La ciudad que se demuele sola (y otras hazañas del progreso)
Tamaño de letra
Hay ciudades que se caen por un temblor. La nuestra tiene iniciativa propia: se demuele sola. En la Escandón, una empresa con nombre de disquera de blues —Raíces Houston— estaba tirando un edificio y el edificio, obediente, decidió tirarse él solito sobre el Viaducto, con árbol incluido, para no dejar nada a la imaginación. Un motociclista terminó policontundido y un coche abollado, pero tranquilos: las autoridades aclararon que el inmueble contaba con todas las autorizaciones. Faltaba el permiso más importante, el de quedarse parado. Se habló de un error en los protocolos, que es la manera fina de decir que alguien confundió demolición controlada con demolición entusiasta.
Del cielo cae agua y del suelo se levantan héroes. El titular del C5 —el señor que administra las miles de cámaras que todo lo ven— fue objeto de un intento de asalto en la colonia Juárez. Sus escoltas dispararon, lo defendieron y el susto quedó en video. Uno esperaría que al jefe del ojo que todo lo vigila nadie se le acercara; resulta que en esta ciudad ni el que tiene el monitor más grande está a salvo de que le pidan el celular. Ironía de guion: el incidente quedó grabado. Ojalá haya sido en una de sus cámaras.
Mientras tanto, bajo tierra, el Metro cumple su propia epopeya acuática. En trece meses acumuló el equivalente a diez días completos fuera de servicio por filtraciones y encharcamientos. Diez días. Uno puede irse de vacaciones, regresar bronceado y el Metro seguirá secándose. Y para que nadie diga que no invierten: el 63 por ciento del dinero para renovar trenes de la Línea 2 se fue en cambiar vidrios rotos. El sistema de ventilación, ese que uno agradecería en un vagón a 35 grados con axila ajena en la nariz, fue lo menos atendido. Prioridades: que se vea bonito por la ventana mientras te asfixias.
En el renglón de las grandes obras, la Megafarmacia —esa que iba a surtir todo y terminó surtiendo silencio— ya alcanzó los 17 mil 635 millones de pesos, 39 por ciento más de lo previsto. Analistas piden auditarla. Es la primera farmacia del mundo donde lo más caro no es la medicina, sino la bodega. Existencias: pocas. Facturas: abundantes.
No todo son malas noticias. El peso anda coqueto y amenaza con bajar de 17 por dólar, cortesía del carry trade y de que en el mundo, por un rato, nadie se estaba peleando. Disfrútenlo como se disfruta el sol antes del aguacero: sabiendo que dura lo que dura.
En La Merced, la jefa de Gobierno declaró la zona área prioritaria de seguridad contra la extorsión y prometió una Utopía. Los locatarios, que llevan décadas pagando su propia cuota de seguridad no oficial, reciben la noticia con la sonrisa cansada de quien ya escuchó el discurso en versiones anteriores. Ojalá esta vez la Utopía traiga, además de nombre griego, resultados.
Y para cerrar el capítulo de la cultura popular: durante los seis conciertos de Harry Styles hubo 78 detenidos, 73 por reventa. O sea que la policía capitalina hizo lo que ningún fan pudo: bajarle el precio al boleto. Setenta y tres revendedores fuera de circulación es, técnicamente, política antiinflacionaria.
En la grilla, Alito Moreno y Ariadna Montiel se agarraron a distancia: él dijo que la legitimidad no se importa ni se mendiga en el extranjero y ella respondió con el catálogo completo. Dos personas discutiendo sobre legitimidad como quien discute quién come más sano en una taquería a las tres de la mañana.
Y el SAT, generoso, ofrece borrar hasta el 100 por ciento de tus multas… con fecha de caducidad: 31 de octubre. Es la promoción del año. Corre, que la clemencia del fisco es como el sol de agosto: intensa, breve y seguida de tormenta.
Esta ciudad no necesita enemigos. Tiene edificios que se tumban solos, un Metro que nada, cámaras que vigilan a quien las administra mientras lo asaltan, y una farmacia carísima con la bodega en ayunas. Todo con sus permisos en regla. Faltó el permiso de que las cosas, alguna vez, funcionen.
Del cielo cae agua y del suelo se levantan héroes. El titular del C5 —el señor que administra las miles de cámaras que todo lo ven— fue objeto de un intento de asalto en la colonia Juárez. Sus escoltas dispararon, lo defendieron y el susto quedó en video. Uno esperaría que al jefe del ojo que todo lo vigila nadie se le acercara; resulta que en esta ciudad ni el que tiene el monitor más grande está a salvo de que le pidan el celular. Ironía de guion: el incidente quedó grabado. Ojalá haya sido en una de sus cámaras.
Mientras tanto, bajo tierra, el Metro cumple su propia epopeya acuática. En trece meses acumuló el equivalente a diez días completos fuera de servicio por filtraciones y encharcamientos. Diez días. Uno puede irse de vacaciones, regresar bronceado y el Metro seguirá secándose. Y para que nadie diga que no invierten: el 63 por ciento del dinero para renovar trenes de la Línea 2 se fue en cambiar vidrios rotos. El sistema de ventilación, ese que uno agradecería en un vagón a 35 grados con axila ajena en la nariz, fue lo menos atendido. Prioridades: que se vea bonito por la ventana mientras te asfixias.
En el renglón de las grandes obras, la Megafarmacia —esa que iba a surtir todo y terminó surtiendo silencio— ya alcanzó los 17 mil 635 millones de pesos, 39 por ciento más de lo previsto. Analistas piden auditarla. Es la primera farmacia del mundo donde lo más caro no es la medicina, sino la bodega. Existencias: pocas. Facturas: abundantes.
No todo son malas noticias. El peso anda coqueto y amenaza con bajar de 17 por dólar, cortesía del carry trade y de que en el mundo, por un rato, nadie se estaba peleando. Disfrútenlo como se disfruta el sol antes del aguacero: sabiendo que dura lo que dura.
En La Merced, la jefa de Gobierno declaró la zona área prioritaria de seguridad contra la extorsión y prometió una Utopía. Los locatarios, que llevan décadas pagando su propia cuota de seguridad no oficial, reciben la noticia con la sonrisa cansada de quien ya escuchó el discurso en versiones anteriores. Ojalá esta vez la Utopía traiga, además de nombre griego, resultados.
Y para cerrar el capítulo de la cultura popular: durante los seis conciertos de Harry Styles hubo 78 detenidos, 73 por reventa. O sea que la policía capitalina hizo lo que ningún fan pudo: bajarle el precio al boleto. Setenta y tres revendedores fuera de circulación es, técnicamente, política antiinflacionaria.
En la grilla, Alito Moreno y Ariadna Montiel se agarraron a distancia: él dijo que la legitimidad no se importa ni se mendiga en el extranjero y ella respondió con el catálogo completo. Dos personas discutiendo sobre legitimidad como quien discute quién come más sano en una taquería a las tres de la mañana.
Y el SAT, generoso, ofrece borrar hasta el 100 por ciento de tus multas… con fecha de caducidad: 31 de octubre. Es la promoción del año. Corre, que la clemencia del fisco es como el sol de agosto: intensa, breve y seguida de tormenta.
Esta ciudad no necesita enemigos. Tiene edificios que se tumban solos, un Metro que nada, cámaras que vigilan a quien las administra mientras lo asaltan, y una farmacia carísima con la bodega en ayunas. Todo con sus permisos en regla. Faltó el permiso de que las cosas, alguna vez, funcionen.