Morelia estrena museo de arte contemporáneo; la pieza más cara se titula 'Adeudo'
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Hubo un tiempo en que el Palacio Municipal de Morelia servía para cosas vulgares: sacar copias, pagar el predial, hacer fila bajo la cantera rosa. Se acabó esa época gris. Don Alfonso Martínez anunció que el inmueble del Centro Histórico dejará de ser sede de oficinas para convertirse en museo de arte contemporáneo y audiovisual. Por fin la cantera tendrá el destino que merece —ser contemplada— y no ese uso menor de resolver los problemas de la gente. Uno entraba buscando el registro civil y ahora saldrá reflexionando sobre la fragilidad de la existencia. Servicio integral.
Pero lo verdaderamente contemporáneo no colgará de las paredes. La instalación más audaz de la temporada la firmó la Tesorería municipal: un adeudo de 700 millones de pesos a proveedores y contratistas. Arte conceptual del fino: no se ve, no se toca, pero ahí está, y lo sienten todos los que le fiaron al Ayuntamiento. El tesorero promete que el monto quedará cubierto al concluir la administración, aplicando esa técnica ancestral del 'ahí lo vamos resolviendo' que en Michoacán dominamos como nadie. Es el único museo del país donde la deuda entra sola por la puerta y sin pagar boleto.
Mientras la capital se vuelve galería, en Zacapu y Purépero se cocina otra obra plástica: el propio gobernador confirmó que persiste la tala ilegal por la expansión de huertas de aguacate. El oro verde avanza, el bosque retrocede, y todos hacemos como que no entendemos de dónde salió tanto guacamole. Nos gusta el aguacate crudo, con limón, y también nos gusta el bosque en pie; el problema es que últimamente hay que escoger, y ya sabemos por cuál se está inclinando el mercado. Un día vamos a pedir sombra y nos van a ofrecer una huerta.
En el terreno de los sabores recalentados, el senador y aspirante Raúl Morón declaró que el discurso de que 'es tiempo de las mujeres' ya está 'muy refriteado' y que la convocatoria no dice en ningún lado que le toque a una mujer. Viniendo de la política michoacana, hablar de refritos es de un valor casi heroico: aquí el recalentado es la base de la gastronomía electoral. Los mismos nombres, las mismas caras, el mismo sartén desde hace sexenios, pero el señor detecta que lo refriteado es, justamente, la idea nueva. Fino paladar.
La política michoacana venía animada. Jesús Zambrano, exdirigente del difunto PRD, salió a sostener que en el estado hay 'un narcogobierno', frase con la que se garantiza titulares por una semana y cero responsabilidades por el resto del año. Del PRD hablar es casi arqueología: partido que se dedicó tantos años a repartirse candados que se le olvidó guardar la puerta. Y del otro lado, la señora Fabiola Alanís y la consejera Luisa Alcalde debaten sobre un presunto 'ecosistema digital' y una 'lista negra', porque en 2026 las grillas ya no se hacen en la cantina, se hacen en la nube, con la misma nobleza pero con mejor cobertura.
En la Ciudad de México, la Fiscalía General de la República tuvo que salir un lunes cualquiera a aclarar que no tiene testigos protegidos ni pruebas con la 'fuerza legal necesaria' contra Andy López Beltrán por el huachicol fiscal. Nada tranquiliza tanto a la ciudadanía como un desmentido tan enérgico y tan puntual: cuando la autoridad se apresura a jurar que no hay nada, uno duerme como bebé no reclamado. Hablando de lo cual, la Iglesia católica pidió sepultura digna para los bebés no reclamados; en un país que a los vivos tampoco les resuelve mucho, atender por fin un pendiente, aunque sea el último, ya es noticia.
Y para que nadie diga que solo hay malas nuevas: la magistrada Mónica Aralí Soto Fregoso renunció al TEPJF tras 30 años en instituciones electorales, porque —dijo— treinta años dan para cerrar un ciclo. Treinta años. Hay michoacanos que llevan menos tiempo esperando que se termine una obra vial y ya perdieron la fe. Que alguien en este país cierre un ciclo voluntariamente, en tiempo y forma, es casi arte contemporáneo: material perfecto para el nuevo museo de Morelia.
