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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 14 de agosto de 2026

Nuevo León respira mejor mientras el agua se le va por el caño

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Nuevo León respira mejor mientras el agua se le va por el caño
Dos datos oficiales llegaron el mismo día y, juntos, dibujan a la perfección el alma del regio moderno. Primero, la buena: la Secretaría de Medio Ambiente estatal informó que durante el primer semestre de 2026 el estado logró una reducción superior al 20% en partículas contaminantes. El promedio de PM10 bajó a 42.22 microgramos por metro cúbico, un 21% menos que el año pasado; las PM2.5 cayeron un 23%. En cristiano: el aire de Monterrey pica menos, el cerro se ve más nítido y por primera vez en mucho tiempo uno puede inhalar sin sentir que firma una donación de órganos.

Ahora, la letra chiquita. En paralelo se dio a conocer que Nuevo León pierde por fugas el agua suficiente para abastecer durante un mes a un millón 343 mil viviendas, más del 70% de los hogares del estado. El agua que se escurre por tuberías rotas equivale al consumo mensual de 1.3 millones de usuarios residenciales. Léase despacio: siete de cada diez casas del estado podrían surtirse, un mes entero, solo con lo que se fuga rumbo a la nada.

El contraste es de manual. Purificamos lo que respiramos y desperdiciamos lo que bebemos. Somos campeones del oxígeno y morosos del agua. El pulmón regio está de fiesta mientras la garganta pide clemencia. Y aquí, en una tierra que ha vivido sequías que nos enseñaron a bañarnos con cronómetro y a cachar el agua fría de la regadera en una cubeta, enterarse de que se nos escapa esa cantidad monumental por fugas duele más que el smog de antaño.

Uno agradece, de verdad, respirar mejor. Es un logro medible, con números que se pueden presumir en cualquier rueda de prensa. Pero cuesta trabajo festejar el aire cuando debajo del asfalto se está yendo, gota a gota, el recurso por el que hicimos filas, guardamos agua en tambos y aprendimos a odiar el goteo de una llave mal cerrada. El aire limpio es gratis; el agua perdida la pagamos todos.

Que el estado celebre su triunfo atmosférico está bien. Solo faltaría que le dedicara a las tuberías la mitad del entusiasmo que le dedica a los boletines: reparar una fuga no sale en la foto tan bonito como un cielo despejado, pero rinde más. Mientras tanto, el regio inhala profundo, sonríe... y cierra la llave por si las dudas.