Se busca: guanajuatense que sí quiera hacer fila
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Amanecimos en un país al revés. Este sábado 15 de agosto arrancó la suspensión de líneas telefónicas para los números terminados en cero cuyos dueños no vincularon su identidad, con la promesa de que en 72 horas empezarán a quedarse sin llamadas, sin mensajes y sin internet. El calendario seguirá escalonado, y las terminadas en uno tendrán como fecha límite el 31 de agosto. Un plan tan ordenado que hasta parece que alguien lo pensó.
Y sin embargo, la postal desde Irapuato es de novela: centros de atención a clientes 'casi desiertos'. Lea usted bien. Casi. Desiertos. Este es el mismo pueblo que hace cola de tres horas para pagar el predial el último día, que se pelea por el último tanque de gas y que llega al aeropuerto cuatro horas antes 'por si acaso'. Y ahora, ante un trámite obligatorio con fecha de corte y amenaza de quedarse incomunicado, la respuesta colectiva fue un elegante y rotundo: ahí luego voy.
Las autoridades presumen que van 71 millones de líneas registradas en el país, cifra que se anuncia con el orgullo de quien ganó un premio. Pero el silencio en los mostradores de Irapuato cuenta otra historia: la de una ciudadanía que aprendió, a fuerza de trámites, que todo lo que se anuncia como 'rápido, sencillo y por tu seguridad' termina siendo lento, complicado y con una segunda visita obligatoria. La desconfianza no es rebeldía; es memoria histórica.
Encima, la propia noticia desliza que hay operadoras vinculando líneas 'sin autorización' de los usuarios, lo cual es un giro digno de aplauso: por un lado te exigen que vincules tu identidad o te cortan; por el otro, alguien la vincula por ti sin avisarte. El ciudadano modelo, entonces, es el que se queda quieto: si te formas, pierdes la tarde; si no te formas, te cortan; y si no haces nada, capaz que alguien ya lo hizo en tu nombre. Ganar es imposible, pero al menos ahorras gasolina.
Así que si este lunes su teléfono terminado en cero de pronto enmudece, no se alarme: no es el fin del mundo, es apenas el fin del plazo. Y consuélese pensando que, por unos días, será usted uno de los pocos guanajuatenses genuinamente ilocalizables. En este agosto, eso casi es un privilegio.
Y sin embargo, la postal desde Irapuato es de novela: centros de atención a clientes 'casi desiertos'. Lea usted bien. Casi. Desiertos. Este es el mismo pueblo que hace cola de tres horas para pagar el predial el último día, que se pelea por el último tanque de gas y que llega al aeropuerto cuatro horas antes 'por si acaso'. Y ahora, ante un trámite obligatorio con fecha de corte y amenaza de quedarse incomunicado, la respuesta colectiva fue un elegante y rotundo: ahí luego voy.
Las autoridades presumen que van 71 millones de líneas registradas en el país, cifra que se anuncia con el orgullo de quien ganó un premio. Pero el silencio en los mostradores de Irapuato cuenta otra historia: la de una ciudadanía que aprendió, a fuerza de trámites, que todo lo que se anuncia como 'rápido, sencillo y por tu seguridad' termina siendo lento, complicado y con una segunda visita obligatoria. La desconfianza no es rebeldía; es memoria histórica.
Encima, la propia noticia desliza que hay operadoras vinculando líneas 'sin autorización' de los usuarios, lo cual es un giro digno de aplauso: por un lado te exigen que vincules tu identidad o te cortan; por el otro, alguien la vincula por ti sin avisarte. El ciudadano modelo, entonces, es el que se queda quieto: si te formas, pierdes la tarde; si no te formas, te cortan; y si no haces nada, capaz que alguien ya lo hizo en tu nombre. Ganar es imposible, pero al menos ahorras gasolina.
Así que si este lunes su teléfono terminado en cero de pronto enmudece, no se alarme: no es el fin del mundo, es apenas el fin del plazo. Y consuélese pensando que, por unos días, será usted uno de los pocos guanajuatenses genuinamente ilocalizables. En este agosto, eso casi es un privilegio.