El rodeo sin ambulancia: cuando el permiso también se cayó del caballo
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Hay eventos que se caen del caballo, y luego está este rodeo, que se cayó del caballo, del permiso y de la ambulancia al mismo tiempo. En la capital, un grupo de simpatizantes de un político juarense organizó una jornada de rodeo que, de acuerdo con la autoridad municipal, reunió a cientos de personas sin las autorizaciones correspondientes y sin las condiciones mínimas de seguridad para atender una emergencia. Durante una de las suertes, un jinete resultó lesionado. Traducción: hubo toro, hubo público, hubo lesionado, pero faltó el detalle menor de la ambulancia.
Lo mejor viene en las declaraciones. Los dueños de la arena aseguraron que rentaron el espacio sin saber que ahí se desarrollaría un acto de carácter proselitista. Es el equivalente a prestar la sala para un cumpleaños y descubrir a media fiesta que era un mitin con jaripeo. Uno entiende que un salón no revise credenciales ideológicas en la puerta, pero convengamos en que un rodeo con miles de asistentes no es precisamente una reunión discreta de café.
De fondo, el clásico duelo de titanes entre el alcalde de la capital y el presidente municipal con licencia de Ciudad Juárez, que volvió a escalar. Un bando denuncia persecución política y clausuras con dedicatoria; el otro jura, mano en el corazón y reglamento en la otra, que solo está aplicando la ley. Como siempre en estos pleitos, la verdad anda en algún lugar del camino vecinal, probablemente sin señalización.
Y por si el circo necesitaba más pistas, desde el entorno del político juarense pidieron formalmente 'parlamento abierto' para discutir la autonomía de la Fiscalía, advirtiendo el riesgo de un dictamen 'fast track'. O sea que exigen que no haya prisa en lo importante, justo cuando en lo suyo hubo tanta prisa que se saltaron hasta el permiso del evento.
Moraleja chihuahuense: en este estado ya no basta con saber montar. Hay que saber tramitar, contratar ambulancia y, de perdida, leer el contrato de renta. Porque el toro se aguanta ocho segundos, pero la multa de hasta 75 mil pesos —o la clausura— dura mucho más. Que se recupere el jinete; el evento, ese, ya quedó vinculado a proceso en el tribunal de la opinión pública.
Lo mejor viene en las declaraciones. Los dueños de la arena aseguraron que rentaron el espacio sin saber que ahí se desarrollaría un acto de carácter proselitista. Es el equivalente a prestar la sala para un cumpleaños y descubrir a media fiesta que era un mitin con jaripeo. Uno entiende que un salón no revise credenciales ideológicas en la puerta, pero convengamos en que un rodeo con miles de asistentes no es precisamente una reunión discreta de café.
De fondo, el clásico duelo de titanes entre el alcalde de la capital y el presidente municipal con licencia de Ciudad Juárez, que volvió a escalar. Un bando denuncia persecución política y clausuras con dedicatoria; el otro jura, mano en el corazón y reglamento en la otra, que solo está aplicando la ley. Como siempre en estos pleitos, la verdad anda en algún lugar del camino vecinal, probablemente sin señalización.
Y por si el circo necesitaba más pistas, desde el entorno del político juarense pidieron formalmente 'parlamento abierto' para discutir la autonomía de la Fiscalía, advirtiendo el riesgo de un dictamen 'fast track'. O sea que exigen que no haya prisa en lo importante, justo cuando en lo suyo hubo tanta prisa que se saltaron hasta el permiso del evento.
Moraleja chihuahuense: en este estado ya no basta con saber montar. Hay que saber tramitar, contratar ambulancia y, de perdida, leer el contrato de renta. Porque el toro se aguanta ocho segundos, pero la multa de hasta 75 mil pesos —o la clausura— dura mucho más. Que se recupere el jinete; el evento, ese, ya quedó vinculado a proceso en el tribunal de la opinión pública.