Vallarta cierra cortinas: cuando la tarea a medias la termina el vecino de al lado
Tamaño de letra
Puerto Vallarta descubrió esta semana que se puede vivir sin muchas cosas, pero no sin agua. El desabasto —provocado por una obra prolongada en uno de los ductos principales de abastecimiento— obligó a decenas de comercios a bajar la cortina, sobre todo en el Centro y la zona Norte, mientras más de 130 colonias, principalmente de la parte alta, llevan días esperando que la llave dé señales de vida.
El origen del enredo es de esos que merecen su propio corrido. La reparación correspondía originalmente a la empresa concesionaria de la autopista Vía Corta Guadalajara-Puerto Vallarta, pero ante el incumplimiento en la conclusión de las obras, el trabajo tuvo que retomarlo SEAPAL, que ahora labora en una línea de 36 pulgadas y a cuatro metros de profundidad para restablecer el servicio. En cristiano: alguien dejó la tarea a medias y el organismo del agua tuvo que ponerse el overol para acabar lo ajeno. Un clásico de la vida en pareja, pero en versión hidráulica y municipal.
La parte que debería sonrojar a más de uno es quién salió al rescate. Mientras las cuadrillas colocaban estacas de resguardo y presumían tres pipas de 20 mil litros para Los Portales, Aramara y Las Juntas, la caballería llegó por otro lado: asociaciones civiles repartiendo agua colonia por colonia. Entre ellas, Vallarta Cares, un grupo de estadounidenses que desde hace más de cinco años apoya a la población y que ahora anda distribuyendo garrafones. Que en la Perla del Pacífico el operativo humanitario lo encabecen jubilados extranjeros no habla de su generosidad —que la tienen— sino de un municipio al que la contingencia le quedó grande.
El remate surrealista lo puso el propio Gobierno Municipal, que el mismo día presumió una edición del Mercado Vallarta Incluye en un centro comercial, con danza folclórica y música para amenizar. Nadie discute el valor de apoyar a emprendedores de grupos prioritarios; solo que ver bailar el jarabe mientras a media ciudad no le sale ni un chorrito tiene un timing digno de aplauso irónico. Al final, Vallarta demostró su temple: aquí puede faltar el agua, pero jamás el folclor. Que alguien pase la pipa, por favor.
El origen del enredo es de esos que merecen su propio corrido. La reparación correspondía originalmente a la empresa concesionaria de la autopista Vía Corta Guadalajara-Puerto Vallarta, pero ante el incumplimiento en la conclusión de las obras, el trabajo tuvo que retomarlo SEAPAL, que ahora labora en una línea de 36 pulgadas y a cuatro metros de profundidad para restablecer el servicio. En cristiano: alguien dejó la tarea a medias y el organismo del agua tuvo que ponerse el overol para acabar lo ajeno. Un clásico de la vida en pareja, pero en versión hidráulica y municipal.
La parte que debería sonrojar a más de uno es quién salió al rescate. Mientras las cuadrillas colocaban estacas de resguardo y presumían tres pipas de 20 mil litros para Los Portales, Aramara y Las Juntas, la caballería llegó por otro lado: asociaciones civiles repartiendo agua colonia por colonia. Entre ellas, Vallarta Cares, un grupo de estadounidenses que desde hace más de cinco años apoya a la población y que ahora anda distribuyendo garrafones. Que en la Perla del Pacífico el operativo humanitario lo encabecen jubilados extranjeros no habla de su generosidad —que la tienen— sino de un municipio al que la contingencia le quedó grande.
El remate surrealista lo puso el propio Gobierno Municipal, que el mismo día presumió una edición del Mercado Vallarta Incluye en un centro comercial, con danza folclórica y música para amenizar. Nadie discute el valor de apoyar a emprendedores de grupos prioritarios; solo que ver bailar el jarabe mientras a media ciudad no le sale ni un chorrito tiene un timing digno de aplauso irónico. Al final, Vallarta demostró su temple: aquí puede faltar el agua, pero jamás el folclor. Que alguien pase la pipa, por favor.