Adiós, Julio Cepeda de Gonzalitos: cae el templo donde aprendimos a hacer berrinche
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Guarde un minuto de silencio, regio de corazón: reinició la demolición de la sucursal Gonzalitos de la juguetería Julio Cepeda, aquel establecimiento icónico que cerró sus puertas de forma definitiva tras casi 50 años de servicio y un último gran remate de mercancía. Medio siglo. Ahí, entre anaqueles interminables, se forjaron generaciones enteras de nuevoleoneses que aprendieron sus primeras lecciones de economía, negociación y, sobre todo, del noble arte del berrinche táctico en el pasillo tres.
Porque Julio Cepeda de Gonzalitos no era solo una tienda: era un rito de paso. El lugar donde uno descubría que los papás sí podían decir que no cuarenta veces seguidas, y donde el niño perfeccionaba el llanto estratégico con vista panorámica al triciclo de sus sueños. Cada regio guarda su recuerdo de esos pasillos, su juguete deseado, su derrota heroica frente a la caja registradora. Y ahora la piqueta se lleva todo eso con la frialdad de una excavadora que no siente nostalgia porque nunca tuvo domingo de mesada.
El remate final fue el último acto de una despedida larga: la mercancía a precio de saldo, los anaqueles vaciándose, y los clientes de siempre pasando a comprar una última cosa nomás por decir adiós. Así se van los símbolos en Monterrey, sin funeral ni placa conmemorativa, entre polvo y escombro, para que en su lugar florezca lo que sea que vaya a florecer. Descanse en paz, juguetería de Gonzalitos. Media ciudad creció haciendo berrinche en tus pasillos, y hoy los que ya somos grandes hacemos el último, este sí, con toda la razón del mundo.
Porque Julio Cepeda de Gonzalitos no era solo una tienda: era un rito de paso. El lugar donde uno descubría que los papás sí podían decir que no cuarenta veces seguidas, y donde el niño perfeccionaba el llanto estratégico con vista panorámica al triciclo de sus sueños. Cada regio guarda su recuerdo de esos pasillos, su juguete deseado, su derrota heroica frente a la caja registradora. Y ahora la piqueta se lleva todo eso con la frialdad de una excavadora que no siente nostalgia porque nunca tuvo domingo de mesada.
El remate final fue el último acto de una despedida larga: la mercancía a precio de saldo, los anaqueles vaciándose, y los clientes de siempre pasando a comprar una última cosa nomás por decir adiós. Así se van los símbolos en Monterrey, sin funeral ni placa conmemorativa, entre polvo y escombro, para que en su lugar florezca lo que sea que vaya a florecer. Descanse en paz, juguetería de Gonzalitos. Media ciudad creció haciendo berrinche en tus pasillos, y hoy los que ya somos grandes hacemos el último, este sí, con toda la razón del mundo.