Piso parejo para todos (menos para el que camina por la banqueta)
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Hay semanas en que la Ciudad de México amanece con una sola consigna, repetida como padrenuestro en juntas vecinales, mítines de partido y bloqueos a media avenida: piso parejo. Lo exigen los comerciantes de la Alameda Central, que llevan días tomando el cruce de Juárez y Eje Central para pedir que no los discriminen y los dejen vender en pasillos y aceras; lo promete el PAN capitalino a sus aspirantes rumbo a 2027; lo reclama, en el fondo, cualquiera que haya visto cómo se reparten los metros cuadrados de un buen negocio. El piso parejo es el nuevo derecho humano de la capital. Lástima que el subsuelo esté tan disparejo.
Porque mientras arriba se negocia el nivel del piso, abajo se abre solo. En Iztacalco llevan cuatro días con dos socavones "reparados" con la más noble ingeniería nacional: una palada de tierra encima y fe. Y en la Línea 3 del Metro las fallas subieron 88 por ciento en un año —de siete mil a más de trece mil— precisamente en la línea del convoy que se descarriló haciendo una maniobra en el taller. Descarrilarse en el taller es un nivel de dificultad que ni el usuario más creativo había alcanzado: es como caerse de la cama estando ya sentado en el suelo. Nadie pidió piso parejo ahí, pero se agradecería piso, a secas.
La autoridad, eso sí, ofrece soluciones integrales. Al ambulante de la Alameda le proponen firmar un acuerdo para dejar solo siete puestos por grupo y descansar tres días a la semana, mientras a un costado los colectivos siguen operando a cualquier hora sin restricción. Es decir: piso parejo, pero unos pisan más parejo que otros. El comerciante lo resumió mejor que cualquier funcionario: "mejor que nos den un número viable". Traducción libre: aquí todos somos iguales, solo que algunos traen báscula propia.
Hablando de básculas, la de las concesionarias de autopistas urbanas marcó fiesta. En seis años triplicaron sus ingresos: de mil 266 millones a casi 3 mil 898 millones de pesos al año. ¿Y el gobierno? Recibió 158.8 millones de pesos como contraprestación en todo ese periodo. O sea, por cada peso que entra a la caseta, la ciudad se lleva un domingo siete de nieto agradecido. Piso parejo en el asfalto, cuentas disparejas en la ventanilla. Al menos ahí sí pavimentaron.
La democracia local, mientras tanto, celebró su propia jornada histórica. El IECM organizó la elección de comité vecinal y la consulta de presupuesto participativo en dos unidades territoriales, y el ganador arrasó con 92 y hasta 96 por ciento: el abstencionismo, único candidato invicto de la temporada. La consejera electoral la calificó de jornada "positiva", de "respeto" y "sin incidentes", lo cual es rigurosamente cierto: es imposible tener incidentes cuando casi nadie llegó a tenerlos. Fue una fiesta cívica con salón lleno de sillas y confeti para el que no vino.
Y no vinieron, quizá, porque andaban haciendo cuentas. Un estudio calcula que 86 de cada 100 pesos del mexicano promedio ya están gastados antes de cobrar: comida, renta y servicios se lo tragan todo, y queda un 14 por ciento para deudas, colegiaturas, ahorro y "imprevistos", categoría que en este país significa "todo lo demás". La quincena llega como invitado a su propia fiesta: saluda, se toma una foto y se va. Ahorrar de forma constante lo logra el 42 por ciento; el resto ya buscó su segundo ingreso, su tercero, y un tutorial de cómo estirar el gas.
Por si faltara suspenso, ahora también hay que registrar el celular so pena de suspensión escalonada: primero los que terminan en 0, luego en 1, y así hasta que a todos nos toque nuestro turno de vincular la CURP con la angustia. Si no lo hiciste, tranquilo: se recupera reactivando el número, en un trámite que suena a piso parejo digital y se siente a fila de módulo. Nada como perder llamadas, mensajes e internet para redescubrir el placer analógico de que nadie te encuentre.
En el plano nacional, la telenovela de la semana tuvo capítulo doble. A un hijo del expresidente le cancelaron la visa estadounidense y, dos días después, su hermano mayor apareció posando feliz frente a una tienda tejana famosa por sus baños relucientes y su tienda de conveniencia colosal. Uno se queda afuera del país; el otro manda saludos desde el mostrador de las botanas. La oposición ya montó su tendedero de acusaciones y el oficialismo respondió que son "actos desesperados". Piso parejo, otra vez, aunque un hermano pise Texas y el otro pise el freno.
