La telenovela de la visa: carta a Trump, cierre de filas y consultas al psicólogo
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Pocas cosas unen tanto a la clase política mexicana como una visa cancelada. Tras la revocación del visado estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán —"Andy"—, el país entero se dividió en dos bandos que, por una vez, coincidieron en algo: en que el asunto daba para telenovela de horario estelar.
El protagonista abrió el capítulo con una carta dirigida al presidente Trump, en la que aseguró que no cuenta "con ninguna prueba en su contra acerca de algún acto inmoral o delictivo" y que no está relacionado con ninguna actividad ilícita. Escribirle directamente a la Casa Blanca para aclarar por qué le quitaron el papelito es, hay que reconocerlo, un movimiento de guion audaz: mitad descargo, mitad postal de reclamo. La FGR, por su parte, salió a desmentir que exista una investigación en su contra por huachicol fiscal, calificando de "información falsa" las denuncias promovidas principalmente por la oposición y aclarando que "no hay datos de prueba".
La cúpula de Morena reaccionó como buena familia en velorio ajeno: cerró filas y arropó al aludido, denunciando una "intencionalidad política" detrás de la decisión de Estados Unidos. La jefa de Gobierno capitalina expresó su respaldo, y el argumento oficial fue que la visa es facultad discrecional de otro país —cosa cierta— y que todo huele a presión. Del otro lado del cuadrilátero, el PAN en Jalisco preguntó con sorna "¿qué sabe Estados Unidos que México no quiere investigar?", Xóchitl Gálvez le sugirió "dejar de usar el apellido de tu papá" —aunque admitió no tener pruebas a la mano— y el priista Rubén Moreira remató con la línea más cruel de la jornada: que Andy "está para un psicólogo". Como terapia de grupo, la política mexicana deja mucho que desear; como espectáculo, es imbatible.
Encima, el PRI de Tabasco lo denunció ante el INE por presuntas campañas anticipadas, acusándolo de un "posicionamiento electoral" fuera de tiempo. Es decir: mientras unos lo defienden de Washington, otros lo acusan de hacer precampaña, y él responde cartas transatlánticas. Todo al mismo tiempo, todo en vivo.
Aquí no vamos a decidir quién tiene razón —eso les toca a las autoridades competentes, que para eso cobran—. Lo que sí podemos afirmar sin miedo a demanda es que el país entero está gastando toneladas de saliva y titulares en una visa, ese documento que millones de mexicanos tramitan haciendo cola desde las cinco de la mañana sin escribirle jamás una carta al presidente estadounidense. La moraleja, por hoy, es sencilla: en México la política se ha vuelto un consulado, y todos quieren opinar sobre el sello que les negaron a otros.
El protagonista abrió el capítulo con una carta dirigida al presidente Trump, en la que aseguró que no cuenta "con ninguna prueba en su contra acerca de algún acto inmoral o delictivo" y que no está relacionado con ninguna actividad ilícita. Escribirle directamente a la Casa Blanca para aclarar por qué le quitaron el papelito es, hay que reconocerlo, un movimiento de guion audaz: mitad descargo, mitad postal de reclamo. La FGR, por su parte, salió a desmentir que exista una investigación en su contra por huachicol fiscal, calificando de "información falsa" las denuncias promovidas principalmente por la oposición y aclarando que "no hay datos de prueba".
La cúpula de Morena reaccionó como buena familia en velorio ajeno: cerró filas y arropó al aludido, denunciando una "intencionalidad política" detrás de la decisión de Estados Unidos. La jefa de Gobierno capitalina expresó su respaldo, y el argumento oficial fue que la visa es facultad discrecional de otro país —cosa cierta— y que todo huele a presión. Del otro lado del cuadrilátero, el PAN en Jalisco preguntó con sorna "¿qué sabe Estados Unidos que México no quiere investigar?", Xóchitl Gálvez le sugirió "dejar de usar el apellido de tu papá" —aunque admitió no tener pruebas a la mano— y el priista Rubén Moreira remató con la línea más cruel de la jornada: que Andy "está para un psicólogo". Como terapia de grupo, la política mexicana deja mucho que desear; como espectáculo, es imbatible.
Encima, el PRI de Tabasco lo denunció ante el INE por presuntas campañas anticipadas, acusándolo de un "posicionamiento electoral" fuera de tiempo. Es decir: mientras unos lo defienden de Washington, otros lo acusan de hacer precampaña, y él responde cartas transatlánticas. Todo al mismo tiempo, todo en vivo.
Aquí no vamos a decidir quién tiene razón —eso les toca a las autoridades competentes, que para eso cobran—. Lo que sí podemos afirmar sin miedo a demanda es que el país entero está gastando toneladas de saliva y titulares en una visa, ese documento que millones de mexicanos tramitan haciendo cola desde las cinco de la mañana sin escribirle jamás una carta al presidente estadounidense. La moraleja, por hoy, es sencilla: en México la política se ha vuelto un consulado, y todos quieren opinar sobre el sello que les negaron a otros.