Michoacán ya no cuenta ovejas para dormir: cuenta policías detenidos
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La Secretaría de Seguridad Pública actualizó el marcador y la cifra ya da para portada de álbum: suman 28 mandos y policías municipales detenidos en Michoacán, luego de que cayeran cuatro elementos en José Sixto Verduzco. Como bono, hay alrededor de cien carpetas de investigación abiertas contra policías estatales. A este paso, en el estado ya no contamos ovejas para dormir: contamos uniformados detenidos, y aun así no pegamos el ojo.
Hubo una época en que ver la patrulla en la esquina daba tranquilidad. Hoy uno la mira y le brota la duda existencial: ¿este me cuida o lo están por contar? La frase «oficial, ayúdeme» empieza a competir con «oficial, ¿y a usted quién lo supervisa?». El clásico «¿quién vigila a los vigilantes?» dejó de ser cita de filosofía para convertirse en pregunta de trámite cotidiano.
Seamos justos: que haya detenciones significa que algo se está limpiando, y eso es preferible al silencio cómplice de otros tiempos. El problema no es que salgan las cifras; el problema es lo que las cifras confiesan. Veintiocho no es un número que se junte por accidente ni en una tómbola: es la prueba de que había —y quizá sigue habiendo— mucho por depurar. La escoba trabaja tan duro precisamente porque el piso estaba así.
Lo que falta es la otra mitad de la película: los municipios que se quedan con la comandancia a medias, buscando con quién rellenar la plantilla sin volver a tropezar con la misma piedra uniformada. Porque de nada sirve contar detenidos si el casting de reemplazos sale del mismo casting anterior. Ojalá la depuración venga acompañada de mejores filtros, mejores sueldos y menos vergüenzas, para que algún día la patrulla vuelva a ser motivo de calma y no de conteo nocturno. Mientras tanto, michoacanos, a dormir contando policías: hay para rato.
Hubo una época en que ver la patrulla en la esquina daba tranquilidad. Hoy uno la mira y le brota la duda existencial: ¿este me cuida o lo están por contar? La frase «oficial, ayúdeme» empieza a competir con «oficial, ¿y a usted quién lo supervisa?». El clásico «¿quién vigila a los vigilantes?» dejó de ser cita de filosofía para convertirse en pregunta de trámite cotidiano.
Seamos justos: que haya detenciones significa que algo se está limpiando, y eso es preferible al silencio cómplice de otros tiempos. El problema no es que salgan las cifras; el problema es lo que las cifras confiesan. Veintiocho no es un número que se junte por accidente ni en una tómbola: es la prueba de que había —y quizá sigue habiendo— mucho por depurar. La escoba trabaja tan duro precisamente porque el piso estaba así.
Lo que falta es la otra mitad de la película: los municipios que se quedan con la comandancia a medias, buscando con quién rellenar la plantilla sin volver a tropezar con la misma piedra uniformada. Porque de nada sirve contar detenidos si el casting de reemplazos sale del mismo casting anterior. Ojalá la depuración venga acompañada de mejores filtros, mejores sueldos y menos vergüenzas, para que algún día la patrulla vuelva a ser motivo de calma y no de conteo nocturno. Mientras tanto, michoacanos, a dormir contando policías: hay para rato.