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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 14 de agosto, 2026
Jalisco Nota 20 de junio de 2026

Geopolítica de banqueta: cómo perder una guerra y aún así pedir aplausos

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Geopolítica de banqueta: cómo perder una guerra y aún así pedir aplausos
Hay derrotas que se disfrazan de comunicados y comunicados que se disfrazan de victorias, y esta semana nos tocó ver el espectáculo completo, como quien va al Teatro Degollado pero sin la dignidad de la orquesta. Resulta que, según las plumas de El Informador, Estados Unidos firmó con Irán un acuerdo que, leído sin anestesia, suena a rendición con membrete bonito. Ninguno de los objetivos de casi cien días de guerra se cumplió: ni cayó el régimen de los ayatolás, ni se destruyeron sus misiles, ni su uranio. A cambio, Washington levantó el bloqueo de Ormuz, quitó sanciones y dejó vender el petróleo iraní sin restricción. Es decir: entró pateando la puerta y salió pidiendo disculpas por el ruido.

Lo mejor viene en la letra chiquita, ese Memorándum de Entendimiento firmado nada menos que en Versalles, porque si vas a perder, pierde con vista a los jardines franceses. El párrafo 2 compromete a ambos países a respetar su soberanía y no meterse en asuntos internos del otro. Conmovedor. Es el equivalente diplomático de salir corriendo de una cantina y, ya en la banqueta, gritar 'igual y mejor ahí lo dejamos, ¿no?'. El párrafo 4 remata: Estados Unidos se compromete a retirar sus fuerzas de las cercanías de Irán. Traducción para tapatíos: 'me voy, pero porque yo quiero, no porque me corrieron'. Clásico.

Y aquí entra el segundo acto, ese paralelo delicioso que rescata la columna de al lado: Trump celebrando como triunfo la reapertura del Estrecho de Ormuz —ese pasito marítimo por donde transita la quinta parte del petróleo y los fertilizantes del mundo— cuando fue justo su aventura la que lo cerró. Es como prender el cerillo, incendiar la huerta y luego cobrar entrada por apagarla. Mientras tanto, del otro lado del Atlántico, el ejercicio era contrastar a Sheinbaum y la monarquía española, esa otra disputa de honores y disculpas que nunca llegan, donde también se mide quién pide perdón a quién y quién finge que no pasó nada.

La moraleja, querido lector de a pie, es que la diplomacia mundial opera con la misma lógica que un pleito de quinceañera en Zapopan: lo importante no es ganar, es el comunicado. Que se cierren estrechos, que se disparen misiles, que suba el precio de la urea con la que se fertiliza medio campo jalisciense —porque sí, ese drama lejano termina pegando en el costo del jitomate del mercado—; nada de eso importa tanto como la foto, el apretón de manos y el párrafo redactado para que cada quien lea lo que quiera leer.

Así que la próxima vez que alguien le diga que perdió un trato, una elección o un pleito vecinal, recomiéndele la escuela versallesca: firme un memorándum, hable de soberanía mutua, prometa retirarse 'voluntariamente' y mande imprimir la palabra 'histórico'. Funciona en Medio Oriente, funciona entre coronas y presidencias, y seguramente funcionaría hasta para explicar por qué el bachecito de su colonia sigue ahí, ahora con acuerdo de no agresión incluido.