El lunes que ni el frijol ni el servidor quisieron cocerse
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Amanece la República y, como todo buen lunes chilango, lo primero que se cae no es el sistema nervioso: es el servidor. El portal Mi Derecho Mi Lugar recibió a miles de aspirantes con un elegante "Error 32" y el poético mensaje "The proxy failed to connect", que en español de banqueta significa "vuelva usted mañana, joven". Telcel, por su parte, decidió acompañar la mañana con fallas de señal, internet y recargas: pagaste, sí, pero tu saldo se fue de mochilazo espiritual y nadie sabe cuándo regresa. En este país la nube existe, lo que no existe es que aterrice.
Mientras tanto, en la cocina del Bienestar ocurría un drama shakesperiano de leguminosas: revelan que a Alimentación para el Bienestar le vendieron frijol que tarda MÁS DE TRES HORAS en cocerse. Tres horas. Uno pone la olla, se va a hacer la fila del examen, regresa, y el frijol sigue igual de digno y bronco que un funcionario ante Transparencia. Al menos 59 contratos y más de 119 millones de pesos para un grano que resiste al fuego como resiste el pueblo: con estoicismo y gas caro. Si la austeridad republicana tuviera sabor, sabría a este caldo que no termina.
Y hablando de resistencias inquebrantables, el Registro Público de la Propiedad encontró al fin al culpable de sus fallas: el calor. Así como lo lee. No fue la falta de inversión, no fue el sistema de los años del nopal: fue el clima. La institución que debería saber quién es dueño de qué en esta ciudad se descompone cuando sube el termómetro, igual que las paletas de la esquina. Uno entiende ahora por qué el despojo prospera: es difícil defender tu escritura cuando la base de datos anda con bochorno y pide su abanico.
Del despojo, eso sí, hay noticias de sobra. El Gobierno capitalino desplegará cien abogados cada lunes en el Zócalo para dar defensa jurídica gratuita, en una plancha que ya es medio consultorio, medio kermés y medio set de conferencia mañanera. Cien litigantes bajo el sol, junto a los setenta ambulantes autorizados de la Alameda y los cien mil trámites que no cargan porque el servidor tiene calor: la CDMX resolviendo la modernidad con toldo, folder y buena voluntad. La Fiscalía presume detenidos y inmuebles asegurados; los vecinos, mientras, solo quieren que su casa siga siendo suya cuando regresen de la tienda.
En el capítulo hidráulico, la ciudad confirma su vocación de cubeta rota: se pierde en fugas casi tanta agua como la que le arrebatamos al Estado de México y a Michoacán. Traemos el agua de lejísimos, cruzando cerros y culpas, para que se despida por un tubo picado en cualquier esquina. Y por si el chiste no estuviera completo, en Querétaro los data centers presumen doce mil millones de dólares de inversión jurando que su sed no es el problema. Claro: el problema nunca es quien toma el agua, sino quien la deja escapar. Muy conveniente para todos, menos para la llave.
En la alta política, el espectáculo. Gerardo Fernández Noroña activó lo que solo puede describirse como la AMLO-señal: aseguró que el expresidente "saldría a las calles" y lanzó el reto "atrévanse a tocar al compañero presidente". Batman tiene su reflector; la Cuarta Transformación tiene su senador con megáfono. En el mismo cuadro, la declaración patrimonial de Rocío Nahle no aparecía por un supuesto tema de "seguridad del servidor" —otra vez el servidor, el gran villano nacional de la jornada— y el PAN, creativo como siempre, presentó a Andy López con los ojos vendados al estilo Maduro, mientras la FGR salía a decir que no hay investigación. Todos actuando, nadie gobernando, y el respetable pagando la entrada.
Porque pagar, vaya que se paga. El INE perfila más de diez mil ochocientos millones de pesos para los partidos en 2027, un año en el que ni presidente se elige: cuarenta por ciento más que el año pasado, para financiar espectaculares donde nos dirán que ellos también están indignados por los precios. Ese mismo lunes, un papá haciendo cuentas del regreso a clases descubría que los útiles subieron casi catorce por ciento y que su hijo estudiará con lápices chinos que cuestan setenta por ciento menos, para desesperación de las papelerías del Centro que llevan décadas resistiendo, igual que el frijol.
