Michoacán recorta todo menos la ambición: presupuesto flaco, perros sin veterinario y un Juárez que casi se muda
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Amanece Michoacán con esa mezcla tan nuestra de tragicomedia dominical: llueve, pican las abejas, se recorta el presupuesto y, aun así, alguien encuentra tiempo para pelearse en Twitter. Empecemos por la tesorería de Morelia, que decidió apretarse el cinturón con la elegancia de quien baja de talla a machetazos: hasta 35 por ciento menos a las dependencias municipales. La única que salió ilesa fue Servicios Públicos, porque —nos explican— tiene muchas necesidades. Bendito sea el área que puede argumentar necesidades y que le crean; el resto de los morelianos también tenemos necesidades y aquí seguimos, esperando que nos pongan una banqueta pareja antes de la Cuaresma.
La aritmética municipal tiene su poesía. Mientras a las oficinas les cortan un tercio, la propia Contraloría recomienda cubrir laudos, contratistas y proveedores antes de que termine el año, no vaya a ser que 2026 se despida debiendo. Es el clásico presupuesto michoacano: austero para adentro, generoso con las deudas que ya venían de camino. Ajustan el gasto como quien apaga la luz de la sala pero deja prendido el boiler, el clima y las tres teles.
Hablando de promesas a medias, la clínica veterinaria municipal de Morelia cumple otro capítulo de su telenovela: 75 por ciento de avance y sin fecha para el equipo médico. O sea, tenemos las paredes, tenemos la buena intención, tenemos hasta el letrero mental; lo único que falta es aquello con lo que una clínica atiende animales. Es como comprar el estadio y olvidar el balón. Los perros de Morelia, mientras tanto, esperan con esa paciencia franciscana que ya quisieran ciertos regidores en época de presupuesto.
Y como en Michoacán la creatividad legislativa no descansa, en el Congreso estudian extender la obligación alimentaria de los papás hasta que los hijos cumplan 25 años. Aplauden los universitarios eternos, esos que llevan tres semestres reprobando Cálculo por vocación. Nos recuerdan que en Chile la cosa llega hasta los 21 y se estira a los 28, como si compitiéramos por ver qué país tarda más en soltarle la mesada a la juventud. La iniciativa es noble, no lo dudo; solo pregunto quién le avisa al muchacho de 24 años que, legalmente, sigue siendo el bebé de la casa mientras exige las llaves del coche.
En Zamora, en cambio, la historia estuvo a punto de moverse de lugar: nos enteramos de que el Monumento a Benito Juárez estuvo cerca de cambiar de sitio. Faltó poco para que el Benemérito, ese que consagró aquello del respeto al derecho ajeno, terminara reacomodado por el tránsito. Uno imagina a don Benito, tan quietecito él, resignado a que en pleno siglo XXI lo quieran mudar como sillón que estorba en la sala. Al final se quedó, gracias a Dios, porque ya bastante nos cuesta ponernos de acuerdo con los vivos para andar reubicando próceres.
La naturaleza también quiso opinar. Una tromba con granizo y ráfagas dejó árboles caídos sobre coches y taxis en Uruapan, recordándonos que en Michoacán basta una tarde de domingo para que el clima haga la poda que el municipio pospone todo el año. Y en el cerro de La Beata, once excursionistas fueron recibidos por un enjambre de abejas a la altura de la cueva del ermitaño. Los paseantes buscaban paz espiritual; encontraron himenópteros con mal carácter. Si el ermitaño se retiró al monte para que no lo molestaran, hay que reconocerle que contrató una seguridad envidiable.
En el terreno de la política, Ariadna Montiel salió a defender a Morena y a repartir estopa contra el llamado PRIAN, acusándolo de buscar apoyo en el extranjero por pura desesperación. La oposición, mientras tanto, se reúne en talleres a aprender narrativa persuasiva y a abrir casas ciudadanas, como quien organiza un curso de nado sincronizado cuando el barco ya lleva rato haciendo agua. Del otro lado, don Chon Orihuela reconoce que el PRI está alejado de la ciudadanía —diagnóstico valiente— pero jura que el priismo no ha muerto, solo está descansando. Todos tienen algo en común: nadie tiene la culpa de nada y todos van a ganar la próxima.
