Boletín del desconcierto: destruimos armas a balazos, reciclamos sueldos y psicoanalizamos perros
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Amable lectoría de El Destiempo: si usted despertó pensando que Michoacán ya no podía sorprenderlo, permítame ofrecerle un café bien cargado, porque la jornada vino con inventiva.
Empecemos por la joya del día. En Tzintzuntzan organizaron una campaña de destrucción de armas y, fieles al espíritu del arma de fuego, la ceremonia terminó con cuatro personas heridas que tuvieron que ser trasladadas al Hospital Regional de Pátzcuaro. Léase con calma: el único evento del calendario cívico que sí cumplió su cuota de disparos fue justamente el que prometía dejarnos sin ellos. Uno imagina el discurso inaugural —‘venimos a que estos fierros ya no hagan daño’— seguido, minutos después, del clásico sonido que precede a una ambulancia. Si el objetivo era demostrar por qué urge desarmar a la población, la demostración fue un rotundo, doloroso éxito pedagógico.
De la pólvora pasamos a la basura, que en Morelia se junta por miles de toneladas y por miles de pesos. El Sindicato de Limpia pide un incremento salarial del 20 por ciento, y hay que reconocer que argumentos no les faltan: en julio retiraron más de 5 mil toneladas de basura de la ciudad, que se suman a otras 20 mil sacadas de drenes y ríos. Veinticinco mil toneladas de lo que tiramos y fingimos no ver. La próxima vez que alguien diga que en Michoacán no producimos nada, muéstrele la báscula: exportamos aguacate, sí, pero de basura somos autosuficientes y hasta con excedente. Que negocien rápido, no sea que descubramos a la mala cuánto valía ese 20 por ciento.
En la sección de finanzas creativas, la Suprema Corte validó que las Afores no reclamadas viajen al Fondo de Pensiones para el Bienestar, aclarando —con mano en el corazón— que ‘no se afecta la propiedad de los trabajadores’, solo se cambia quién la administra. Es el equivalente institucional de aquel primo que le pide prestado el coche jurando que ‘nomás lo va a cuidar’. Descuiden: su dinero sigue siendo suyo, únicamente que ahora está en otro cajón, con otra llave, y la llave la tiene alguien más. Todo muy tranquilizador.
En Morelia, mientras tanto, el Instituto de Protección Animal propone crear un padrón de personas que tengan a sus mascotas en condiciones inadecuadas, y contempla que las sanciones incluyan atención psicológica para los responsables. Aplaudo la ternura del enfoque: por fin un gobierno que entiende que detrás de cada perro amarrado al sol hay un dueño que necesita terapia. Solo pido coherencia: si vamos a mandar al diván a quien maltrata a su Firulais, preparen agenda amplia, porque la lista de michoacanos que tratan mal a alguien —humano, animal o presupuesto— podría desbordar a cualquier psicólogo del estado.
Hablando de tratar mal el presupuesto: en Indaparapeo un ciudadano pidió juicio político contra el alcalde por presuntos pagos injustificados a familiares. La palabra ‘nepotismo’ suena feo; suena mejor ‘programa municipal de apoyo al primo emprendedor’. Aún es una denuncia, faltan pruebas y sentencias, así que por ahora solo diremos que, si se confirma, sería el certamen de belleza más concurrido de la región: el de ver quién es más pariente del presidente.
Y para cerrar el tríptico de la picardía nacional, la UNAM tuvo que repetir su examen de ingreso, ahora presencial en León, después de anular la versión en línea por irregularidades que incluirían el supuesto uso de Inteligencia Artificial. Quinientos aspirantes, frente a la computadora, pero armados únicamente con lápiz y papel, como quien invita a un banquete y sirve pan duro para que nadie haga trampa. Bienvenidos al futuro: para atrapar a la IA, la humanidad regresó al cuaderno de raya. Chundios los que estudiaron; más chundios los que confiaron en el robot.
Hubo también noticias que sí saben a justicia: la Fiscalía obtuvo una sentencia de 82 años de prisión por secuestro agravado en Morelia. Ochenta y dos. Es una cifra que, por una vez, no da risa sino respiro. Que conste que cuando el estado hace bien su tarea, aquí lo apuntamos con el mismo lápiz con el que nos burlamos del resto.
