó enredado un poste de madera, dejó a otro sector sin energía y huyó de la escena como novio arrepentido. Sumémosle los árboles y cables que siguen tirados en la colonia Terminal desde el fin de semana, y el retrato queda completo: en Nuevo León la infraestructura no falla, nada más se toma sus merecidas vacaciones sin avisar. Nosotros, en agradecimiento, prometemos llegar a la oficina bien escalonaditos. En la oscuridad, pero puntuales.
Y mientras eso pasa, el gran anuncio estratégico del Estado ante las cámaras empresariales no fue "vamos a comprar transformadores", ni "vamos a darle mantenimiento a la red antes de que se derrita el verano", que es justo lo que los industriales llevan semanas rogando de rodillas. No. El anuncio estelar fueron los horarios escalonados: que salgamos de trabajar en tandas para no saturar las vialidades en la hora pico. Brillante. El problema es que la ciudad se está quedando sin luz, y la solución propuesta es un itinerario para el tráfico.
Es la metáfora perfecta de la administración pública regia: atacar un síntoma cómodo mientras el problema caro se manda a la banca. Porque comprar transformadores cuesta, arreglar la red cuesta, y en cambio pedirle a la gente que ajuste su reloj es gratis y sale en la foto. Al ciudadano lo mandan a reorganizar su vida laboral; al foco fundido lo mandan a rezar.
Y por si faltara poesía, un camión repartidor se llevó enredado un poste de madera, dejó a otro sector sin energía y huyó de la escena como novio arrepentido. Sumémosle los árboles y cables que siguen tirados en la colonia Terminal desde el fin de semana, y el retrato queda completo: en Nuevo León la infraestructura no falla, nada más se toma sus merecidas vacaciones sin avisar. Nosotros, en agradecimiento, prometemos llegar a la oficina bien escalonaditos. En la oscuridad, pero puntuales.