Ganó las elecciones de 2027, faltan dos años y una boleta
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Hay optimismo, hay fe y luego está este aspirante panista, que salió a tranquilizar a todos negando categóricamente que vaya a perder Morelia en 2027. El argumento con el que sostiene semejante certeza es una joya de la lógica interna: dice que él ya ganó. No en las urnas —esas abren en dos años—, sino en las encuestas internas de su propio partido. Es decir, ganó el partido de práctica, con balón propio, portería conocida y él mismo llevando el marcador.
Uno entiende el entusiasmo. Ganar una encuesta interna del PAN en Morelia es, sin duda, un logro: significa que convenció a la sala de juntas. Lo que sigue —convencer a una ciudad entera que además tiene memoria, baches y ganas de reclamar— es un trámite menor que el hombre ya da por resuelto. Total, si en la casa ya lo ungieron, ¿qué podría salir mal allá afuera?
La escena tiene su ternura. El aspirante 'está a la espera de su nombramiento', como quien ya se probó el traje, ya escogió la corbata y nada más aguarda a que la sastrería confirme la cita. En su cabeza, la campaña es una formalidad, la boleta un recibo y el electorado un jurado que, faltaba más, votará exactamente como marcaron los focus groups internos.
En un estado donde las encuestas suelen tener la misma vida útil que un aguacate maduro —tres días buenos y luego a ver quién se anima—, anunciar en pleno 2026 que ya se ganó 2027 es un acto de valentía o de amnesia selectiva. Porque los ciudadanos, esos que no fueron consultados en la encuesta interna, tienen la maña de aparecer justo el día de la elección con opiniones frescas y rencores acumulados.
Ojalá le vaya bien. En serio. Pero convendría recordarle, con todo el cariño michoacano, que entre ganar la encuesta de la casa y ganar Morelia hay la misma distancia que entre prometer una vialidad y destaparla. Mientras tanto, ya trae la banda cruzada al pecho en la imaginación. Ojalá le quede cuando toque medírsela de verdad.
Uno entiende el entusiasmo. Ganar una encuesta interna del PAN en Morelia es, sin duda, un logro: significa que convenció a la sala de juntas. Lo que sigue —convencer a una ciudad entera que además tiene memoria, baches y ganas de reclamar— es un trámite menor que el hombre ya da por resuelto. Total, si en la casa ya lo ungieron, ¿qué podría salir mal allá afuera?
La escena tiene su ternura. El aspirante 'está a la espera de su nombramiento', como quien ya se probó el traje, ya escogió la corbata y nada más aguarda a que la sastrería confirme la cita. En su cabeza, la campaña es una formalidad, la boleta un recibo y el electorado un jurado que, faltaba más, votará exactamente como marcaron los focus groups internos.
En un estado donde las encuestas suelen tener la misma vida útil que un aguacate maduro —tres días buenos y luego a ver quién se anima—, anunciar en pleno 2026 que ya se ganó 2027 es un acto de valentía o de amnesia selectiva. Porque los ciudadanos, esos que no fueron consultados en la encuesta interna, tienen la maña de aparecer justo el día de la elección con opiniones frescas y rencores acumulados.
Ojalá le vaya bien. En serio. Pero convendría recordarle, con todo el cariño michoacano, que entre ganar la encuesta de la casa y ganar Morelia hay la misma distancia que entre prometer una vialidad y destaparla. Mientras tanto, ya trae la banda cruzada al pecho en la imaginación. Ojalá le quede cuando toque medírsela de verdad.