Diecisiete mil firmas para defender la Patria, la Familia y la Libertad, por si andaban desprotegidas
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Buenas noticias para quienes temían que la Patria, la Familia y la Libertad anduvieran por ahí a la derida, sin nadie que las cuidara: ya hay voluntario, y viene con papeleo. Un aspirante que se presenta bajo ese título de tres pisos —Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad— anunció que entregará tres mil firmas adicionales para rebasar los 17 mil respaldos ciudadanos. La meta que le pedían era de alrededor de seis mil. O sea que juntó casi el triple. Cuando a uno le piden seis y entrega diecisiete, ya no es cumplir: es presumir.
Admiremos primero la ambición del nombramiento. Defender una sola cosa ya es trabajo de tiempo completo; defender tres, y con mayúsculas, es prácticamente una liga de superhéroes en un solo señor. A este paso, la próxima convocatoria pedirá defender también la Esperanza, el Buen Gusto y el Horario de Verano. Porque en cuanto uno abre la puerta a los conceptos abstractos, ya no la cierra.
Lo del triple de firmas es lo verdaderamente jugoso. En política, el exceso de entusiasmo siempre despierta una pregunta incómoda: ¿por qué tantas? Cuando el requisito es seis mil y tú apareces con diecisiete mil, no queda claro si es que te sobra respaldo o si es que temías que, contadas con lupa, no todas sobrevivieran el conteo. Es el mismo instinto del estudiante que entrega un trabajo de cuarenta cuartillas cuando pedían diez: por si acaso, mejor abrumar al revisor. La cantidad como argumento.
Y mientras este aspirante desborda de rúbricas, conviene recordar el contraste cruel que vive el Bajío: en Huanímaro, a un año de las elecciones, los partidos no encuentran a nadie que quiera ser candidato a la alcaldía. Uno tiene firmas para aventar para arriba; el otro municipio no tiene ni a quién ponerle una pluma en la mano. Así de caprichosa es la vocación política: se amontona toda en un lugar y deja seco el de junto.
Que quede claro: juntar 17 mil firmas es, técnicamente, un logro. La militancia se pesa, se cuenta, se presume. Pero también es un recordatorio de que en la temporada de precampañas todo se mide en volumen antes que en contenido, y que el ciudadano promedio firmará casi cualquier cosa que le pongan enfrente en el tianguis, sobre todo si viene con la palabra 'Libertad' en mayúscula y una sonrisa. La Patria, por lo pronto, puede dormir tranquila: tiene diecisiete mil testigos de que alguien prometió defenderla.
Admiremos primero la ambición del nombramiento. Defender una sola cosa ya es trabajo de tiempo completo; defender tres, y con mayúsculas, es prácticamente una liga de superhéroes en un solo señor. A este paso, la próxima convocatoria pedirá defender también la Esperanza, el Buen Gusto y el Horario de Verano. Porque en cuanto uno abre la puerta a los conceptos abstractos, ya no la cierra.
Lo del triple de firmas es lo verdaderamente jugoso. En política, el exceso de entusiasmo siempre despierta una pregunta incómoda: ¿por qué tantas? Cuando el requisito es seis mil y tú apareces con diecisiete mil, no queda claro si es que te sobra respaldo o si es que temías que, contadas con lupa, no todas sobrevivieran el conteo. Es el mismo instinto del estudiante que entrega un trabajo de cuarenta cuartillas cuando pedían diez: por si acaso, mejor abrumar al revisor. La cantidad como argumento.
Y mientras este aspirante desborda de rúbricas, conviene recordar el contraste cruel que vive el Bajío: en Huanímaro, a un año de las elecciones, los partidos no encuentran a nadie que quiera ser candidato a la alcaldía. Uno tiene firmas para aventar para arriba; el otro municipio no tiene ni a quién ponerle una pluma en la mano. Así de caprichosa es la vocación política: se amontona toda en un lugar y deja seco el de junto.
Que quede claro: juntar 17 mil firmas es, técnicamente, un logro. La militancia se pesa, se cuenta, se presume. Pero también es un recordatorio de que en la temporada de precampañas todo se mide en volumen antes que en contenido, y que el ciudadano promedio firmará casi cualquier cosa que le pongan enfrente en el tianguis, sobre todo si viene con la palabra 'Libertad' en mayúscula y una sonrisa. La Patria, por lo pronto, puede dormir tranquila: tiene diecisiete mil testigos de que alguien prometió defenderla.