Michoacán entre gusanos, exámenes con trampa y alcaldes que descubrieron el agua tibia (tecnificada al 99.5%)
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Buen día, paisano, y bienvenido a otra jornada en la que Michoacán demuestra que la realidad no necesita guionista: le basta con levantarse temprano y ponerse creativa.
Empecemos por la UNAM, que esta semana arranca en León su examen presencial después de que la versión en línea se convirtiera en un festival de resultados "estadísticamente atípicos". Traducido del burocrático: alguien se puso demasiado listo con la inteligencia artificial. Qué ironía tan bonita que la máxima casa de estudios del país haya descubierto que confiar en internet para un examen sin vigilancia es como dejar la despensa abierta y sorprenderse de que faltó el jamón. Ahora 45 mil aspirantes tienen que peregrinar con lápiz del número 2, como en 1998, porque resulta que el papel y el ojo del profe siguen siendo la tecnología antitrampa más avanzada jamás inventada. Bienvenidos al futuro: es exactamente igual al pasado, pero con más filas.
Mientras tanto, en la frontera del absurdo sanitario, México ya le exige a Estados Unidos un certificado de que sus perros y aves vienen libres del gusano barrenador del ganado. Sí, leyó bien: ahora hasta el Firulais gringo necesita papeles para cruzar. Uno imagina al pastor alemán en la aduana, explicando que él es de buena familia y que jamás se juntaría con un barrenador. Es la primera vez que un chihuahueño tiene que probar que está más limpio que la mitad de los expedientes que se manejan por aquí. La medida es seria y hasta sensata; lo tragicómico es que a las mascotas ya les piden más requisitos de entrada que a ciertos contratos de obra pública.
Y hablando de obra pública, en Zacapu la alcaldesa Mónica Valdez anuncia "inversiones históricas" por más de 724 millones de pesos en salud y educación, presumiendo que "tocó puertas" hasta lograr proyectos que "durante años parecían difíciles de concretar". Emociona. También confunde un poquito, porque tocar puertas y conseguir presupuesto federal y estatal es, técnicamente, la descripción del trabajo por el que ya cobra. Es como si el mesero anunciara con orquesta que, tras años de esfuerzo, finalmente logró traerle la sopa que usted pidió. Enhorabuena por la sopa, de verdad; nada más no le llamemos milagro.
En el capítulo de logros redondos, la Conagua reporta que el Distrito de Riego Morelia-Queréndaro va al 99.5% de tecnificación. Ese 0.5% que falta es ya leyenda: existe en cada obra michoacana, ese medio punto porcentual eterno que nunca se cierra, que se hereda de administración en administración como reliquia familiar. Beneficia a 395 usuarios, cifra exacta, lo cual está muy bien, aunque uno sospecha que el aguacate ya calculó cuánta de esa agua le toca antes que la milpa.
Donde la creatividad criminal no descansa es en Morelia, donde la Unidad Antiextorsión frustró tres secuestros virtuales en un solo martes, salvando a las víctimas y evitando que los estafadores se llevaran cerca de 450 mil pesos por teléfono. El secuestro virtual: la única industria que teletrabaja desde antes de que estuviera de moda. Y para redondear el mapa del terror telefónico, en Morelia detectaron que muchas llamadas de extorsión salen de penales en Sonora y Tamaulipas, aunque la lada favorita sea la de Jalisco. O sea que el moreliano promedio recibe amenazas con roaming interestatal. Ni la CFE tiene esa cobertura.
En el terreno de lo etéreo, unos youtubers de "exploración urbana y terror" resucitaron la historia del albergue La Gran Familia en Zamora, recorriendo el inmueble con linterna y voz temblorosa. Porque nada dice "respeto a un caso doloroso" como monetizarlo con jump scares y anuncio de VPN a la mitad del video. El morbo también genera contenido, y el algoritmo no distingue entre una tragedia y un set de Halloween.
Cerramos con el debate nacional sobre los "derechos de las audiencias", esa elegante forma de discutir hasta dónde el gobierno quiere ayudarnos a decidir qué ver. Combatir la desinformación suena estupendo; el detalle es que la delgadísima línea entre "protegerte de mentiras" y "decirte qué canal prender" la han pisado todos los gobiernos de todos los colores desde que se inventó el poder. Uno agradece la preocupación por su salud mental televisiva, pero preferiría, humildemente, seguir eligiendo solito sus propios tumores informativos.
