Ingresar | Crear cuenta

El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Ciudad de México • Digest • 15 de agosto de 2026

La ciudad que se hunde con estilo: visa cancelada, Metro geológico y agua color mango

Tamaño de letra
La ciudad que se hunde con estilo: visa cancelada, Metro geológico y agua color mango
Buenos días, capitalinos que despertaron nadando. Ayer la Ciudad de México volvió a demostrar que no necesita guion: le basta con abrir los ojos y dejar que la realidad haga stand-up.

Empecemos por el drama nacional que se coló al desayuno. A un conocido aspirante a diputado tabasqueño, heredero político de apellido ilustre, Estados Unidos le canceló la visa, y él respondió con una carta donde la calificó de "burda y perversa canallada". Nada dice más "me tomé esto con calma" que un comunicado con adjetivos de telenovela de las siete. Enseguida, veinticuatro gobernadores firmaron un desplegado para cerrar filas —porque cuando a un compañero le quitan el permiso para ir a Texas, la soberanía nacional entra en estado de emergencia—, mientras la oposición pedía que se investigara. Y en el otro extremo del ring, un subsecretario estadounidense subía a redes un mensaje críptico invitando a rellenar las palomitas. Señores diplomáticos: hay conflictos que se resuelven con notas verbales y otros que se resuelven a la mitad de una función de cine. Elegimos la segunda.

De la geopolítica pasamos a la geología, que ayer fue noticia urbana. Un vagón del Metro se descarriló en los talleres de Ticomán y las autoridades explicaron que la causa fue, textualmente, una posible afectación geológica del terreno: un hundimiento. Es decir, el tren no se salió de la vía; la vía se fue a otro lado y el tren, educadísimo, la siguió. Tranquilícese: no había pasajeros, era una maniobra interna. Pero admitamos la poesía del asunto: en una ciudad construida sobre un lago que drenamos por necio, culpar al subsuelo es como culpar al mar por estar mojado. El terreno lleva siglos avisando que se hunde; nosotros seguimos poniéndole rieles encima y fingiendo sorpresa.

Y hablando de líquidos rebeldes: llovió. Otra vez. El Circuito Interior, a la altura de Melchor Ocampo, se convirtió en un río con placas, y en la glorieta de Insurgentes vimos el ballet nacional del chilango bajo tormenta: unos con impermeable y sombrilla de colores caminando con dignidad, y otros cubriéndose la cabeza con una bolsa del súper mientras cada trueno les recordaba que salieron sin ver el pronóstico. La alerta amarilla llegó puntual, como siempre, treinta segundos después de que ya estabas empapado. El drenaje profundo es una leyenda urbana que contamos a los niños para que duerman.

Si el clima no lo convence de que la CDMX es un parque de diversiones, en Iztapalapa desmantelaron un casino ambulante: una carpa en el estacionamiento de una tienda de autoservicio donde invitaban a jugar juegos de azar usando electrodomésticos como gancho, y luego amedrentaban a los que querían su premio. Genio del emprendimiento mexicano: montaron Las Vegas entre un carrito de elotes y la entrada del súper, con licuadora de premio mayor. Les aseguraron drogas, teléfonos y terminales de cobro, porque hasta el crimen ya trae datáfono. Ah, pero cuidado con pagar con plástico en otros lados: una cadena de tiendas de descuento está probando aceptar solo efectivo o CoDi para ahorrar costos. Traduzco: el casino clandestino aceptaba tarjeta y la tienda formal, no. Estamos viviendo al revés y con una sonrisa.

Mientras tanto, en el Congreso local se atendieron decenas de casos de despojo, la mayoría de adultos mayores, y las autoridades detectaron una modalidad de extorsión donde presuntos representantes sindicales llegan a las obras a cobrar por una lona o una placa gremial, so pena de huelga. En esta ciudad ya no te extorsionan por construir: te extorsionan por remodelar el baño. El cobro de piso evolucionó a cobro de placa, y todo con recibo espiritual.

En el terreno de los milagros cotidianos, vecinos de una colonia en la montaña denunciaron veinte años de agua amarilla, y la joya del expediente es la frase con la que supuestamente los tranquilizan: "sale amarilla, pero la pueden tomar". Veinte años. Dos décadas de agua color mango maduro con el sello de calidad "pos ái se va". Si eso no es resiliencia, no sé qué sea.

Y para cerrar con optimismo oficial: el superpeso cerró cerca de sus mejores niveles del año y las autoridades presumen que traemos una de las monedas más fuertes del planeta, mientras el país registró su día con menos homicidios en quince años. Buenas noticias, de verdad. Solo que aquí, cuando por fin te va bien en la macroeconomía, el Metro se hunde, el cielo se abre y el agua sale amarilla. Es el equilibrio cósmico de la capital: si el peso sube, algo tiene que bajar. Ayer bajó el terreno. Literalmente.