Olinia, el auto del pueblo: austero hasta en los frenos
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Hay austeridad y hay austeridad. El prototipo del Olinia, el auto popular que se pidió mostrar antes del Mundial, ya fue presentado y avanza hacia la meta de producir 50 mil unidades a 150 mil pesos. La promesa es democratizar el automóvil. El detalle, según se ha señalado, es que ese precio se lograría sin cumplir condiciones de la norma de seguridad vigente: sin frenos ABS, sin bolsas de aire.
Es decir, un coche accesible en todos los sentidos: accesible al bolsillo y, en caso de emergencia, accesible al pavimento. El ABS es justo lo que evita que las llantas se bloqueen al frenar en piso mojado —el mismo piso que hoy tiene a medio Jalisco bajo la lluvia—; las bolsas de aire hacen lo que su nombre indica cuando ya no hay marcha atrás. Prescindir de ambos para bajar el costo es como vender un salvavidas sin la parte que flota: técnicamente es un chaleco, pero uno no quisiera estrenarlo en altamar.
El contraste se vuelve todavía más chusco cuando uno recuerda que México es el segundo exportador mundial de infraestructura para Inteligencia Artificial y que las armadoras privadas venden autos con toda la parafernalia de seguridad. Somos capaces de fabricar el futuro para que lo maneje otro, pero cuando nos toca hacernos un carrito propio, le recortamos precisamente lo que impide que el paseo termine en tragedia.
Nadie discute la nobleza de querer un coche barato para las familias. Lo que inquieta es el orden de las prioridades: primero el prototipo para la foto, luego —quizá— la seguridad. Ojalá el Olinia llegue a la calle con frenos de verdad y no solo con buenas intenciones, porque las buenas intenciones, ya se sabe, no detienen a un auto a 80 por hora.
Es decir, un coche accesible en todos los sentidos: accesible al bolsillo y, en caso de emergencia, accesible al pavimento. El ABS es justo lo que evita que las llantas se bloqueen al frenar en piso mojado —el mismo piso que hoy tiene a medio Jalisco bajo la lluvia—; las bolsas de aire hacen lo que su nombre indica cuando ya no hay marcha atrás. Prescindir de ambos para bajar el costo es como vender un salvavidas sin la parte que flota: técnicamente es un chaleco, pero uno no quisiera estrenarlo en altamar.
El contraste se vuelve todavía más chusco cuando uno recuerda que México es el segundo exportador mundial de infraestructura para Inteligencia Artificial y que las armadoras privadas venden autos con toda la parafernalia de seguridad. Somos capaces de fabricar el futuro para que lo maneje otro, pero cuando nos toca hacernos un carrito propio, le recortamos precisamente lo que impide que el paseo termine en tragedia.
Nadie discute la nobleza de querer un coche barato para las familias. Lo que inquieta es el orden de las prioridades: primero el prototipo para la foto, luego —quizá— la seguridad. Ojalá el Olinia llegue a la calle con frenos de verdad y no solo con buenas intenciones, porque las buenas intenciones, ya se sabe, no detienen a un auto a 80 por hora.