Temporada de informes en Michoacán: mucha obra, poca invitación y una banda por confirmar
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En Michoacán llegó agosto y con él la temporada más sagrada del calendario cívico: la del informe de gobierno, ese ritual en el que un funcionario se sube a un templete, enciende una pantalla con transiciones y le explica al pueblo, con lujo de porcentajes, todo lo que hizo mientras usted trabajaba.
En Morelia, el alcalde rindió su segundo informe con una particularidad que ya quisieran otros discursos: la honestidad de admitir que en su último año no habrá 'obras insignia'. Es decir, se comprometió a terminar el Centro de Convenciones, el Museo Moreliano y —atención— a 'tratar el tema de las vialidades'. Tratar el tema. Como quien trata el tema del gimnasio en enero o el tema de bajarle a los tacos. En Morelia las vialidades llevan tantos años siendo 'un tema' que ya merecen mesa de diálogo, relator y minuta firmada por el bache.
Del otro lado del estado, en Ario, la presidenta municipal presumió más de cien obras y un incremento del 469% en inversión de obra pública. Cuatrocientos sesenta y nueve por ciento. Uno no sabe si aplaudir el manejo transparente de los recursos o preguntar, con toda la inocencia del mundo, cuánto se invertía antes para que el aumento diera semejante malabar matemático. Ahí estuvo el gobernador, de invitado especial, sonriendo como quien mira crecer un acuaférico ajeno.
Y hablando del gobernador: resulta que el Gobierno del Estado se enteró, no por invitación sino por chisme, de que hubo una reunión entre la federación y los aguacateros a la que no lo llamaron. La versión oficial es que 'desconocen por qué fueron excluidos'. Un clásico michoacano: la fiesta se organizó, pusieron la lona, sirvieron el pastel, y al estado le tocó enterarse por el grupo de WhatsApp donde ya nadie lo agrega. Para no sentirse solo, la Policía de Morelia también confirmó que a ella tampoco la convocaron a la mesa con las autoridades federales de seguridad. Michoacán: donde el problema no es la inseguridad, es la lista de invitados.
En materia de aguacate —nuestro oro verde, nuestro orgullo, nuestro dolor de cabeza diplomático— la suspensión temporal de exportaciones a Estados Unidos, según el estado, tuvo 'impacto mínimo'. Mínimo. Como el impacto de una piedrita en el parabrisas que uno jura que no va a crecer y a la semana ya cruza todo el cristal. Nada, no pasó nada, sigan comprando guacamole.
Mientras tanto, en el terreno del cálculo político, un aspirante panista salió a negar categóricamente que fuera a perder la elección en Morelia. Y lo negó con el argumento más tranquilizador de la historia: que él ya ganó… en las encuestas internas de su propio partido. Es decir, ganó en su casa, con su balón y contando él los goles. Faltan dos años para 2027 y el hombre ya tiene la banda puesta en la imaginación, esperando nomás el nombramiento como quien espera que le entreguen el coche que ya presumió en Facebook.
De bandas, precisamente, se habló en Pátzcuaro, donde para el aniversario del municipio se barajan dos opciones estelares de esas de estadio. El presidente adelantó que 'podría ser la Arrolladora', aunque —detalle no menor— todavía están 'en la gestión para llegar a un acuerdo económico'. Traducción: quieren la banda, pero primero hay que ver si alcanza. Nada une más a un pueblo mágico que la incertidumbre de si habrá show o habrá disculpa pública.
En el Centro Histórico de Morelia, el municipio recomendó NO retirar el apuntalamiento del Portal Aldama, porque de quitar el tapial la estructura 'podría sufrir afectaciones severas'. O sea que el palito que sostiene el portal ya es parte del patrimonio. Llevamos tanto tiempo con la cantera apuntalada que el andamio ya tiene más historia que algunos monumentos. Propongo ponerle placa.
Y en el capítulo de seguridad, el occidente michoacano sumó otra detención de una corporación municipal completa —mando incluido—, mientras en otros municipios de plano ni plantilla policial hay. Es el eterno dilema estatal: o no tenemos policías, o los que tenemos terminan escoltados por la Fiscalía. El punto medio, ese sí, no lo hemos podido gestionar.
Cierro con una moraleja de temporada: en Michoacán todo se informa, todo se inaugura y todo se presume en porcentajes de tres cifras. Lo único que nunca sube 469% es la memoria del ciudadano, que para el próximo informe ya olvidó el anterior. Y así, entre acuaféricos, tapiales eternos y bandas por confirmar, el estado sigue avanzando. Poquito, pero avanzando. Como el tráfico de la Amalia Solórzano.