Y para cerrar el domingo con el tono que ya conocemos, dentro del Centro Penitenciario de Charo un hombre perdió la vida por un impacto de bala, con la CEDH abriendo queja de por medio. Duele por lo obvio: un penal es, por definición, el lugar donde el Estado tiene control absoluto de quién entra, qué entra y qué pasa adentro. Que ahí ocurra lo que ocurre afuera obliga a preguntar, sin sátira, por dónde entró lo que no debía entrar. En Michoacán recortamos presupuestos, movemos estatuas y legislamos mesadas eternas; ojalá pusiéramos la misma imaginación en las preguntas que de veras importan. Nos leemos el próximo destiempo, si el clima y el erario lo permiten.
La aritmética municipal tiene su poesía. Mientras a las oficinas les cortan un tercio, la propia Contraloría recomienda cubrir laudos, contratistas y proveedores antes de que termine el año, no vaya a ser que 2026 se despida debiendo. Es el clásico presupuesto michoacano: austero para adentro, generoso con las deudas que ya venían de camino. Ajustan el gasto como quien apaga la luz de la sala pero deja prendido el boiler, el clima y las tres teles.
Hablando de promesas a medias, la clínica veterinaria municipal de Morelia cumple otro capítulo de su telenovela: 75 por ciento de avance y sin fecha para el equipo médico. O sea, tenemos las paredes, tenemos la buena intención, tenemos hasta el letrero mental; lo único que falta es aquello con lo que una clínica atiende animales. Es como comprar el estadio y olvidar el balón. Los perros de Morelia, mientras tanto, esperan con esa paciencia franciscana que ya quisieran ciertos regidores en época de presupuesto.
Y como en Michoacán la creatividad legislativa no descansa, en el Congreso estudian extender la obligación alimentaria de los papás hasta que los hijos cumplan 25 años. Aplauden los universitarios eternos, esos que llevan tres semestres reprobando Cálculo por vocación. Nos recuerdan que en Chile la cosa llega hasta los 21 y se estira a los 28, como si compitiéramos por ver qué país tarda más en soltarle la mesada a la juventud. La iniciativa es noble, no lo dudo; solo pregunto quién le avisa al muchacho de 24 años que, legalmente, sigue siendo el bebé de la casa mientras exige las llaves del coche.
En Zamora, en cambio, la historia estuvo a punto de moverse de lugar: nos enteramos de que el Monumento a Benito Juárez estuvo cerca de cambiar de sitio. Faltó poco para que el Benemérito, ese que consagró aquello del respeto al derecho ajeno, terminara reacomodado por el tránsito. Uno imagina a don Benito, tan quietecito él, resignado a que en pleno siglo XXI lo quieran mudar como sillón que estorba en la sala. Al final se quedó, gracias a Dios, porque ya bastante nos cuesta ponernos de acuerdo con los vivos para andar reubicando próceres.
La naturaleza también quiso opinar. Una tromba con granizo y ráfagas dejó árboles caídos sobre coches y taxis en Uruapan, recordándonos que en Michoacán basta una tarde de domingo para que el clima haga la poda que el municipio pospone todo el año. Y en el cerro de La Beata, once excursionistas fueron recibidos por un enjambre de abejas a la altura de la cueva del ermitaño. Los paseantes buscaban paz espiritual; encontraron himenópteros con mal carácter. Si el ermitaño se retiró al monte para que no lo molestaran, hay que reconocerle que contrató una seguridad envidiable.
En el terreno de la política, Ariadna Montiel salió a defender a Morena y a repartir estopa contra el llamado PRIAN, acusándolo de buscar apoyo en el extranjero por pura desesperación. La oposición, mientras tanto, se reúne en talleres a aprender narrativa persuasiva y a abrir casas ciudadanas, como quien organiza un curso de nado sincronizado cuando el barco ya lleva rato haciendo agua. Del otro lado, don Chon Orihuela reconoce que el PRI está alejado de la ciudadanía —diagnóstico valiente— pero jura que el priismo no ha muerto, solo está descansando. Todos tienen algo en común: nadie tiene la culpa de nada y todos van a ganar la próxima.
Y para cerrar el domingo con el tono que ya conocemos, dentro del Centro Penitenciario de Charo un hombre perdió la vida por un impacto de bala, con la CEDH abriendo queja de por medio. Duele por lo obvio: un penal es, por definición, el lugar donde el Estado tiene control absoluto de quién entra, qué entra y qué pasa adentro. Que ahí ocurra lo que ocurre afuera obliga a preguntar, sin sátira, por dónde entró lo que no debía entrar. En Michoacán recortamos presupuestos, movemos estatuas y legislamos mesadas eternas; ojalá pusiéramos la misma imaginación en las preguntas que de veras importan. Nos leemos el próximo destiempo, si el clima y el erario lo permiten.