Chihuahua celebra: ocho de cada diez hogares tienen internet para ver cómo suben los recibos de luz
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Detente un momento, ciudadano chihuahuense, y respira el aire del progreso (si es que no se lo llevó la sequía). Las cifras oficiales lo confirman: casi ocho de cada diez hogares del estado ya cuentan con internet, y un robusto 97.9% disfruta del milagro tecnológico llamado energía eléctrica. Estamos, prácticamente, en Silicon Valley, solo que con más polvo y menos sueldo.
Qué hermoso cuadro: el chihuahuense promedio, sentado en su sala, conectado a la red mundial, navegando con la velocidad de un correcaminos para hacer lo único verdaderamente útil que permite la modernidad: consultar en línea cuánto debe de la luz. Porque sí, gracias a ese 97.9% de cobertura eléctrica, ahora podemos ver el foco encendido Y el recibo que llega como notificación de banco a las tres de la madrugada.
La nota, en un giro digno de telenovela económica, nos recuerda con ternura que 'gran parte de los ingresos se destina a cubrir necesidades básicas' y que 'adoptar pequeños cambios puede marcar una diferencia significativa'. Traducción del eufemismo al español de a pie: apaga la luz, mijo, que para eso te pusimos internet, para que veas videos de cómo ahorrar luz con la luz apagada. La rueda de la sustentabilidad gira sola.
Uno imagina la conversación familiar en estos hogares del siglo XXI: '¿Tenemos internet?' 'Sí.' '¿Tenemos luz?' 'Casi todos.' '¿Tenemos para pagar las dos cosas?' Y ahí, queridos lectores, es donde el Wi-Fi se queda mudo, porque ni Google tiene respuesta para esa.
Resulta entrañable que se nos venda la conectividad como triunfo civilizatorio mientras el verdadero deporte estatal sigue siendo estirar la quincena como liga de hule hasta que truena. Ocho de cada diez hogares conectados, sí, pero conectados ¿a qué? Al grupo de WhatsApp de la familia donde el tío reenvía cadenas, a la videollamada que se congela justo cuando dices algo importante, y a la noble misión de buscar 'cómo bajar el recibo de la CFE' por enésima vez.
Y ese 2.1% que aún vive sin energía eléctrica nos observa, quizá, como los únicos verdaderamente libres: ni recibo, ni notificaciones, ni la tentación de comparar su vida con la de los influencers. Monjes del desierto chihuahuense, ascetas involuntarios del corte de servicio.
Así que celebremos, paisanos. Estamos conectados, iluminados y endeudados, la trinidad perfecta del progreso a la mexicana. Solo recuerden el consejo oficial: pequeños cambios, gran diferencia. Empiecen por leer esta nota rápido, antes de que se les acabe el dato o les corten la luz. Lo que pase primero.
Qué hermoso cuadro: el chihuahuense promedio, sentado en su sala, conectado a la red mundial, navegando con la velocidad de un correcaminos para hacer lo único verdaderamente útil que permite la modernidad: consultar en línea cuánto debe de la luz. Porque sí, gracias a ese 97.9% de cobertura eléctrica, ahora podemos ver el foco encendido Y el recibo que llega como notificación de banco a las tres de la madrugada.
La nota, en un giro digno de telenovela económica, nos recuerda con ternura que 'gran parte de los ingresos se destina a cubrir necesidades básicas' y que 'adoptar pequeños cambios puede marcar una diferencia significativa'. Traducción del eufemismo al español de a pie: apaga la luz, mijo, que para eso te pusimos internet, para que veas videos de cómo ahorrar luz con la luz apagada. La rueda de la sustentabilidad gira sola.
Uno imagina la conversación familiar en estos hogares del siglo XXI: '¿Tenemos internet?' 'Sí.' '¿Tenemos luz?' 'Casi todos.' '¿Tenemos para pagar las dos cosas?' Y ahí, queridos lectores, es donde el Wi-Fi se queda mudo, porque ni Google tiene respuesta para esa.
Resulta entrañable que se nos venda la conectividad como triunfo civilizatorio mientras el verdadero deporte estatal sigue siendo estirar la quincena como liga de hule hasta que truena. Ocho de cada diez hogares conectados, sí, pero conectados ¿a qué? Al grupo de WhatsApp de la familia donde el tío reenvía cadenas, a la videollamada que se congela justo cuando dices algo importante, y a la noble misión de buscar 'cómo bajar el recibo de la CFE' por enésima vez.
Y ese 2.1% que aún vive sin energía eléctrica nos observa, quizá, como los únicos verdaderamente libres: ni recibo, ni notificaciones, ni la tentación de comparar su vida con la de los influencers. Monjes del desierto chihuahuense, ascetas involuntarios del corte de servicio.
Así que celebremos, paisanos. Estamos conectados, iluminados y endeudados, la trinidad perfecta del progreso a la mexicana. Solo recuerden el consejo oficial: pequeños cambios, gran diferencia. Empiecen por leer esta nota rápido, antes de que se les acabe el dato o les corten la luz. Lo que pase primero.