Ingresar | Crear cuenta

El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 9 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 18 de agosto de 2026

El sistema no falla: nada más tiene calor

Tamaño de letra
El sistema no falla: nada más tiene calor
Buenas noticias para quien temía que el Registro Público de la Propiedad tuviera un problema estructural: no lo tiene. Tiene, según explicó la propia institución, calor. Las fallas en el sistema se atribuyen al aumento de temperatura, revelación que reordena por completo nuestra comprensión de la administración pública. No es la falta de inversión ni la infraestructura de otra era: es el bochorno. La misma dependencia que debe certificar quién es dueño de qué en la ciudad se descompone cuando el termómetro sube, como nevería sin hielero.

Uno agradece la sinceridad meteorológica, pero se queda pensando. Si el calor tumba el sistema donde viven las escrituras, entonces nuestra certeza jurídica depende del pronóstico del clima. Bienvenidos a la propiedad privada con reporte de temperatura: hoy 28 grados y probabilidad de que tu casa siga a tu nombre, mañana ola de calor y mejor no consulte, no sea que el servidor se desmaye en pleno trámite.

El chiste, sin embargo, tiene cola larga y triste. Ocurre justo cuando la ciudad presume su gran ofensiva contra el despojo: cien abogados cada lunes en el Zócalo, detenidos, inmuebles asegurados, discursos firmes. Todo muy contundente, hasta que recuerdas que la fila para defender tu propiedad empieza en el mismo lugar donde el registro que la respalda anda mareado por el sol. Combatimos el despojo con brigadas jurídicas mientras la base de datos que prueba de quién es la casa pide su abanico y una limonada.

Hay algo profundamente capitalino en esta postal: la modernidad resuelta a punta de excusas climáticas. El Metro cierra estaciones por mantenimiento, Telcel se cae por su cuenta, los portales educativos saludan con "Error 32", y ahora el Registro Público se une al club con el argumento más honesto de todos: hace calor, señores. Nadie dijo que gobernar una megalópolis fuera fácil; lo que no sabíamos es que fuera, literalmente, cuestión de aire acondicionado.

Que conste: no inventamos nada, la explicación es oficial. Solo señalamos la ironía de que, en la ciudad donde despojar casas se volvió industria, el aparato que guarda la verdad de cada propiedad tenga la misma resistencia térmica que un helado en el asfalto. La solución, parece, no es un nuevo sistema. Es un ventilador. Ojalá que no lo compren por contrato de tres horas de cocción.