El INE nunca tiene desabasto: aparece bolsa de casi 11 mil millones para los partidos
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Mientras en varias ciudades del país se raciona el agua y se pide no desperdiciar ni una gota, en el Instituto Nacional Electoral sacaron la calculadora y, como quien no quiere la cosa, brotó una bolsita de 10 mil 842 millones 653 mil 927 pesos para financiar a los partidos políticos rumbo a los comicios de 2027. Ahí sí no hubo contingencia, ni ducto roto, ni pipa que valiera: el flujo llegó completito y a presión.
El desglose es para enmarcarse: 7 mil 879 millones de pesos irán a las actividades ordinarias permanentes de las ocho fuerzas nacionales, otros 2 mil 363 millones se destinarán a la bolsa de campaña para renovar la Cámara de Diputados, y 47.2 millones se reservaron para las candidaturas independientes —el equivalente político a las propinas. El dictamen ya avanzó en comisiones y solo falta el visto bueno del Consejo General, ese trámite que en la democracia mexicana rara vez le falla al presupuesto partidista.
Como si la escena necesitara más sabor, el mismo órgano electoral le ordenó a la agrupación de reciente registro Somos México que modifique su nombre, su logotipo y su color institucional antes del 30 de agosto, porque la denominación y el uso del rosa mexicano "generan confusión en el electorado". Uno entiende la preocupación por la claridad cromática, aunque cuesta creer que lo que confunde al ciudadano de a pie sea precisamente un tono de rosa y no el hecho de que cada tres años se repartan miles de millones sin que nadie sepa muy bien en qué se van. La agrupación, por cierto, ya impugnó la resolución: al parecer el rosa mexicano se defiende.
Hay algo poético en la aritmética nacional. Los presupuestos para hospitales se estiran, los institutos de cancerología salen a pedir donaciones, los municipios pelean descuentos por adeudos de agua y las obras se quedan a medias. Pero cuando se trata de financiar partidos, el país descubre de pronto una vena de generosidad que ya quisieran las causas verdaderamente urgentes. Que conste: es dinero perfectamente legal, aprobado conforme a la ley. Lo único que pedimos es coherencia: si de verdad hay que cuidar cada peso, empecemos por explicar por qué la única llave que nunca se cierra en México es la que llena las arcas de los colores —rosa mexicano incluido—.
El desglose es para enmarcarse: 7 mil 879 millones de pesos irán a las actividades ordinarias permanentes de las ocho fuerzas nacionales, otros 2 mil 363 millones se destinarán a la bolsa de campaña para renovar la Cámara de Diputados, y 47.2 millones se reservaron para las candidaturas independientes —el equivalente político a las propinas. El dictamen ya avanzó en comisiones y solo falta el visto bueno del Consejo General, ese trámite que en la democracia mexicana rara vez le falla al presupuesto partidista.
Como si la escena necesitara más sabor, el mismo órgano electoral le ordenó a la agrupación de reciente registro Somos México que modifique su nombre, su logotipo y su color institucional antes del 30 de agosto, porque la denominación y el uso del rosa mexicano "generan confusión en el electorado". Uno entiende la preocupación por la claridad cromática, aunque cuesta creer que lo que confunde al ciudadano de a pie sea precisamente un tono de rosa y no el hecho de que cada tres años se repartan miles de millones sin que nadie sepa muy bien en qué se van. La agrupación, por cierto, ya impugnó la resolución: al parecer el rosa mexicano se defiende.
Hay algo poético en la aritmética nacional. Los presupuestos para hospitales se estiran, los institutos de cancerología salen a pedir donaciones, los municipios pelean descuentos por adeudos de agua y las obras se quedan a medias. Pero cuando se trata de financiar partidos, el país descubre de pronto una vena de generosidad que ya quisieran las causas verdaderamente urgentes. Que conste: es dinero perfectamente legal, aprobado conforme a la ley. Lo único que pedimos es coherencia: si de verdad hay que cuidar cada peso, empecemos por explicar por qué la única llave que nunca se cierra en México es la que llena las arcas de los colores —rosa mexicano incluido—.