Amor estéril: la mosca que sacrifica su vida amorosa por el ganado chihuahuense
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En la lista de héroes anónimos de Chihuahua acaba de colarse un candidato inesperado: la mosca estéril. Como parte de la lucha contra el gusano barrenador, en el estado ya se liberaron más de 20 millones de pupas convertidas en moscas incapaces de reproducirse, y la estadística es de las que quitan el sueño: una sola de estas moscas puede impedir el nacimiento de hasta mil 200 nuevas moscas. Es decir, cada ejemplar carga sobre sus alitas una labor demográfica descomunal.
La estrategia es tan elegante como cruel para el insecto. Se cría a la mosca, se le somete a un proceso que la deja estéril y se le suelta al campo para que haga lo que hace cualquier mosca: buscar pareja. La diferencia es que de ese romance no sale nada. El galán llega, conquista, cumple el ritual completo… y la especie no avanza ni un milímetro. Aplicado a los humanos sería un drama; aplicado al gusano barrenador es política pública de primera.
Uno no puede evitar cierta ternura por el protagonista. Mientras medio Chihuahua batalla con aplicaciones, calendarios y consejos de la abuela para planear —o no planear— la familia, la Secretaría de Agricultura resolvió el problema del campo con una precisión que ya quisieran algunas farmacias. La mosca estéril es, sin exagerar, el método anticonceptivo más eficiente jamás desplegado en el estado, y lo ejecuta un bicho que ni siquiera sabe que es parte de un plan maestro.
Además, todo esto viene envuelto en marketing verde: la campaña se presenta como una lucha que se viste de color, con pupas convertidas en moscas y liberadas por millones. Suena a documental inspirador, y en el fondo lo es, porque detrás hay ganaderos que dependen de que este ejército casto haga bien su trabajo para evitar que una plaga arruine al hato chihuahuense.
Así que la próxima vez que una mosca ronde su carne asada, piénselo dos veces antes de espantarla con el periódico. Podría ser una servidora pública en misión estéril, sacrificando su descendencia por el bien del ganado. Pocos funcionarios en Chihuahua trabajan tanto y cobran tan poco.
La estrategia es tan elegante como cruel para el insecto. Se cría a la mosca, se le somete a un proceso que la deja estéril y se le suelta al campo para que haga lo que hace cualquier mosca: buscar pareja. La diferencia es que de ese romance no sale nada. El galán llega, conquista, cumple el ritual completo… y la especie no avanza ni un milímetro. Aplicado a los humanos sería un drama; aplicado al gusano barrenador es política pública de primera.
Uno no puede evitar cierta ternura por el protagonista. Mientras medio Chihuahua batalla con aplicaciones, calendarios y consejos de la abuela para planear —o no planear— la familia, la Secretaría de Agricultura resolvió el problema del campo con una precisión que ya quisieran algunas farmacias. La mosca estéril es, sin exagerar, el método anticonceptivo más eficiente jamás desplegado en el estado, y lo ejecuta un bicho que ni siquiera sabe que es parte de un plan maestro.
Además, todo esto viene envuelto en marketing verde: la campaña se presenta como una lucha que se viste de color, con pupas convertidas en moscas y liberadas por millones. Suena a documental inspirador, y en el fondo lo es, porque detrás hay ganaderos que dependen de que este ejército casto haga bien su trabajo para evitar que una plaga arruine al hato chihuahuense.
Así que la próxima vez que una mosca ronde su carne asada, piénselo dos veces antes de espantarla con el periódico. Podría ser una servidora pública en misión estéril, sacrificando su descendencia por el bien del ganado. Pocos funcionarios en Chihuahua trabajan tanto y cobran tan poco.