Plan hídrico nivel dios: duplicar una presa que hoy no acaba de llenarse
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En la gran tradición regia de resolver la sed con folletos, el gobierno estatal anunció durante una gira que buscará duplicar la capacidad de almacenamiento de la presa El Cuchillo, ampliando la cortina para que quepa el doble de agua. El doble. Un gesto de ambición hídrica admirable, salvo por un pequeño matiz que aparece en letras chiquitas: ese mismo día, el reporte diario de Conagua registró descensos en el almacenamiento de La Boca, Cerro Prieto y El Cuchillo, con altas temperaturas y probabilidad de lluvia clasificada, textualmente, como nula.
Es el plan perfecto para un estado que confunde 'tener sed' con 'necesitar un vaso más grande'. No cae una gota, el nivel baja al corte de las seis de la mañana, y la solución oficial es agrandar el envase. Con esa filosofía, uno resuelve el hambre comprando un plato más hondo y espera que el guisado aparezca por convicción.
La venta del proyecto tampoco tiene desperdicio. Nos dicen que el embalse fue recuperado tras años de abandono para convertirlo en punto de turismo, pesca y actividad económica. Precioso. Van a agrandar la cortina para que quepan lanchas en un vaso que ahorita batalla para mantenerse arriba de la mitad. Es planear el muelle antes que el agua, decorar el jacuzzi mientras se corta el suministro.
Lo mejor es el argumento estelar: duplicar la capacidad permitiría aprovechar más agua durante huracanes y ciclones. O sea, la estrategia integral de abasto para tres millones de personas se resume en confiar en que, algún día, un ciclón pase por aquí con buena puntería y llene el tanque nuevo de un solo golpe. Mientras tanto, seguimos rezando al Golfo de México como quien espera que un tío rico se aparezca en Navidad.
Que quede claro: guardar agua para cuando llueva no es mala idea. Lo satírico no es la obra, es el orden. Primero anunciamos el doble de capacidad, luego vemos cómo llenamos la mitad que ya tenemos. En Nuevo León el futuro siempre está garantizado en la maqueta; es el presente el que anda seco. Ojalá la cortina nueva traiga incluida una nube.
Es el plan perfecto para un estado que confunde 'tener sed' con 'necesitar un vaso más grande'. No cae una gota, el nivel baja al corte de las seis de la mañana, y la solución oficial es agrandar el envase. Con esa filosofía, uno resuelve el hambre comprando un plato más hondo y espera que el guisado aparezca por convicción.
La venta del proyecto tampoco tiene desperdicio. Nos dicen que el embalse fue recuperado tras años de abandono para convertirlo en punto de turismo, pesca y actividad económica. Precioso. Van a agrandar la cortina para que quepan lanchas en un vaso que ahorita batalla para mantenerse arriba de la mitad. Es planear el muelle antes que el agua, decorar el jacuzzi mientras se corta el suministro.
Lo mejor es el argumento estelar: duplicar la capacidad permitiría aprovechar más agua durante huracanes y ciclones. O sea, la estrategia integral de abasto para tres millones de personas se resume en confiar en que, algún día, un ciclón pase por aquí con buena puntería y llene el tanque nuevo de un solo golpe. Mientras tanto, seguimos rezando al Golfo de México como quien espera que un tío rico se aparezca en Navidad.
Que quede claro: guardar agua para cuando llueva no es mala idea. Lo satírico no es la obra, es el orden. Primero anunciamos el doble de capacidad, luego vemos cómo llenamos la mitad que ya tenemos. En Nuevo León el futuro siempre está garantizado en la maqueta; es el presente el que anda seco. Ojalá la cortina nueva traiga incluida una nube.