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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 16 de agosto de 2026

Veinticinco metros de nada: la ciclovía existencialista de Guadalajara

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Veinticinco metros de nada: la ciclovía existencialista de Guadalajara
Existe en Guadalajara, en el cruce donde Plan de San Luis se topa con Jorge Álvarez del Castillo, una obra que merece placa, guía de turistas y quizá una beca cultural: una ciclovía de veinticinco metros que no conecta con ninguna otra ciclovía, no arranca en ningún lado y no desemboca en ningún destino. Veinticinco metros. Menos de lo que uno camina para ir del sillón al refrigerador.

La modernidad, nos dicen, nos empuja hacia la bicicleta. Y quién podría oponerse: pedalear es sano, ecológico y no gasta gasolina. El problema es cuando la infraestructura para pedalear parece diseñada por alguien que nunca ha visto una bicicleta y que confundió la palabra ciclovía con la palabra instalación artística. Porque eso es este tramo: arte conceptual urbano. Un monumento a la nada, para que el ciclista viva la experiencia existencial de avanzar de la nada hacia la nada y regresar, contemplando en el trayecto la fugacidad de la vida y la solidez de los presupuestos.

Uno se imagina la inauguración: el moño tricolor, las tijeras, el discurso sobre la movilidad del futuro, y luego el silencio incómodo cuando alguien pregunta a dónde lleva. A ningún lado, señores. Y ahí está su grandeza: es la única obra pública de este país que cumple exactamente lo que promete, porque no prometió nada.

En una ciudad donde las verdaderas ciclovías se cortan a media cuadra, donde el ciclista compite con camiones a la altura del retrovisor, y donde un bache puede tragarse una llanta entera, dedicar veinticinco metros de asfalto a la contemplación pura es, cuando menos, un acto de honestidad. No lo va a llevar a su trabajo, pero tampoco le va a mentir.

Así que la próxima vez que pase por ahí, bájese de la bici, párese en medio de los veinticinco metros y disfrute. Está usted en el corazón de la modernidad tapatía: un carril perfectamente pavimentado, perfectamente señalizado y perfectamente inútil. Pedalee de la nada a la nada. Es gratis, es sano y, como buena parte de las promesas de campaña, no lo lleva a ninguna parte.