En Morelia, el alcalde rindió su segundo informe con una particularidad que ya quisieran otros discursos: la honestidad de admitir que en su último año no habrá 'obras insignia'. Es decir, se comprometió a terminar el Centro de Convenciones, el Museo Moreliano y —atención— a 'tratar el tema de las vialidades'. Tratar el tema. Como quien trata el tema del gimnasio en enero o el tema de bajarle a los tacos. En Morelia las vialidades llevan tantos años siendo 'un tema' que ya merecen mesa de diálogo, relator y minuta firmada por el bache.
Del otro lado del estado, en Ario, la presidenta municipal presumió más de cien obras y un incremento del 469% en inversión de obra pública. Cuatrocientos sesenta y nueve por ciento. Uno no sabe si aplaudir el manejo transparente de los recursos o preguntar, con toda la inocencia del mundo, cuánto se invertía antes para que el aumento diera semejante malabar matemático. Ahí estuvo el gobernador, de invitado especial, sonriendo como quien mira crecer un acuaférico ajeno.
Y hablando del gobernador: resulta que el Gobierno del Estado se enteró, no por invitación sino por chisme, de que hubo una reunión entre la federación y los aguacateros a la que no lo llamaron. La versión oficial es que 'desconocen por qué fueron excluidos'. Un clásico michoacano: la fiesta se organizó, pusieron la lona, sirvieron el pastel, y al estado le tocó enterarse por el grupo de WhatsApp donde ya nadie lo agrega. Para no sentirse solo, la Policía de Morelia también confirmó que a ella tampoco la convocaron a la mesa con las autoridades federales de seguridad. Michoacán: donde el problema no es la inseguridad, es la lista de invitados.
En materia de aguacate —nuestro oro verde, nuestro orgullo, nuestro dolor de cabeza diplomático— la suspensión temporal de exportaciones a Estados Unidos, según el estado, tuvo 'impacto mínimo'. Mínimo. Como el impacto de una piedrita en el parabrisas que uno jura que no va a crecer y a la semana ya cruza todo el cristal. Nada, no pasó nada, sigan comprando guacamole.
Mientras tanto, en el terreno del cálculo político, un aspirante panista salió a negar categóricamente que fuera a perder la elección en Morelia. Y lo negó con el argumento más tranquilizador de la historia: que él ya ganó… en las encuestas internas de su propio partido. Es decir, ganó en su casa, con su balón y contando él los goles. Faltan dos años para 2027 y el hombre ya tiene la banda puesta en la imaginación, esperando nomás el nombramiento como quien espera que le entreguen el coche que ya presumió en Facebook.
De bandas, precisamente, se habló en Pátzcuaro, donde para el aniversario del municipio se barajan dos opciones estelares de esas de estadio. El presidente adelantó que 'podría ser la Arrolladora', aunque —detalle no menor— todavía están 'en la gestión para llegar a un acuerdo económico'. Traducción: quieren la banda, pero primero hay que ver si alcanza. Nada une más a un pueblo mágico que la incertidumbre de si habrá show o habrá disculpa pública.
En el Centro Histórico de Morelia, el municipio recomendó NO retirar el apuntalamiento del Portal Aldama, porque de quitar el tapial la estructura 'podría sufrir afectaciones severas'. O sea que el palito que sostiene el portal ya es parte del patrimonio. Llevamos tanto tiempo con la cantera apuntalada que el andamio ya tiene más historia que algunos monumentos. Propongo ponerle placa.
Y en el capítulo de seguridad, el occidente michoacano sumó otra detención de una corporación municipal completa —mando incluido—, mientras en otros municipios de plano ni plantilla policial hay. Es el eterno dilema estatal: o no tenemos policías, o los que tenemos terminan escoltados por la Fiscalía. El punto medio, ese sí, no lo hemos podido gestionar.
Cierro con una moraleja de temporada: en Michoacán todo se informa, todo se inaugura y todo se presume en porcentajes de tres cifras. Lo único que nunca sube 469% es la memoria del ciudadano, que para el próximo informe ya olvidó el anterior. Y así, entre acuaféricos, tapiales eternos y bandas por confirmar, el estado sigue avanzando. Poquito, pero avanzando. Como el tráfico de la Amalia Solórzano.