Y como cierre de gira, en la capital operan chárters sin regulación ni seguro de pasajeros, pero baratitos, y por eso muchos morelianos los prefieren. Es el resumen perfecto del ánimo local: sin garantías, sin certezas, sin quién responda si algo sale mal, pero con buen precio y muchas ganas de llegar. Suban con confianza; total, al final del trayecto los espera un museo.
Pero lo verdaderamente contemporáneo no colgará de las paredes. La instalación más audaz de la temporada la firmó la Tesorería municipal: un adeudo de 700 millones de pesos a proveedores y contratistas. Arte conceptual del fino: no se ve, no se toca, pero ahí está, y lo sienten todos los que le fiaron al Ayuntamiento. El tesorero promete que el monto quedará cubierto al concluir la administración, aplicando esa técnica ancestral del 'ahí lo vamos resolviendo' que en Michoacán dominamos como nadie. Es el único museo del país donde la deuda entra sola por la puerta y sin pagar boleto.
Mientras la capital se vuelve galería, en Zacapu y Purépero se cocina otra obra plástica: el propio gobernador confirmó que persiste la tala ilegal por la expansión de huertas de aguacate. El oro verde avanza, el bosque retrocede, y todos hacemos como que no entendemos de dónde salió tanto guacamole. Nos gusta el aguacate crudo, con limón, y también nos gusta el bosque en pie; el problema es que últimamente hay que escoger, y ya sabemos por cuál se está inclinando el mercado. Un día vamos a pedir sombra y nos van a ofrecer una huerta.
En el terreno de los sabores recalentados, el senador y aspirante Raúl Morón declaró que el discurso de que 'es tiempo de las mujeres' ya está 'muy refriteado' y que la convocatoria no dice en ningún lado que le toque a una mujer. Viniendo de la política michoacana, hablar de refritos es de un valor casi heroico: aquí el recalentado es la base de la gastronomía electoral. Los mismos nombres, las mismas caras, el mismo sartén desde hace sexenios, pero el señor detecta que lo refriteado es, justamente, la idea nueva. Fino paladar.
La política michoacana venía animada. Jesús Zambrano, exdirigente del difunto PRD, salió a sostener que en el estado hay 'un narcogobierno', frase con la que se garantiza titulares por una semana y cero responsabilidades por el resto del año. Del PRD hablar es casi arqueología: partido que se dedicó tantos años a repartirse candados que se le olvidó guardar la puerta. Y del otro lado, la señora Fabiola Alanís y la consejera Luisa Alcalde debaten sobre un presunto 'ecosistema digital' y una 'lista negra', porque en 2026 las grillas ya no se hacen en la cantina, se hacen en la nube, con la misma nobleza pero con mejor cobertura.
En la Ciudad de México, la Fiscalía General de la República tuvo que salir un lunes cualquiera a aclarar que no tiene testigos protegidos ni pruebas con la 'fuerza legal necesaria' contra Andy López Beltrán por el huachicol fiscal. Nada tranquiliza tanto a la ciudadanía como un desmentido tan enérgico y tan puntual: cuando la autoridad se apresura a jurar que no hay nada, uno duerme como bebé no reclamado. Hablando de lo cual, la Iglesia católica pidió sepultura digna para los bebés no reclamados; en un país que a los vivos tampoco les resuelve mucho, atender por fin un pendiente, aunque sea el último, ya es noticia.
Y para que nadie diga que solo hay malas nuevas: la magistrada Mónica Aralí Soto Fregoso renunció al TEPJF tras 30 años en instituciones electorales, porque —dijo— treinta años dan para cerrar un ciclo. Treinta años. Hay michoacanos que llevan menos tiempo esperando que se termine una obra vial y ya perdieron la fe. Que alguien en este país cierre un ciclo voluntariamente, en tiempo y forma, es casi arte contemporáneo: material perfecto para el nuevo museo de Morelia.
Y como cierre de gira, en la capital operan chárters sin regulación ni seguro de pasajeros, pero baratitos, y por eso muchos morelianos los prefieren. Es el resumen perfecto del ánimo local: sin garantías, sin certezas, sin quién responda si algo sale mal, pero con buen precio y muchas ganas de llegar. Suban con confianza; total, al final del trayecto los espera un museo.