Así cerró el lunes: el servidor con calor, el frijol crudo, el agua fugándose, los abogados sudando en el Zócalo y los partidos estrenando presupuesto. La buena noticia es que, en esta ciudad, todo lo que no funciona lo hace con una puntualidad conmovedora. La mala es que mañana es martes y ya sabemos cómo termina.
Mientras tanto, en la cocina del Bienestar ocurría un drama shakesperiano de leguminosas: revelan que a Alimentación para el Bienestar le vendieron frijol que tarda MÁS DE TRES HORAS en cocerse. Tres horas. Uno pone la olla, se va a hacer la fila del examen, regresa, y el frijol sigue igual de digno y bronco que un funcionario ante Transparencia. Al menos 59 contratos y más de 119 millones de pesos para un grano que resiste al fuego como resiste el pueblo: con estoicismo y gas caro. Si la austeridad republicana tuviera sabor, sabría a este caldo que no termina.
Y hablando de resistencias inquebrantables, el Registro Público de la Propiedad encontró al fin al culpable de sus fallas: el calor. Así como lo lee. No fue la falta de inversión, no fue el sistema de los años del nopal: fue el clima. La institución que debería saber quién es dueño de qué en esta ciudad se descompone cuando sube el termómetro, igual que las paletas de la esquina. Uno entiende ahora por qué el despojo prospera: es difícil defender tu escritura cuando la base de datos anda con bochorno y pide su abanico.
Del despojo, eso sí, hay noticias de sobra. El Gobierno capitalino desplegará cien abogados cada lunes en el Zócalo para dar defensa jurídica gratuita, en una plancha que ya es medio consultorio, medio kermés y medio set de conferencia mañanera. Cien litigantes bajo el sol, junto a los setenta ambulantes autorizados de la Alameda y los cien mil trámites que no cargan porque el servidor tiene calor: la CDMX resolviendo la modernidad con toldo, folder y buena voluntad. La Fiscalía presume detenidos y inmuebles asegurados; los vecinos, mientras, solo quieren que su casa siga siendo suya cuando regresen de la tienda.
En el capítulo hidráulico, la ciudad confirma su vocación de cubeta rota: se pierde en fugas casi tanta agua como la que le arrebatamos al Estado de México y a Michoacán. Traemos el agua de lejísimos, cruzando cerros y culpas, para que se despida por un tubo picado en cualquier esquina. Y por si el chiste no estuviera completo, en Querétaro los data centers presumen doce mil millones de dólares de inversión jurando que su sed no es el problema. Claro: el problema nunca es quien toma el agua, sino quien la deja escapar. Muy conveniente para todos, menos para la llave.
En la alta política, el espectáculo. Gerardo Fernández Noroña activó lo que solo puede describirse como la AMLO-señal: aseguró que el expresidente "saldría a las calles" y lanzó el reto "atrévanse a tocar al compañero presidente". Batman tiene su reflector; la Cuarta Transformación tiene su senador con megáfono. En el mismo cuadro, la declaración patrimonial de Rocío Nahle no aparecía por un supuesto tema de "seguridad del servidor" —otra vez el servidor, el gran villano nacional de la jornada— y el PAN, creativo como siempre, presentó a Andy López con los ojos vendados al estilo Maduro, mientras la FGR salía a decir que no hay investigación. Todos actuando, nadie gobernando, y el respetable pagando la entrada.
Porque pagar, vaya que se paga. El INE perfila más de diez mil ochocientos millones de pesos para los partidos en 2027, un año en el que ni presidente se elige: cuarenta por ciento más que el año pasado, para financiar espectaculares donde nos dirán que ellos también están indignados por los precios. Ese mismo lunes, un papá haciendo cuentas del regreso a clases descubría que los útiles subieron casi catorce por ciento y que su hijo estudiará con lápices chinos que cuestan setenta por ciento menos, para desesperación de las papelerías del Centro que llevan décadas resistiendo, igual que el frijol.
Así cerró el lunes: el servidor con calor, el frijol crudo, el agua fugándose, los abogados sudando en el Zócalo y los partidos estrenando presupuesto. La buena noticia es que, en esta ciudad, todo lo que no funciona lo hace con una puntualidad conmovedora. La mala es que mañana es martes y ya sabemos cómo termina.