Setenta y cuatro entradas al bote y sigue sin ganarse la tarjeta de cliente frecuente
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Hay carreras que se construyen a base de constancia, y la de un irapuatense de 33 años es un monumento a la perseverancia mal encaminada: 74 ingresos a la cárcel. Setenta y cuatro. La mayoría de la gente no llega a 74 de nada —ni cumpleaños, ni goles, ni tandas—, y este señor los acumuló en celdas desde que era adolescente, según su historial: tentativa de robo, posesión de droga, robo de motocicleta, daños, riña, merodeo de domicilios y negocios, más un proceso por delitos contra la salud. Un currículum tan surtido que ya no es expediente, es catálogo.
Esta vez, cuenta la Policía Municipal, lo detuvieron porque merodeaba 'sospechosamente' una tienda en la colonia Malvas Revolución. Al no explicar qué hacía ahí, los agentes lo revisaron, lo consultaron en las bases de datos y —oh, sorpresa— apareció con una orden de aprehensión vigente por homicidio calificado. Es decir, andaba libre, en la calle, dando la vuelta a una tienda como cualquier vecino que salió por unas Sabritas.
Y aquí es donde uno deja de reírse del personaje y empieza a reírse —de puro nervio— del sistema. Porque 74 entradas significan 74 salidas. Alguien lo dejó salir setenta y cuatro veces. La puerta de la justicia guanajuatense no es puerta, es tornillo sin fin: entra, sale, entra, sale, con la eficiencia de un torniquete de metro en hora pico. A este ritmo, la cárcel debería mandarle una felicitación por antigüedad y estacionamiento reservado.
Uno imagina la escena administrativa: el custodio que ya lo saluda por su nombre, el juez que reconoce la letra del oficio, el archivo que abre carpeta nueva con un suspiro. Setenta y cuatro veces el aparato de justicia lo detuvo, lo procesó, lo registró… y setenta y cuatro veces algo, en algún escritorio, decidió que mejor a la calle. No hace falta inventar nada: los números hablan solos, y lo que gritan es que atrapar es fácil y retener es el verdadero misterio guanajuatense.
La moraleja no es sobre él, es sobre nosotros: en una entidad donde recuperar una placa perdida toma meses, resulta que soltar a alguien con orden por homicidio se hace en tiempo récord. Si tan solo trataran las órdenes de aprehensión con la misma severidad con la que tratan las multas de tránsito, otro gallo cantaría. Por lo pronto, el señor ya sabe el camino de regreso. Se lo sabe de memoria: 74 veces lo ha caminado.
Esta vez, cuenta la Policía Municipal, lo detuvieron porque merodeaba 'sospechosamente' una tienda en la colonia Malvas Revolución. Al no explicar qué hacía ahí, los agentes lo revisaron, lo consultaron en las bases de datos y —oh, sorpresa— apareció con una orden de aprehensión vigente por homicidio calificado. Es decir, andaba libre, en la calle, dando la vuelta a una tienda como cualquier vecino que salió por unas Sabritas.
Y aquí es donde uno deja de reírse del personaje y empieza a reírse —de puro nervio— del sistema. Porque 74 entradas significan 74 salidas. Alguien lo dejó salir setenta y cuatro veces. La puerta de la justicia guanajuatense no es puerta, es tornillo sin fin: entra, sale, entra, sale, con la eficiencia de un torniquete de metro en hora pico. A este ritmo, la cárcel debería mandarle una felicitación por antigüedad y estacionamiento reservado.
Uno imagina la escena administrativa: el custodio que ya lo saluda por su nombre, el juez que reconoce la letra del oficio, el archivo que abre carpeta nueva con un suspiro. Setenta y cuatro veces el aparato de justicia lo detuvo, lo procesó, lo registró… y setenta y cuatro veces algo, en algún escritorio, decidió que mejor a la calle. No hace falta inventar nada: los números hablan solos, y lo que gritan es que atrapar es fácil y retener es el verdadero misterio guanajuatense.
La moraleja no es sobre él, es sobre nosotros: en una entidad donde recuperar una placa perdida toma meses, resulta que soltar a alguien con orden por homicidio se hace en tiempo récord. Si tan solo trataran las órdenes de aprehensión con la misma severidad con la que tratan las multas de tránsito, otro gallo cantaría. Por lo pronto, el señor ya sabe el camino de regreso. Se lo sabe de memoria: 74 veces lo ha caminado.