Eso fue todo por hoy, paisanos: un Michoacán que destruye armas disparando, cuida animales enviando a terapia a los humanos y guarda su pensión donde alcance la vista. Nos leemos mañana, si el diván lo permite.
Empecemos por la joya del día. En Tzintzuntzan organizaron una campaña de destrucción de armas y, fieles al espíritu del arma de fuego, la ceremonia terminó con cuatro personas heridas que tuvieron que ser trasladadas al Hospital Regional de Pátzcuaro. Léase con calma: el único evento del calendario cívico que sí cumplió su cuota de disparos fue justamente el que prometía dejarnos sin ellos. Uno imagina el discurso inaugural —‘venimos a que estos fierros ya no hagan daño’— seguido, minutos después, del clásico sonido que precede a una ambulancia. Si el objetivo era demostrar por qué urge desarmar a la población, la demostración fue un rotundo, doloroso éxito pedagógico.
De la pólvora pasamos a la basura, que en Morelia se junta por miles de toneladas y por miles de pesos. El Sindicato de Limpia pide un incremento salarial del 20 por ciento, y hay que reconocer que argumentos no les faltan: en julio retiraron más de 5 mil toneladas de basura de la ciudad, que se suman a otras 20 mil sacadas de drenes y ríos. Veinticinco mil toneladas de lo que tiramos y fingimos no ver. La próxima vez que alguien diga que en Michoacán no producimos nada, muéstrele la báscula: exportamos aguacate, sí, pero de basura somos autosuficientes y hasta con excedente. Que negocien rápido, no sea que descubramos a la mala cuánto valía ese 20 por ciento.
En la sección de finanzas creativas, la Suprema Corte validó que las Afores no reclamadas viajen al Fondo de Pensiones para el Bienestar, aclarando —con mano en el corazón— que ‘no se afecta la propiedad de los trabajadores’, solo se cambia quién la administra. Es el equivalente institucional de aquel primo que le pide prestado el coche jurando que ‘nomás lo va a cuidar’. Descuiden: su dinero sigue siendo suyo, únicamente que ahora está en otro cajón, con otra llave, y la llave la tiene alguien más. Todo muy tranquilizador.
En Morelia, mientras tanto, el Instituto de Protección Animal propone crear un padrón de personas que tengan a sus mascotas en condiciones inadecuadas, y contempla que las sanciones incluyan atención psicológica para los responsables. Aplaudo la ternura del enfoque: por fin un gobierno que entiende que detrás de cada perro amarrado al sol hay un dueño que necesita terapia. Solo pido coherencia: si vamos a mandar al diván a quien maltrata a su Firulais, preparen agenda amplia, porque la lista de michoacanos que tratan mal a alguien —humano, animal o presupuesto— podría desbordar a cualquier psicólogo del estado.
Hablando de tratar mal el presupuesto: en Indaparapeo un ciudadano pidió juicio político contra el alcalde por presuntos pagos injustificados a familiares. La palabra ‘nepotismo’ suena feo; suena mejor ‘programa municipal de apoyo al primo emprendedor’. Aún es una denuncia, faltan pruebas y sentencias, así que por ahora solo diremos que, si se confirma, sería el certamen de belleza más concurrido de la región: el de ver quién es más pariente del presidente.
Y para cerrar el tríptico de la picardía nacional, la UNAM tuvo que repetir su examen de ingreso, ahora presencial en León, después de anular la versión en línea por irregularidades que incluirían el supuesto uso de Inteligencia Artificial. Quinientos aspirantes, frente a la computadora, pero armados únicamente con lápiz y papel, como quien invita a un banquete y sirve pan duro para que nadie haga trampa. Bienvenidos al futuro: para atrapar a la IA, la humanidad regresó al cuaderno de raya. Chundios los que estudiaron; más chundios los que confiaron en el robot.
Hubo también noticias que sí saben a justicia: la Fiscalía obtuvo una sentencia de 82 años de prisión por secuestro agravado en Morelia. Ochenta y dos. Es una cifra que, por una vez, no da risa sino respiro. Que conste que cuando el estado hace bien su tarea, aquí lo apuntamos con el mismo lápiz con el que nos burlamos del resto.
Eso fue todo por hoy, paisanos: un Michoacán que destruye armas disparando, cuida animales enviando a terapia a los humanos y guarda su pensión donde alcance la vista. Nos leemos mañana, si el diván lo permite.