Cuatro retenes en una sola carretera: el nuevo peaje del susto rumbo a Juárez
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Manejar de Chihuahua a Ciudad Juárez se ha convertido en una experiencia con estaciones, como el vía crucis, pero con menos fe y más pasamontañas. Según lo que han descrito diputados, transportistas y hasta el propio alcalde capitalino, un mismo trayecto puede tener cuatro puntos de revisión: el clásico del Ejército, que ya es paisaje; dos de corporaciones federales cuyas siglas vienen tan borrosas que hay que adivinarlas; y a veces uno extra, de cortesía.
El diputado panista Carlos Olson lo puso en palabras que deberían enmarcarse: retenes 'arcaicos' con elementos encapuchados, sin identificación, que 'sólo molestan al ciudadano común' y que, a su decir, 'nomás andan queriendo extorsionar'. En Villa Ahumada, según los señalamientos que recogieron autoridades, habría presuntos cobros de hasta veinte mil pesos por dejar pasar. Veinte mil pesos. Por ese precio uno esperaría al menos café, sándwich y una explicación de qué están buscando.
El gobierno tiene su versión, y es un prodigio de equilibrio. El secretario de Seguridad estatal reconoció que 'ha habido resultados' —decomisos reales, como 40 kilos de cocaína— pero también 'quejas', y con serenidad zen concluyó que los retenes 'pueden mejorar'. Es la teoría del vaso medio lleno aplicada a la carretera: sí, hay abusos denunciados, pero también hay incautaciones, así que empatamos. El ciudadano que pagó, mientras tanto, no sabe muy bien en qué columna del marcador quedó anotado.
El Consejo Coordinador Empresarial de Juárez, por su parte, hizo el llamado más elegante del expediente: confía en las instituciones y, a la vez, pide denunciar los cobros indebidos. O sea, denuncie usted el retén, ante las mismas autoridades que ponen retenes, para que investiguen los retenes. Un laberinto tan perfecto que hasta Kafka pediría chamba de asesor.
Quede claro: todo aquí es 'presunto', 'supuesto' y 'señalamiento', porque nadie ha probado nada en tribunales y las corporaciones también hacen su trabajo legítimo. Pero la sensación colectiva es la misma que sentiría cualquiera que, para ir a ver a la abuela, tenga que cruzar cuatro casetas humanas donde no sabe si le van a revisar la cajuela o cotizar el pase. Mientras se aclara, el consejo del Destiempo es humilde: cargue tanque lleno, identificación a la mano, y rece por que el cuarto retén, ese que aparece según el humor, hoy haya amanecido de buenas.
El diputado panista Carlos Olson lo puso en palabras que deberían enmarcarse: retenes 'arcaicos' con elementos encapuchados, sin identificación, que 'sólo molestan al ciudadano común' y que, a su decir, 'nomás andan queriendo extorsionar'. En Villa Ahumada, según los señalamientos que recogieron autoridades, habría presuntos cobros de hasta veinte mil pesos por dejar pasar. Veinte mil pesos. Por ese precio uno esperaría al menos café, sándwich y una explicación de qué están buscando.
El gobierno tiene su versión, y es un prodigio de equilibrio. El secretario de Seguridad estatal reconoció que 'ha habido resultados' —decomisos reales, como 40 kilos de cocaína— pero también 'quejas', y con serenidad zen concluyó que los retenes 'pueden mejorar'. Es la teoría del vaso medio lleno aplicada a la carretera: sí, hay abusos denunciados, pero también hay incautaciones, así que empatamos. El ciudadano que pagó, mientras tanto, no sabe muy bien en qué columna del marcador quedó anotado.
El Consejo Coordinador Empresarial de Juárez, por su parte, hizo el llamado más elegante del expediente: confía en las instituciones y, a la vez, pide denunciar los cobros indebidos. O sea, denuncie usted el retén, ante las mismas autoridades que ponen retenes, para que investiguen los retenes. Un laberinto tan perfecto que hasta Kafka pediría chamba de asesor.
Quede claro: todo aquí es 'presunto', 'supuesto' y 'señalamiento', porque nadie ha probado nada en tribunales y las corporaciones también hacen su trabajo legítimo. Pero la sensación colectiva es la misma que sentiría cualquiera que, para ir a ver a la abuela, tenga que cruzar cuatro casetas humanas donde no sabe si le van a revisar la cajuela o cotizar el pase. Mientras se aclara, el consejo del Destiempo es humilde: cargue tanque lleno, identificación a la mano, y rece por que el cuarto retén, ese que aparece según el humor, hoy haya amanecido de buenas.