Once años después, un político avisa al periodista que casi lo levantan: el servicio postal más lento de Guanajuato
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Hay noticias frescas y hay noticias que llegan como carta extraviada por correo: con once años de retraso y sin disculpa por la demora. Esta semana, Periódico Notus recogió el relato de un político que, en plena plática, le soltó a un periodista una frase para enmarcar: "estabas en la lista también; te iban a levantar, pero no se animaron".
Según el relato, los hechos habrían ocurrido alrededor de 2015, en un municipio del suroeste del estado, cuando aquel personaje buscaba la reelección y, oh sorpresa, iba perdiendo. "Estaba muy enojado porque iba a perder, ya sabes que los ánimos se caldean", explicó el político, en lo que sin duda es la justificación más relajada de la historia para una presunta lista de secuestros. Los ánimos se caldean, sí, como cuando se te quema el arroz; la diferencia es el desenlace.
Lo entrañable del caso es el método de aviso. El político cuenta que él mismo se salvó porque uno de los presuntos sicarios lo conocía a él y a su hermano. O sea: en Guanajuato no te salva el Estado de derecho, te salva que el de enfrente te ubique de la secundaria. Networking de altísimo riesgo. Y al periodista, en lugar de avisarle en 2015 con un "oye, ten cuidado", se le informa en 2026, a manera de anécdota de sobremesa, como quien comparte que casi chocan en la glorieta.
Uno entiende que la política caliente los ánimos. Lo que cuesta digerir es la naturalidad con que se narra: la frase tiene el tono de quien comenta un partido viejo, no una amenaza contra la vida de dos personas. "Tú también estabas en esa lista", dijo, y seguramente se sirvió otro café.
Que conste: aquí no acusamos a nadie de nada. Faltaría más. Nos limitamos a admirar la gestión del tiempo guanajuatense, donde la verdad madura como queso de rancho: lenta, fuerte y soltando un olorcito que ya nadie quiere oler. Once años para enterarte de que estuviste en una lista. En ese plazo ya cambiaste de coche, de presidente municipal y hasta de creencias.
La moraleja para el gremio periodístico es clara y un poco escalofriante: en algunas regiones del estado, las amenazas no llegan por oficio ni por llamada anónima, sino por confesión espontánea una década después. Y para el ciudadano común, la lección es todavía más austera: reza por caerle bien a la gente correcta, porque al parecer esa es, hoy por hoy, la póliza de seguro más confiable del suroeste.
Según el relato, los hechos habrían ocurrido alrededor de 2015, en un municipio del suroeste del estado, cuando aquel personaje buscaba la reelección y, oh sorpresa, iba perdiendo. "Estaba muy enojado porque iba a perder, ya sabes que los ánimos se caldean", explicó el político, en lo que sin duda es la justificación más relajada de la historia para una presunta lista de secuestros. Los ánimos se caldean, sí, como cuando se te quema el arroz; la diferencia es el desenlace.
Lo entrañable del caso es el método de aviso. El político cuenta que él mismo se salvó porque uno de los presuntos sicarios lo conocía a él y a su hermano. O sea: en Guanajuato no te salva el Estado de derecho, te salva que el de enfrente te ubique de la secundaria. Networking de altísimo riesgo. Y al periodista, en lugar de avisarle en 2015 con un "oye, ten cuidado", se le informa en 2026, a manera de anécdota de sobremesa, como quien comparte que casi chocan en la glorieta.
Uno entiende que la política caliente los ánimos. Lo que cuesta digerir es la naturalidad con que se narra: la frase tiene el tono de quien comenta un partido viejo, no una amenaza contra la vida de dos personas. "Tú también estabas en esa lista", dijo, y seguramente se sirvió otro café.
Que conste: aquí no acusamos a nadie de nada. Faltaría más. Nos limitamos a admirar la gestión del tiempo guanajuatense, donde la verdad madura como queso de rancho: lenta, fuerte y soltando un olorcito que ya nadie quiere oler. Once años para enterarte de que estuviste en una lista. En ese plazo ya cambiaste de coche, de presidente municipal y hasta de creencias.
La moraleja para el gremio periodístico es clara y un poco escalofriante: en algunas regiones del estado, las amenazas no llegan por oficio ni por llamada anónima, sino por confesión espontánea una década después. Y para el ciudadano común, la lección es todavía más austera: reza por caerle bien a la gente correcta, porque al parecer esa es, hoy por hoy, la póliza de seguro más confiable del suroeste.