Moraleja de la semana capitalina: todos queremos piso parejo, pero seguimos caminando de puntitas sobre un país lleno de socavones. Cuidado dónde pisa, estimado lector. Y si de plano se cae, no se preocupe: la brigada de Protección Civil ya viene con la tierrita.
Porque mientras arriba se negocia el nivel del piso, abajo se abre solo. En Iztacalco llevan cuatro días con dos socavones "reparados" con la más noble ingeniería nacional: una palada de tierra encima y fe. Y en la Línea 3 del Metro las fallas subieron 88 por ciento en un año —de siete mil a más de trece mil— precisamente en la línea del convoy que se descarriló haciendo una maniobra en el taller. Descarrilarse en el taller es un nivel de dificultad que ni el usuario más creativo había alcanzado: es como caerse de la cama estando ya sentado en el suelo. Nadie pidió piso parejo ahí, pero se agradecería piso, a secas.
La autoridad, eso sí, ofrece soluciones integrales. Al ambulante de la Alameda le proponen firmar un acuerdo para dejar solo siete puestos por grupo y descansar tres días a la semana, mientras a un costado los colectivos siguen operando a cualquier hora sin restricción. Es decir: piso parejo, pero unos pisan más parejo que otros. El comerciante lo resumió mejor que cualquier funcionario: "mejor que nos den un número viable". Traducción libre: aquí todos somos iguales, solo que algunos traen báscula propia.
Hablando de básculas, la de las concesionarias de autopistas urbanas marcó fiesta. En seis años triplicaron sus ingresos: de mil 266 millones a casi 3 mil 898 millones de pesos al año. ¿Y el gobierno? Recibió 158.8 millones de pesos como contraprestación en todo ese periodo. O sea, por cada peso que entra a la caseta, la ciudad se lleva un domingo siete de nieto agradecido. Piso parejo en el asfalto, cuentas disparejas en la ventanilla. Al menos ahí sí pavimentaron.
La democracia local, mientras tanto, celebró su propia jornada histórica. El IECM organizó la elección de comité vecinal y la consulta de presupuesto participativo en dos unidades territoriales, y el ganador arrasó con 92 y hasta 96 por ciento: el abstencionismo, único candidato invicto de la temporada. La consejera electoral la calificó de jornada "positiva", de "respeto" y "sin incidentes", lo cual es rigurosamente cierto: es imposible tener incidentes cuando casi nadie llegó a tenerlos. Fue una fiesta cívica con salón lleno de sillas y confeti para el que no vino.
Y no vinieron, quizá, porque andaban haciendo cuentas. Un estudio calcula que 86 de cada 100 pesos del mexicano promedio ya están gastados antes de cobrar: comida, renta y servicios se lo tragan todo, y queda un 14 por ciento para deudas, colegiaturas, ahorro y "imprevistos", categoría que en este país significa "todo lo demás". La quincena llega como invitado a su propia fiesta: saluda, se toma una foto y se va. Ahorrar de forma constante lo logra el 42 por ciento; el resto ya buscó su segundo ingreso, su tercero, y un tutorial de cómo estirar el gas.
Por si faltara suspenso, ahora también hay que registrar el celular so pena de suspensión escalonada: primero los que terminan en 0, luego en 1, y así hasta que a todos nos toque nuestro turno de vincular la CURP con la angustia. Si no lo hiciste, tranquilo: se recupera reactivando el número, en un trámite que suena a piso parejo digital y se siente a fila de módulo. Nada como perder llamadas, mensajes e internet para redescubrir el placer analógico de que nadie te encuentre.
En el plano nacional, la telenovela de la semana tuvo capítulo doble. A un hijo del expresidente le cancelaron la visa estadounidense y, dos días después, su hermano mayor apareció posando feliz frente a una tienda tejana famosa por sus baños relucientes y su tienda de conveniencia colosal. Uno se queda afuera del país; el otro manda saludos desde el mostrador de las botanas. La oposición ya montó su tendedero de acusaciones y el oficialismo respondió que son "actos desesperados". Piso parejo, otra vez, aunque un hermano pise Texas y el otro pise el freno.
Moraleja de la semana capitalina: todos queremos piso parejo, pero seguimos caminando de puntitas sobre un país lleno de socavones. Cuidado dónde pisa, estimado lector. Y si de plano se cae, no se preocupe: la brigada de Protección Civil ya viene con la tierrita.