El casco que en lugar de proteger cabezas casi arruina el día de campo
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Hay accesorios de seguridad que cumplen su función, y luego está el casco que este domingo protagonizó el susto del fin de semana en la Presa Chihuahua. Porque en la zona de El Fresno, donde decenas de familias hacían su domingo de merienda a la orilla del agua, alguien localizó un objeto con características de presunto artefacto explosivo. ¿Dónde estaba escondido? Dentro de un casco. El objeto diseñado, literalmente, para cuidar la integridad de una cabeza terminó convertido en el envoltorio más inquietante de la jornada.
El hallazgo desató un despliegue que ya quisieran algunos desfiles: policía municipal, estatal, agentes ministeriales y el Ejército Mexicano, con equipo especializado para el manejo de explosivos, se dieron cita en el lugar. Un elemento militar se aproximó al punto con la parsimonia de quien sabe que el chiste del día no es apurarse, y aseguró el objeto bajo las medidas correspondientes para determinar su composición y si en efecto se trataba de un artefacto.
Mientras tanto, uno imagina la escena completa: los niños con su cono de nieve, el tío con la carne asada a medio término, y a cien metros un especialista en explosivos haciendo el trabajo más delicado del planeta. Pocas postales resumen tan bien el domingo chihuahuense: la convivencia familiar y el operativo antibombas compartiendo el mismo encuadre, sin que nadie suelte la coca.
Que conste lo importante: las autoridades actuaron con protocolo, resguardaron la zona para evitar riesgos entre los visitantes y se llevaron el objeto para su análisis. No hubo detonación ni lesionados. Pero la moraleja queda flotando sobre el agua de la presa: en Chihuahua, hasta el casco —el más honesto de los objetos, ese que solo pide que lo pongas en tu cabeza— puede salirte respondón. Uno va a la presa a despejar la mente y termina aprendiendo que lo único que no hay que abrir en un día de campo es una bolsa blanca con casco adentro.
El hallazgo desató un despliegue que ya quisieran algunos desfiles: policía municipal, estatal, agentes ministeriales y el Ejército Mexicano, con equipo especializado para el manejo de explosivos, se dieron cita en el lugar. Un elemento militar se aproximó al punto con la parsimonia de quien sabe que el chiste del día no es apurarse, y aseguró el objeto bajo las medidas correspondientes para determinar su composición y si en efecto se trataba de un artefacto.
Mientras tanto, uno imagina la escena completa: los niños con su cono de nieve, el tío con la carne asada a medio término, y a cien metros un especialista en explosivos haciendo el trabajo más delicado del planeta. Pocas postales resumen tan bien el domingo chihuahuense: la convivencia familiar y el operativo antibombas compartiendo el mismo encuadre, sin que nadie suelte la coca.
Que conste lo importante: las autoridades actuaron con protocolo, resguardaron la zona para evitar riesgos entre los visitantes y se llevaron el objeto para su análisis. No hubo detonación ni lesionados. Pero la moraleja queda flotando sobre el agua de la presa: en Chihuahua, hasta el casco —el más honesto de los objetos, ese que solo pide que lo pongas en tu cabeza— puede salirte respondón. Uno va a la presa a despejar la mente y termina aprendiendo que lo único que no hay que abrir en un día de campo es una bolsa blanca con casco adentro.