Le robaron el arma a los que nos cuidan: inteligencia sin cargador en Zapopan
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Hay noticias que se cuentan solas y esta viene con moño. En Zapopan, elementos federales adscritos a la estrategia de seguridad de Omar García Harfuch fueron asaltados y despojados de sus armas mientras realizaban, textualmente, labores de inteligencia. Que a los agentes de inteligencia les tiendan una emboscada es el tipo de suceso que un guionista descartaría por inverosímil.
Pongámoslo en perspectiva doméstica: es como que al plomero se le inunde la casa, como que al de la ferretería le roben el martillo, o como que al salvavidas se lo lleve la corriente en su día libre. La palabra "inteligencia" quedó, esta jornada, sometida a una prueba de humildad severa. Los agentes iban a vigilar y terminaron vigilados; iban por información y salieron con una anécdota que preferirían no compartir en la próxima reunión de coordinación.
El operativo, se informó, era conjunto entre autoridades estatales y federales, lo que multiplica el número de instituciones que hoy prefieren mirar el techo cuando alguien pregunta por el tema. Los responsables escaparon; el detalle incómodo se quedó a vivir en la colonia. Nadie celebra que a un servidor público lo asalten —el riesgo es real y el trabajo es de respeto—, pero cuesta no notar la ironía de que quienes portan el estandarte de la seguridad nacional terminen aportando, sin querer, la estadística que venían a combatir. En la Perla de Occidente, hasta la inteligencia tuvo que aprender por las malas que aquí nadie está exento: ni el que investiga, ni el que patrulla, ni mucho menos el que presume que todo está bajo control. Bajo control, esta semana en Jalisco, es puro decir.
Pongámoslo en perspectiva doméstica: es como que al plomero se le inunde la casa, como que al de la ferretería le roben el martillo, o como que al salvavidas se lo lleve la corriente en su día libre. La palabra "inteligencia" quedó, esta jornada, sometida a una prueba de humildad severa. Los agentes iban a vigilar y terminaron vigilados; iban por información y salieron con una anécdota que preferirían no compartir en la próxima reunión de coordinación.
El operativo, se informó, era conjunto entre autoridades estatales y federales, lo que multiplica el número de instituciones que hoy prefieren mirar el techo cuando alguien pregunta por el tema. Los responsables escaparon; el detalle incómodo se quedó a vivir en la colonia. Nadie celebra que a un servidor público lo asalten —el riesgo es real y el trabajo es de respeto—, pero cuesta no notar la ironía de que quienes portan el estandarte de la seguridad nacional terminen aportando, sin querer, la estadística que venían a combatir. En la Perla de Occidente, hasta la inteligencia tuvo que aprender por las malas que aquí nadie está exento: ni el que investiga, ni el que patrulla, ni mucho menos el que presume que todo está bajo control. Bajo control, esta semana en Jalisco, es puro decir.