Y así, entre perros con pasaporte, exámenes a la antigüita, agua casi tecnificada y extorsiones con plan de larga distancia, Michoacán sigue de pie. Torcido, pero de pie. Nos leemos mañana, si el 0.5% lo permite.
Empecemos por la UNAM, que esta semana arranca en León su examen presencial después de que la versión en línea se convirtiera en un festival de resultados "estadísticamente atípicos". Traducido del burocrático: alguien se puso demasiado listo con la inteligencia artificial. Qué ironía tan bonita que la máxima casa de estudios del país haya descubierto que confiar en internet para un examen sin vigilancia es como dejar la despensa abierta y sorprenderse de que faltó el jamón. Ahora 45 mil aspirantes tienen que peregrinar con lápiz del número 2, como en 1998, porque resulta que el papel y el ojo del profe siguen siendo la tecnología antitrampa más avanzada jamás inventada. Bienvenidos al futuro: es exactamente igual al pasado, pero con más filas.
Mientras tanto, en la frontera del absurdo sanitario, México ya le exige a Estados Unidos un certificado de que sus perros y aves vienen libres del gusano barrenador del ganado. Sí, leyó bien: ahora hasta el Firulais gringo necesita papeles para cruzar. Uno imagina al pastor alemán en la aduana, explicando que él es de buena familia y que jamás se juntaría con un barrenador. Es la primera vez que un chihuahueño tiene que probar que está más limpio que la mitad de los expedientes que se manejan por aquí. La medida es seria y hasta sensata; lo tragicómico es que a las mascotas ya les piden más requisitos de entrada que a ciertos contratos de obra pública.
Y hablando de obra pública, en Zacapu la alcaldesa Mónica Valdez anuncia "inversiones históricas" por más de 724 millones de pesos en salud y educación, presumiendo que "tocó puertas" hasta lograr proyectos que "durante años parecían difíciles de concretar". Emociona. También confunde un poquito, porque tocar puertas y conseguir presupuesto federal y estatal es, técnicamente, la descripción del trabajo por el que ya cobra. Es como si el mesero anunciara con orquesta que, tras años de esfuerzo, finalmente logró traerle la sopa que usted pidió. Enhorabuena por la sopa, de verdad; nada más no le llamemos milagro.
En el capítulo de logros redondos, la Conagua reporta que el Distrito de Riego Morelia-Queréndaro va al 99.5% de tecnificación. Ese 0.5% que falta es ya leyenda: existe en cada obra michoacana, ese medio punto porcentual eterno que nunca se cierra, que se hereda de administración en administración como reliquia familiar. Beneficia a 395 usuarios, cifra exacta, lo cual está muy bien, aunque uno sospecha que el aguacate ya calculó cuánta de esa agua le toca antes que la milpa.
Donde la creatividad criminal no descansa es en Morelia, donde la Unidad Antiextorsión frustró tres secuestros virtuales en un solo martes, salvando a las víctimas y evitando que los estafadores se llevaran cerca de 450 mil pesos por teléfono. El secuestro virtual: la única industria que teletrabaja desde antes de que estuviera de moda. Y para redondear el mapa del terror telefónico, en Morelia detectaron que muchas llamadas de extorsión salen de penales en Sonora y Tamaulipas, aunque la lada favorita sea la de Jalisco. O sea que el moreliano promedio recibe amenazas con roaming interestatal. Ni la CFE tiene esa cobertura.
En el terreno de lo etéreo, unos youtubers de "exploración urbana y terror" resucitaron la historia del albergue La Gran Familia en Zamora, recorriendo el inmueble con linterna y voz temblorosa. Porque nada dice "respeto a un caso doloroso" como monetizarlo con jump scares y anuncio de VPN a la mitad del video. El morbo también genera contenido, y el algoritmo no distingue entre una tragedia y un set de Halloween.
Cerramos con el debate nacional sobre los "derechos de las audiencias", esa elegante forma de discutir hasta dónde el gobierno quiere ayudarnos a decidir qué ver. Combatir la desinformación suena estupendo; el detalle es que la delgadísima línea entre "protegerte de mentiras" y "decirte qué canal prender" la han pisado todos los gobiernos de todos los colores desde que se inventó el poder. Uno agradece la preocupación por su salud mental televisiva, pero preferiría, humildemente, seguir eligiendo solito sus propios tumores informativos.
Y así, entre perros con pasaporte, exámenes a la antigüita, agua casi tecnificada y extorsiones con plan de larga distancia, Michoacán sigue de pie. Torcido, pero de pie. Nos leemos mañana, si el 0.5% lo permite.