Un millón de árboles y el sol sigue pegando en la nuca
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Buenas noticias con asterisco: Nuevo León presumió haber superado el millón cien mil árboles plantados en un año a través de su programa Bosques Ciudadanos, una de las banderas ambientales de la administración. Es una cifra bonita, de esas que caben en un espectacular y en un tuit triunfal. El asterisco llegó casi al mismo tiempo, cuando se recordó que al estado todavía le falta 21% de áreas verdes y que la reforestación no está llegando a las zonas donde más calor hace.
Ahí está el chiste involuntario: sembramos un bosque, pero lo pusimos donde ya había sombra. Es la vieja costumbre de reforestar la foto antes que la ciudad. Un millón de árboles suena a hazaña; repartidos mal, suena a maceta gigante. Porque el árbol que de verdad importa no es el que sale en el conteo, sino el que le baja tres grados a la colonia donde el asfalto derrite las chanclas.
Para redondear el discurso verde, la División Ambiental presumió que solo en la primera semana de agosto recolectó 116 mil kilogramos de residuos reciclables. Excelente. Nadie discute el esfuerzo de las brigadas ni las buenas intenciones. Lo que se discute es el mapa: de qué sirve el número redondo si el árbol no llega al barrio caliente y el aire sigue tan espeso que uno lo mastica.
Reforestar es de las pocas obras públicas que se pagan solas a diez años vista: sombra, aire, agua que no se evapora. Pero requiere algo que a los programas les cuesta más que los arbolitos: constancia sin cámara y planeación con termómetro en mano, no con calculadora de likes. Que planten un millón más, en buena hora; pero que esta vez el árbol caiga donde el sol castiga y no donde ya hay jardín. Si no, seguiremos siendo el estado con más árboles en el informe y menos sombra en la banqueta.
Ahí está el chiste involuntario: sembramos un bosque, pero lo pusimos donde ya había sombra. Es la vieja costumbre de reforestar la foto antes que la ciudad. Un millón de árboles suena a hazaña; repartidos mal, suena a maceta gigante. Porque el árbol que de verdad importa no es el que sale en el conteo, sino el que le baja tres grados a la colonia donde el asfalto derrite las chanclas.
Para redondear el discurso verde, la División Ambiental presumió que solo en la primera semana de agosto recolectó 116 mil kilogramos de residuos reciclables. Excelente. Nadie discute el esfuerzo de las brigadas ni las buenas intenciones. Lo que se discute es el mapa: de qué sirve el número redondo si el árbol no llega al barrio caliente y el aire sigue tan espeso que uno lo mastica.
Reforestar es de las pocas obras públicas que se pagan solas a diez años vista: sombra, aire, agua que no se evapora. Pero requiere algo que a los programas les cuesta más que los arbolitos: constancia sin cámara y planeación con termómetro en mano, no con calculadora de likes. Que planten un millón más, en buena hora; pero que esta vez el árbol caiga donde el sol castiga y no donde ya hay jardín. Si no, seguiremos siendo el estado con más árboles en el informe y menos sombra en la banqueta.