Ingresar | Crear cuenta

El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 13 de agosto de 2026

El drenaje cumplió medio siglo y lo celebró tragándose dos camiones

Tamaño de letra
El drenaje cumplió medio siglo y lo celebró tragándose dos camiones
Iztacalco entregó esta semana su aportación al urbanismo experimental: dos socavones aparecieron casi juntos en la calle Oriente 108, en la colonia Ramos Millán, luego de que colapsara un tramo del colector principal de drenaje. La obra tenía cincuenta años de antigüedad, edad a la que cualquier trabajador aspira a una pensión digna y un pastel; el colector, en cambio, optó por retirarse por la puerta grande, es decir, abriendo dos agujeros y arrastrando a su interior a dos camiones que tuvieron la mala suerte de pasar por ahí.

El jefe del Heroico Cuerpo de Bomberos informó que las unidades fueron rescatadas sin personas lesionadas y que los socavones estaban a treinta metros uno del otro, una simetría que en cualquier otro contexto sería digna de arquitecto. Las autoridades de la alcaldía explicaron que todo se debió a un 'deterioro natural de la infraestructura', aunado al reblandecimiento del terreno. Traducido del funcionariés: la tubería estaba vieja, se sabía que estaba vieja, y aun así se dejó envejecer hasta que el subsuelo dijo basta.

Lo entrañable del asunto es el adjetivo: 'natural'. Como si medio siglo de una cañería sin reemplazo fuera un fenómeno geológico ajeno a toda voluntad humana, un capricho de la tierra y no la consecuencia previsible de posponer el mantenimiento hasta que algo se hunde. En la capital, lo natural es que las cosas se degraden en silencio y lo sobrenatural sería que se repararan antes del colapso.

Mientras tanto, los vecinos de la zona ya saben lo que sigue: fotografías, cinta amarilla, promesas de revisión integral y, con suerte, un bacheo que aguante hasta la próxima temporada de lluvias. El colector se jubiló, sí, pero dejó su currículum bien claro para el resto de la red de drenaje capitalina, que ronda edades parecidas y observa con nerviosismo. La moraleja subterránea es sencilla: en esta ciudad conviene mirar hacia abajo antes de estacionarse.