La estrategia federal contra el celular: leerles un cuento
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Nuevo León y el país descubrieron por fin al gran villano de la juventud: el teléfono. En el Congreso local ya se plantea abrir el debate para restringir los celulares en las escuelas, y la nueva Ley de Educación estatal contempla que solo se usen con permiso del maestro. Hasta ahí, discusión seria y legítima. El problema empieza cuando uno lee cómo piensa combatirlo la SEP a nivel federal.
El plan cumbre, ideado desde la Presidencia, es una estrategia nacional de… jornadas de lectura. La joya de la corona: que servidores públicos acudan a las escuelas a leerles libros en voz alta a los estudiantes. Es decir, la respuesta a un dispositivo que ofrece video, música, juegos y trescientos grupos de WhatsApp es un funcionario parado al frente leyendo un ejemplar del Fondo de Cultura Económica. En el papel suena tierno; en la realidad, es llevar una resortera a un duelo de drones.
Lo verdaderamente épico ocurrió en el Parque España, donde jóvenes de secundaria y preparatoria se organizaron para pedirle públicamente a los legisladores que NO les prohíban el celular. Que quede en el acta: la primera vez en la historia que a los adolescentes les urge defender una lectura, y resultó ser la de sus notificaciones. Uno los imagina redactando el discurso de protesta… en el chat del salón.
Nadie discute que el uso excesivo de pantallas trae broncas reales de atención, sueño y salud emocional; eso lo dicen hasta los expertos que la propia Secretaría de Educación va a escuchar en su foro con la universidad. El detalle es la desproporción entre el tamaño del problema y el tamaño de la solución. Se necesita infraestructura, acompañamiento, criterios claros. Y la propuesta que trasciende es una colección de libros y buena voluntad. Ojalá funcione. Aunque sospechamos que, apenas suene el timbre, el país entero va a volver a scrollear como si nada. Fin del cuento.
El plan cumbre, ideado desde la Presidencia, es una estrategia nacional de… jornadas de lectura. La joya de la corona: que servidores públicos acudan a las escuelas a leerles libros en voz alta a los estudiantes. Es decir, la respuesta a un dispositivo que ofrece video, música, juegos y trescientos grupos de WhatsApp es un funcionario parado al frente leyendo un ejemplar del Fondo de Cultura Económica. En el papel suena tierno; en la realidad, es llevar una resortera a un duelo de drones.
Lo verdaderamente épico ocurrió en el Parque España, donde jóvenes de secundaria y preparatoria se organizaron para pedirle públicamente a los legisladores que NO les prohíban el celular. Que quede en el acta: la primera vez en la historia que a los adolescentes les urge defender una lectura, y resultó ser la de sus notificaciones. Uno los imagina redactando el discurso de protesta… en el chat del salón.
Nadie discute que el uso excesivo de pantallas trae broncas reales de atención, sueño y salud emocional; eso lo dicen hasta los expertos que la propia Secretaría de Educación va a escuchar en su foro con la universidad. El detalle es la desproporción entre el tamaño del problema y el tamaño de la solución. Se necesita infraestructura, acompañamiento, criterios claros. Y la propuesta que trasciende es una colección de libros y buena voluntad. Ojalá funcione. Aunque sospechamos que, apenas suene el timbre, el país entero va a volver a scrollear como si nada. Fin del cuento.