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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 17 de agosto de 2026

La Línea 3 del Metro logra lo imposible: descarrilarse en el taller

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La Línea 3 del Metro logra lo imposible: descarrilarse en el taller
Cuando uno cree que la movilidad capitalina ya no puede sorprender, la Línea 3 del Metro llega con una hazaña digna de placa conmemorativa: uno de sus convoyes se descarriló durante una maniobra en los talleres de Ticomán. Sí, en el taller. En el único lugar del sistema donde se supone que un tren está seguro, quieto y bajo supervisión técnica, uno decidió salirse de las vías por iniciativa propia. Es como resbalarse en la clase de natación antes de meterse a la alberca.

No es un episodio aislado, y ahí está lo verdaderamente notable. Según datos de la propia Subdirección General de Operación del Sistema de Transporte Colectivo, las fallas en los trenes de esa línea aumentaron 88 por ciento en un año: pasaron de siete mil 39 en 2024 a 13 mil 278 en 2025. Trece mil doscientas setenta y ocho. El número es tan generoso que da para una falla cada 40 minutos, todos los días, sin descanso, como empleado modelo del mes. La mayoría se concentró en tracción, frenado y en las palancas de emergencia, ese trío que uno preferiría que nunca trabajara horas extra.

También hubo problemas en el pilotaje automático, en las puertas, en la generación de energía, en el mando y control y en la señalización, es decir, en prácticamente todo lo que hace que un tren sea un tren y no una lámina larga con asientos. A este ritmo, el logro de que las puertas abran y cierren a tiempo debería premiarse con serenata. El usuario, mientras tanto, ha desarrollado ese estoicismo tan chilango de subir al vagón encomendándose a todos los santos del andén.

La autoridad seguramente ofrecerá las palabras mágicas: mantenimiento, inversión, modernización, y quizá un nuevo comunicado con verbos en futuro. El problema es que el futuro, en el Metro, viene con retraso y suele quedarse detenido entre estaciones "por causas ajenas a la operación". Y no ayuda enterarse de que la ciudad planea comprar cerca de 500 autobuses nuevos para las periferias: excelente noticia para la superficie, aunque el que ya está abajo, atrapado entre dos estaciones con el aire acondicionado como concepto abstracto, quisiera primero que su tren no se descarrile ni siquiera cuando está estacionado.

Mientras tanto, celebremos lo que hay: un sistema que mueve millones de personas al día y que, contra toda estadística, casi siempre nos deja donde queríamos llegar. Solo que ahora, cada vez que un convoy pasa quietecito por el taller, conviene aplaudir. No por costumbre, sino por precaución.