El PRI descubre el agua tibia: político se toma fotos con apoyos públicos
Tamaño de letra
En un giro narrativo que dejó atónito a absolutamente nadie en el estado de Chihuahua, la dirigencia del PRI estatal, encabezada por Alejandro Domínguez, anunció que presentará denuncias por presunto peculado contra la presidenta municipal de Guadalupe y Calvo, Ana Laura González, acusándola de entregar apoyos personalizados con su imagen. La revelación sacude los cimientos de la política mexicana, donde jamás —nunca, en la historia de la patria— un funcionario había osado pegarle su cara a un beneficio pagado con recursos públicos.
Para ilustrar la gravedad del asunto, Domínguez recurrió a una comparación didáctica: 'Es como si en el Banco del Bienestar entregaran cheques y viniera la fotografía de la presidenta Claudia Sheinbaum, o si en Medichihuahua entregaran credenciales con la foto de Maru'. El ejemplo es impecable, salvo por un pequeño detalle filosófico: eligió como referencia justamente dos programas de gobierno cuyos logos y rostros conocemos todos de memoria. Usar la promoción institucional como contraejemplo de la promoción personal es un nivel de autosabotaje retórico digno de enmarcarse.
El dirigente tricolor insiste, y con razón legal de su parte, en que ninguna autoridad en México puede entregar apoyos con su nombre o imagen porque eso viola la ley electoral, la Constitución y la legislación penal. Todo correcto. El problema no es el argumento, sino el contexto: denunciar promoción personalizada en la política mexicana tiene la misma energía épica que denunciar que en una carnita asada hubo carne. Es técnicamente cierto, profundamente justo, y aun así uno no puede evitar mirar alrededor de la mesa.
La denuncia irá tanto a la Fiscalía Estatal como al Instituto Estatal Electoral, lo cual garantiza que el tema tendrá vida propia durante varias semanas, conferencias de prensa incluidas. Habrá que ver si prospera o si, como tantas veces, se diluye en el calor de junio junto con el resto de las buenas intenciones partidistas. Mientras tanto, queda la moraleja: en Chihuahua, la línea entre 'servicio público' y 'sesión de fotos con cargo al erario' es tan delgada que hasta el aire acondicionado pasa por ella.
Para ilustrar la gravedad del asunto, Domínguez recurrió a una comparación didáctica: 'Es como si en el Banco del Bienestar entregaran cheques y viniera la fotografía de la presidenta Claudia Sheinbaum, o si en Medichihuahua entregaran credenciales con la foto de Maru'. El ejemplo es impecable, salvo por un pequeño detalle filosófico: eligió como referencia justamente dos programas de gobierno cuyos logos y rostros conocemos todos de memoria. Usar la promoción institucional como contraejemplo de la promoción personal es un nivel de autosabotaje retórico digno de enmarcarse.
El dirigente tricolor insiste, y con razón legal de su parte, en que ninguna autoridad en México puede entregar apoyos con su nombre o imagen porque eso viola la ley electoral, la Constitución y la legislación penal. Todo correcto. El problema no es el argumento, sino el contexto: denunciar promoción personalizada en la política mexicana tiene la misma energía épica que denunciar que en una carnita asada hubo carne. Es técnicamente cierto, profundamente justo, y aun así uno no puede evitar mirar alrededor de la mesa.
La denuncia irá tanto a la Fiscalía Estatal como al Instituto Estatal Electoral, lo cual garantiza que el tema tendrá vida propia durante varias semanas, conferencias de prensa incluidas. Habrá que ver si prospera o si, como tantas veces, se diluye en el calor de junio junto con el resto de las buenas intenciones partidistas. Mientras tanto, queda la moraleja: en Chihuahua, la línea entre 'servicio público' y 'sesión de fotos con cargo al erario' es tan delgada que hasta el aire acondicionado pasa por ella.