El regreso del 'toca toca': un chaleco que aclara que sus acciones sí son de verdad
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En política mexicana nadie muere del todo; a lo mucho se toma vacaciones. Prueba de ello es la reaparición de un exalcalde de San Miguel de Allende —que además fue exsenador y exdiputado federal, un currículum que se lee como itinerario de central camionera— sumándose a una movilización del PAN. La actividad tiene un nombre encantadoramente honesto: el 'toca toca'. Consiste, básicamente, en tocar puertas. Toda una revolución metodológica: recordar que del otro lado de la puerta vive un ciudadano.
El detalle sartorial es lo que eleva la crónica a obra de arte. Nuestro personaje portó un chaleco azul con la leyenda 'Acciones de verdad'. Detengámonos ahí. 'De verdad'. Es un adjetivo defensivo, casi tierno. Uno solo aclara que algo es verdadero cuando sospecha que le van a decir que es falso. Nadie anuncia 'tacos de verdad' a menos que el vecino venda tacos de mentiras. Que un político sienta la necesidad de estampar en su pecho que sus acciones son auténticas dice más del gremio que cualquier encuesta.
La escena, según lo reportado, fue de manual: recorrió calles, tocó puertas, conversó con habitantes y repartió propaganda. El kit completo del reencuentro con las bases. Y funciona, porque la política de banqueta tiene algo hipnótico: el ciudadano abre, saluda, recibe su volante y se queda con la agradable sensación de que lo tomaron en cuenta durante los treinta segundos que dura el afecto de precampaña.
Hay, además, un dato biográfico que le pone salsa al asado: el reaparecido es actualmente esposo de la gobernadora de Aguascalientes. Es decir, estamos ante un federalismo doméstico de altos vuelos, donde el poder no se hereda pero sí se casa. La política mexicana es esa gran familia extendida donde todos, de algún modo, terminan sentados a la misma mesa —y varios repiten plato.
No hay que exagerar el asombro: reaparecer es el deporte nacional de los expolíticos, y el PAN guanajuatense necesita cuadros que ya sepan por dónde se agarra una puerta. Lo llamativo no es que vuelva, sino la naturalidad con la que el ciclo se repite: el que fue senador toca timbres como novato entusiasta, el chaleco jura autenticidad y el vecino asiente por educación. Bienvenido de nuevo a la cancha. Y ojo con el chaleco: si tuvieron que aclarar que las acciones son de verdad, uno se queda pensando en todas las otras que, calladamente, no lo eran.
El detalle sartorial es lo que eleva la crónica a obra de arte. Nuestro personaje portó un chaleco azul con la leyenda 'Acciones de verdad'. Detengámonos ahí. 'De verdad'. Es un adjetivo defensivo, casi tierno. Uno solo aclara que algo es verdadero cuando sospecha que le van a decir que es falso. Nadie anuncia 'tacos de verdad' a menos que el vecino venda tacos de mentiras. Que un político sienta la necesidad de estampar en su pecho que sus acciones son auténticas dice más del gremio que cualquier encuesta.
La escena, según lo reportado, fue de manual: recorrió calles, tocó puertas, conversó con habitantes y repartió propaganda. El kit completo del reencuentro con las bases. Y funciona, porque la política de banqueta tiene algo hipnótico: el ciudadano abre, saluda, recibe su volante y se queda con la agradable sensación de que lo tomaron en cuenta durante los treinta segundos que dura el afecto de precampaña.
Hay, además, un dato biográfico que le pone salsa al asado: el reaparecido es actualmente esposo de la gobernadora de Aguascalientes. Es decir, estamos ante un federalismo doméstico de altos vuelos, donde el poder no se hereda pero sí se casa. La política mexicana es esa gran familia extendida donde todos, de algún modo, terminan sentados a la misma mesa —y varios repiten plato.
No hay que exagerar el asombro: reaparecer es el deporte nacional de los expolíticos, y el PAN guanajuatense necesita cuadros que ya sepan por dónde se agarra una puerta. Lo llamativo no es que vuelva, sino la naturalidad con la que el ciclo se repite: el que fue senador toca timbres como novato entusiasta, el chaleco jura autenticidad y el vecino asiente por educación. Bienvenido de nuevo a la cancha. Y ojo con el chaleco: si tuvieron que aclarar que las acciones son de verdad, uno se queda pensando en todas las otras que, calladamente, no lo eran.