El crimen que teletrabaja: frustran tres secuestros virtuales en Morelia y las amenazas llegan con roaming interestatal
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Mientras usted busca chamba con horario decente y prestaciones, el crimen ya perfeccionó el trabajo remoto. La Unidad Antiextorsión, en coordinación con la Guardia Civil, frustró en un solo martes tres casos de secuestro virtual en Morelia, localizó a las víctimas sanas y salvas y evitó que los delincuentes se llevaran cerca de 450 mil pesos. Todo gracias a los reportes al 089 y a operativos de búsqueda desplegados en distintos puntos de la capital. Buen trabajo, sin ironías: cada familia que no pagó un rescate imaginario es una victoria real.
Ahora, el fenómeno merece su análisis antropológico. El secuestro virtual es esa modalidad en la que nadie se lleva a nadie: se llevan tu miedo. Una llamada, una voz que grita, un guion ensayado, y de pronto una familia entera está transfiriendo dinero para liberar a un pariente que estaba tranquilamente comiendo tacos sin enterarse de que lo habían raptado. Es el único delito que se comete íntegramente por teléfono, sin salir del sillón, sin gasolina, sin riesgo físico. Home office puro. Si tuvieran RFC, serían el sector más productivo del país.
Y por si el mapa del terror telefónico necesitaba más capas, en la misma Morelia se documentó que buena parte de las llamadas de extorsión que reciben los ciudadanos provienen de centros penitenciarios de Sonora y Tamaulipas, aunque la lada más frecuente que aparece en la pantalla sea la de Jalisco. Es decir: el moreliano promedio es amenazado a larga distancia, con cobertura interestatal, desde un penal, por alguien que teóricamente ya está detenido. Ni la mejor compañía telefónica presume semejante alcance. Uno paga fortunas por un plan con roaming nacional y resulta que el extorsionador lo tiene incluido, gratis, desde su celda.
La moraleja ciudadana es tan vieja como útil: cuelgue. La inmensa mayoría de estas llamadas se desinfla en cuanto uno verifica dónde anda el supuesto secuestrado. El pánico es la materia prima del negocio, y el negocio quiebra cuando uno respira, marca a la familia y descubre que el "desaparecido" está viendo la novela. Que la Guardia Civil frustre estos casos está muy bien; que aprendamos a no picar el anzuelo está aún mejor, porque no siempre alcanza el operativo para todos.
Así que anote el aprendizaje del día en Michoacán: el crimen ya descubrió el trabajo a distancia, factura desde un penal y tiene mejor cobertura que su compañía de celular. La buena noticia es que su arma más poderosa —el susto— se derrota con algo tan barato como colgar el teléfono y confirmar. Cuelgue, verifique, denuncie. Y que el roaming del miedo se quede sin señal.
Ahora, el fenómeno merece su análisis antropológico. El secuestro virtual es esa modalidad en la que nadie se lleva a nadie: se llevan tu miedo. Una llamada, una voz que grita, un guion ensayado, y de pronto una familia entera está transfiriendo dinero para liberar a un pariente que estaba tranquilamente comiendo tacos sin enterarse de que lo habían raptado. Es el único delito que se comete íntegramente por teléfono, sin salir del sillón, sin gasolina, sin riesgo físico. Home office puro. Si tuvieran RFC, serían el sector más productivo del país.
Y por si el mapa del terror telefónico necesitaba más capas, en la misma Morelia se documentó que buena parte de las llamadas de extorsión que reciben los ciudadanos provienen de centros penitenciarios de Sonora y Tamaulipas, aunque la lada más frecuente que aparece en la pantalla sea la de Jalisco. Es decir: el moreliano promedio es amenazado a larga distancia, con cobertura interestatal, desde un penal, por alguien que teóricamente ya está detenido. Ni la mejor compañía telefónica presume semejante alcance. Uno paga fortunas por un plan con roaming nacional y resulta que el extorsionador lo tiene incluido, gratis, desde su celda.
La moraleja ciudadana es tan vieja como útil: cuelgue. La inmensa mayoría de estas llamadas se desinfla en cuanto uno verifica dónde anda el supuesto secuestrado. El pánico es la materia prima del negocio, y el negocio quiebra cuando uno respira, marca a la familia y descubre que el "desaparecido" está viendo la novela. Que la Guardia Civil frustre estos casos está muy bien; que aprendamos a no picar el anzuelo está aún mejor, porque no siempre alcanza el operativo para todos.
Así que anote el aprendizaje del día en Michoacán: el crimen ya descubrió el trabajo a distancia, factura desde un penal y tiene mejor cobertura que su compañía de celular. La buena noticia es que su arma más poderosa —el susto— se derrota con algo tan barato como colgar el teléfono y confirmar. Cuelgue, verifique, denuncie. Y que el roaming del miedo se quede sin señal.