El Informe del amor: vallas para adentro, la capital para afuera
Tamaño de letra
Hay declaraciones de amor y hay declaraciones de gobierno; el Segundo Informe de Morelia intentó ser las dos al mismo tiempo. "Quiero ser recordado por cuánto amo a Morelia", dijo el alcalde, y uno casi espera que la ciudad conteste que necesita un tiempo para pensarlo. El romance vino documentado: mil 950 millones de pesos en obra pública ejercidos y la meta de tres mil al cierre. Amor con comprobante fiscal, el más duradero.
El escenario, sin embargo, delató las prioridades. El perímetro de seguridad abarcó más cuadras que el año pasado, hubo elementos federales y vallas suficientes para un concierto. En un estado donde faltan miles de policías municipales, se logró blindar impecablemente un templete de una sola tarde. Ternura logística.
La lista de invitados fue el verdadero discurso. Desde la Ciudad de México llegó la cúpula del PAN y el empresariado opositor a Morena a ocupar la primera fila; nada proyecta "cercanía con el barrio" como un auditorio que necesitó vuelo de conexión. También asistió la alcaldesa de Uruapan, quien declaró que "a Michoacán le debe ir bien" y luego esquivó, con reflejos de portera, toda pregunta sobre las elecciones de 2027. Ambos ya coquetean con la gubernatura, así que el informe funcionó menos como rendición de cuentas y más como pasarela de aspirantes con canapé.
El contrapunto lo pusieron los regidores de oposición, que señalaron fallas en agua, seguridad e infraestructura vial, y el propio recuento de obras: el C4, el Acuaférico y el Museo Moreliano aparecieron en el discurso, algunos con retrasos que el aplauso no alcanza a maquillar. Detalle de guion: el alcalde y el gobernador, tras meses de fricciones, decidieron que ahora hay "buena coordinación". El amor, ya se sabe, se recompone justo antes de la foto oficial.
Al final, el Informe cumplió su función ritual: mucho sentimiento declarado, un perímetro perfectamente custodiado y una precampaña disfrazada de acto de gobierno. La ciudad, objeto del amor, sigue esperando que le presuman menos y le arreglen la avenida. Que es, a fin de cuentas, la forma más romántica de querer a Morelia.
El escenario, sin embargo, delató las prioridades. El perímetro de seguridad abarcó más cuadras que el año pasado, hubo elementos federales y vallas suficientes para un concierto. En un estado donde faltan miles de policías municipales, se logró blindar impecablemente un templete de una sola tarde. Ternura logística.
La lista de invitados fue el verdadero discurso. Desde la Ciudad de México llegó la cúpula del PAN y el empresariado opositor a Morena a ocupar la primera fila; nada proyecta "cercanía con el barrio" como un auditorio que necesitó vuelo de conexión. También asistió la alcaldesa de Uruapan, quien declaró que "a Michoacán le debe ir bien" y luego esquivó, con reflejos de portera, toda pregunta sobre las elecciones de 2027. Ambos ya coquetean con la gubernatura, así que el informe funcionó menos como rendición de cuentas y más como pasarela de aspirantes con canapé.
El contrapunto lo pusieron los regidores de oposición, que señalaron fallas en agua, seguridad e infraestructura vial, y el propio recuento de obras: el C4, el Acuaférico y el Museo Moreliano aparecieron en el discurso, algunos con retrasos que el aplauso no alcanza a maquillar. Detalle de guion: el alcalde y el gobernador, tras meses de fricciones, decidieron que ahora hay "buena coordinación". El amor, ya se sabe, se recompone justo antes de la foto oficial.
Al final, el Informe cumplió su función ritual: mucho sentimiento declarado, un perímetro perfectamente custodiado y una precampaña disfrazada de acto de gobierno. La ciudad, objeto del amor, sigue esperando que le presuman menos y le arreglen la avenida. Que es, a fin de cuentas, la forma más romántica de querer a Morelia.