Desplome controlado: el eufemismo que aterrizó (a la fuerza) en Tamazula
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El idioma español es generoso, pero la burocracia mexicana lo mejora. Esta semana nos regaló una joya para el diccionario: "desplome controlado". Así calificaron las autoridades el aterrizaje de emergencia de un helicóptero MI-17 de la Secretaría de Marina en La Garita, municipio de Tamazula de Gordiano, durante un operativo en el sur de Jalisco. Tres marinos resultaron lesionados sin gravedad, y el gobernador Pablo Lemus se apresuró a descartar que la aeronave hubiera sido derribada.
La aclaración es importante, porque en la escala de las malas noticias hay una diferencia enorme entre "se cayó" y "lo bajaron". Pero convengamos en que "desplome controlado" es una obra maestra de la ingeniería semántica. Un desplome, por definición, es lo contrario de algo controlado; juntar ambas palabras es como decir "caída planeada", "accidente con agenda" o "tropezón coreografiado". Uno imagina al piloto anunciando por el altavoz: "señores pasajeros, iniciamos nuestro descenso no programado pero perfectamente asumido".
El gobernador explicó que dos aeronaves aterrizaron en la zona como parte de las acciones de la Marina para prevenir actividades ilícitas, y que todo ocurrió tras una pérdida de potencia. Nadie duda de la valentía de los marinos ni de la seriedad del operativo; lo que se agradece es el esfuerzo institucional por convertir un susto aéreo en un trámite con final feliz gramatical. Porque en un país donde el agua sucia es "agua en proceso" y la deuda es "pasivo heredado", faltaba nada más el vuelo que no se cae, sino que decide, soberanamente y con plena conciencia, encontrarse con el suelo. Bienvenido sea el nuevo verbo al léxico jalisciense: desplomarse controladamente, conjugación de lo inevitable con cara de que todo salió según el plan.
La aclaración es importante, porque en la escala de las malas noticias hay una diferencia enorme entre "se cayó" y "lo bajaron". Pero convengamos en que "desplome controlado" es una obra maestra de la ingeniería semántica. Un desplome, por definición, es lo contrario de algo controlado; juntar ambas palabras es como decir "caída planeada", "accidente con agenda" o "tropezón coreografiado". Uno imagina al piloto anunciando por el altavoz: "señores pasajeros, iniciamos nuestro descenso no programado pero perfectamente asumido".
El gobernador explicó que dos aeronaves aterrizaron en la zona como parte de las acciones de la Marina para prevenir actividades ilícitas, y que todo ocurrió tras una pérdida de potencia. Nadie duda de la valentía de los marinos ni de la seriedad del operativo; lo que se agradece es el esfuerzo institucional por convertir un susto aéreo en un trámite con final feliz gramatical. Porque en un país donde el agua sucia es "agua en proceso" y la deuda es "pasivo heredado", faltaba nada más el vuelo que no se cae, sino que decide, soberanamente y con plena conciencia, encontrarse con el suelo. Bienvenido sea el nuevo verbo al léxico jalisciense: desplomarse controladamente, conjugación de lo inevitable con cara de que todo salió según el plan.