El Nissan Versa que corre más rápido que la aritmética
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En Uruapan ocurrió el milagro financiero del año: con un salario mensual de unos 85 mil pesos, la presidenta municipal anunció que donó su sueldo para comprarle un Nissan Versa al Sindicato de Aseo Público. Detalle no menor: ese modelo anda en el mercado entre 350 y 430 mil pesos. Uno saca la calculadora y le empieza a salir humo. Para pagar ese carro con un cheque de 85 mil habría que no gastar absolutamente nada durante cuatro o cinco meses seguidos: ni tortillas, ni recibo de luz, ni uno solo de los cafecitos de especialidad que tanto presume la capital. Austeridad nivel monje tibetano, pero con agencia automotriz.
El gesto, hay que decirlo, viene envuelto en moño de generosidad: donar el salario propio suena a sacrificio republicano. El problema es la escena que deja. El camión de la basura estrena ahora sedán de acompañamiento, brillante y con rines de fábrica, mientras en varias colonias siguen esperando que el camión —el de verdad, el que recoge— pase con la puntualidad de un cometa. En Michoacán hasta la limpieza pública tiene coche del año antes que ruta confiable.
Tampoco queda del todo claro por qué un sindicato necesita un Versa en lugar de, no sé, más camiones, más rutas o mejores condiciones para quienes se cuelgan de la parte de atrás a las cinco de la mañana. Pero así somos: preferimos el símbolo brillante al fierro que sirve. Un auto compacto entregado con ceremonia luce mucho más en la foto que treinta pares de guantes nuevos.
Que conste: la alcaldesa está en su derecho de hacer con su salario lo que quiera, faltaba más. Lo que pedimos, humildemente, es que la próxima donación incluya el manual para estirar 85 mil pesos hasta que alcancen para medio carro sin morir en el intento. Ese truco sí que lo queremos todos los michoacanos, sobre todo a fin de mes. Porque si la nómina del ayuntamiento rinde para un Versa, lo justo es que rinda también para tapar el bache de la esquina. Uno pide poco: que la aritmética del municipio corra, aunque sea, tan rápido como el nuevo sedán del gremio.
El gesto, hay que decirlo, viene envuelto en moño de generosidad: donar el salario propio suena a sacrificio republicano. El problema es la escena que deja. El camión de la basura estrena ahora sedán de acompañamiento, brillante y con rines de fábrica, mientras en varias colonias siguen esperando que el camión —el de verdad, el que recoge— pase con la puntualidad de un cometa. En Michoacán hasta la limpieza pública tiene coche del año antes que ruta confiable.
Tampoco queda del todo claro por qué un sindicato necesita un Versa en lugar de, no sé, más camiones, más rutas o mejores condiciones para quienes se cuelgan de la parte de atrás a las cinco de la mañana. Pero así somos: preferimos el símbolo brillante al fierro que sirve. Un auto compacto entregado con ceremonia luce mucho más en la foto que treinta pares de guantes nuevos.
Que conste: la alcaldesa está en su derecho de hacer con su salario lo que quiera, faltaba más. Lo que pedimos, humildemente, es que la próxima donación incluya el manual para estirar 85 mil pesos hasta que alcancen para medio carro sin morir en el intento. Ese truco sí que lo queremos todos los michoacanos, sobre todo a fin de mes. Porque si la nómina del ayuntamiento rinde para un Versa, lo justo es que rinda también para tapar el bache de la esquina. Uno pide poco: que la aritmética del municipio corra, aunque sea, tan rápido como el nuevo sedán del gremio.